Blanqueo de capitales y un castillo en Toledo: el empresario detrás del pacto de EE. UU. para el petróleo de Venezuela
Alejandro Betancourt, investigado en los tribunales de Suiza y España, es el máximo beneficiario del acuerdo forzado
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BarcelonaEl 27 de junio, tan solo tres días después de que un doble seísmo asolara Venezuela provocando más de 6.500 muertos, un avión procedente de los Estados Unidos aterrizaba en Caracas. En él viajaba un empresario con nacionalidad venezolana e italiana que había despegado desde la lujosa y exclusiva isla de Palm Beach, en el estado estadounidense de Florida. El viaje se repitió, como mínimo, una vez más, el 22 de julio. El país se encontraba inmerso en la búsqueda de desaparecidos y posteriormente en la reconstrucción tras el terremoto más mortífero –con diferencia– de su historia reciente, pero el motivo de la visita del principal pasajero no tenía nada que ver con las tareas humanitarias.
Dentro del avión viajaba Alejandro Betancourt. En Venezuela se le define como un bolichico, el término que se utiliza para referirse despectivamente a los jóvenes empresarios que se enriquecieron acumulando contratos con la administración durante los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro. Es justamente por estos negocios que Betancourt está investigado en Suiza y España, acusado de blanqueo de capitales y de haber desviado más de 4.000 millones de dólares de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) sobornando a funcionarios. Es una de las diversas operaciones económicas con las que durante años ha ampliado su fortuna, entre la que hay una finca de unas 1.440 hectáreas con un castillo en Toledo.
A pesar de las causas abiertas, los Estados Unidos han cerrado con él el acuerdo para explotar el petróleo venezolano anunciado por Donald Trump a finales de agosto. Betancourt es el máximo beneficiario del pacto forzado entre Washington y Caracas. Es el propietario de la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), a la cual se le ha otorgado la concesión para explotar 17 campos petroleros –algunos todavía vírgenes– de donde se calcula que saldrán 65.000 millones de barriles de petróleo, casi una cuarta parte de las reservas de Venezuela.
A cambio de la concesión, el Pentágono adquiere el 35% de las acciones de NABEP y se asegura petróleo a precio de coste. Con todo, el texto del acuerdo todavía no se ha hecho público, y los detalles sobre qué incluye exactamente difieren con matices según si los explican la administración estadounidense o las autoridades venezolanas.
Operaciones turbias y un famoso abogado
La figura de Betancourt no surge de la nada. "Su familia forma parte de la burguesía tradicional de Venezuela, que se adaptó al chavismo con la finalidad de mantener sus privilegios", retrata Anna Ayuso, investigadora sénior para América Latina del Cidob. "Estudió en los Estados Unidos, en universidades de prestigio, y el trato de favor que tuvo con el chavismo le ha permitido expandir sus negocios e inversiones por todo el mundo, con operaciones cada vez más turbias", ilustra Ayuso. A pesar de haber sido investigado varias veces, también en los Estados Unidos, nunca ha sido condenado. "Ha sido hábil para evitar que le pillaran, pero tiene una fortuna que no queda claro de dónde ha salido". En el intento de evitar que alguien indagase más de lo que le convenía, Betancourt ha contado con la ayuda del exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, uno de sus abogados, que también ha sido uno de los abogados personales de Trump.
La opacidad en torno a sus movimientos empresariales es una constante a lo largo de los años, y también lo es en su último gran negocio: el pacto con Washington. A pesar de haber viajado en diversas ocasiones a Venezuela en los últimos años, las visitas de este verano son especialmente relevantes. Mauricio Claver-Carone, enviado especial de los EE. UU. para América Latina, ha admitido a la agencia Reuters que Betancourt, que conoce ampliamente el sector petrolero tanto estadounidense como venezolano, ha hecho de intermediario entre la administración Trump y el gobierno de Delcy Rodríguez.
Su relación con el chavismo durante los últimos años no era especialmente fluida, pero no siempre ha sido así. En la época de Hugo Chávez, el empresario mantenía un buen trato con la administración venezolana que, más allá del petróleo, le adjudicó la construcción de una decena de estaciones eléctricas. Pero más adelante Betancourt se enemistó con Nicolás Maduro. "Cuando vino a España a hacer negocios, estableció conexiones con el PP. Después se conectó con la oposición venezolana, hasta el punto de que se declaró favorable a la operación Guaidó, en la que se intentó situar al líder opositor, Juan Guaidó, entonces presidente de la Asamblea Nacional, como presidente encargado del país", relata Ayuso.
Dudas sobre el futuro del acuerdo
A pesar de la grandilocuencia con la que Trump, necesitado de buenas noticias, anunció el acuerdo, diversos analistas dudan de su viabilidad. En primer lugar, porque el hecho de que el Pentágono sea propietario de una empresa privada es una importante anomalía, y más cuando las acciones se han comprado sin un control transparente. En segundo lugar, y sobre todo, porque se tardará mucho tiempo en poder implantar el pacto forzado, ya que harán falta años para renovar la industria petrolera venezolana, muy deteriorada después de una época sin casi inversiones.
Y mientras los negocios y las declaraciones se suceden, la opinión de Trump entre los venezolanos empieza a cambiar. Como mínimo entre ciertos sectores que veían en la intervención de Washington una cierta esperanza de cambio. El pacto, lejos de impulsar ninguna transformación política en el país, puede provocar que los EE. UU. tengan un motivo más para no impulsar una convocatoria electoral. Un gobierno diferente al de Delcy Rodríguez, elegido en las urnas, podría esgrimir que cuando Caracas firmó el acuerdo, el ejecutivo, cooptado por Washington, no estaba en condiciones de negociar con una mínima libertad, e invalidar así el entendimiento firmado con la Casa Blanca.
Después de justificar inicialmente la agresión a Venezuela como una operación contra una "narcodictadura" y acusar a Nicolás Maduro de liderar el cártel de Los Soles, asegurando que este supuesto grupo de narcotraficantes estaba integrado en la estructura gubernamental del país, Donald Trump sacó al país latinoamericano la semana pasada de la lista de estados que, según Washington, incumplen la lucha contra el tráfico de drogas. Lo hizo en paralelo a los nuevos acuerdos sobre petróleo y sin que Venezuela, gobernada por la misma opción política a quien acusaba de encubrir y participar del narcotráfico, haya impulsado prácticamente ninguna medida destinada a combatirlo.