El chavismo afronta una prueba de fuego en su momento más débil
El gobierno de Delcy Rodríguez gana tiempo para una hipotética transición mientras Trump intenta demostrar poder
Barcelona"Tenemos un objetivo central y esencial: salvar vidas." Pocas horas después del doble terremoto que sacudió el miércoles por la tarde el noroeste de Venezuela, Decly Rodríguez se dirigía a la población con un mensaje en vídeo rodeada de una decena de altos cargos. La presidenta interina intentaba visibilizar la tarea de la administración mostrando una imagen de unidad, y pedía lo mismo a los venezolanos: "Unidos superaremos esta tragedia". En el momento más crítico para el chavismo, en la práctica cooptado por la intervención de Estados Unidos, la tragedia ha añadido aún más presión al gobierno de Delcy Rodríguez. Pero si el ejecutivo sabe –y puede– gestionar bien la respuesta, aún puede tener una carta a su favor en una futura negociación para una transición política en el país.
La madrugada del jueves, tan pronto como se empezó a conocer el alcance de la catástrofe, la comunidad internacional reaccionó anunciando el envío de ayuda. También aquellos países enfrentados políticamente con Venezuela. "La amplia respuesta internacional es un respiro para el gobierno de Delcy Rodríguez: los acreedores seguramente no apurarán al ejecutivo con las deudas, conscientes de la situación, y la ayuda que llegue servirá para agilizar las tareas de rescate y hacer la reconstrucción con unos recursos que el país no tiene", señala Anna Ayuso, investigadora sénior del Cidob para América Latina.
Después del ataque de enero, Trump ya dejó claro que su objetivo inminente no era una transición política en el país. Rechazando dar apoyo a María Corina Machado y alejando el horizonte de unas elecciones en el país, Washington se ha centrado en tejer alianzas y alcanzar pactos con la administración venezolana para que el sector privado estadounidense pueda explotar los recursos naturales del país. "Si la premisa de Trump y de Rodríguez era que no hay prisa para las elecciones, el terremoto aún refuerza más esta idea", argumenta Rafael Grasa, profesor emérito de relaciones internacionales de la UAB. "Además, en casos de emergencia el color del gobierno suele pasar a un segundo plano", recuerda, y apunta que el ejecutivo de Rodríguez lo puede tener más fácil ante la oposición para justificar que se mantiene en el poder.
Trump busca no quedarse atrás
El terremoto ha coincidido en la misma semana con dos novedades destacadas en el país. Por un lado, el ejecutivo presentó dos días antes del doble seísmo una reestructuración de la deuda externa, hasta ahora completamente opaca. Por otro lado, los EE. UU. designaron a la expresidenta de la Asamblea Nacional Dionarah Figuera, de la oposición, para negociar con el gobierno una transición en el país. Una de las principales tareas que se le atribuyen es la de gestionar con el chavismo una transición para unas elecciones.
Donald Trump intentaba así demostrar a sus fieles que la intervención en Venezuela continúa. "Desde algunos sectores se reprocha al presidente estadounidense que la operación se ha estancado, y quieren ver más frutos", señala Ayuso. "Para Trump, Venezuela es su triunfo y ahora, con la catástrofe, se le puede complicar un poco el relato". Seguramente por eso, el mismo Trump ha asegurado que se quiere hacer cargo de la situación en el país después de los terremotos. Washington ha relajado temporalmente algunas sanciones a Caracas para las transacciones relacionadas con el terremoto. También ha anunciado una ayuda de 150 millones de dólares y, como numerosos países, ha desplegado equipos de búsqueda y rescate sobre el terreno.
Ahora bien, a pesar de que Trump intente posicionarse como alguien que hará remontar el país después de la catástrofe, quien gestionará sobre el terreno los efectivos, propios y ajenos, es el gobierno venezolano. O, como mínimo, será la cara visible. "Es una prueba de fuego para el gobierno de Delcy Rodríguez. Si consigue coordinar bien los servicios de emergencias, la reconstrucción y tiene la capacidad de que los americanos pongan recursos, puede ser su salvación", apunta Salvador Martí, catedrático de ciencia política de la Universidad de Girona especializado en América Latina.
La prevención y la capacidad de respuesta
El reto que enfrenta el ejecutivo de Rodríguez es mayúsculo, por la magnitud de la catástrofe pero también por la situación política y económica del país. Desde el jueves se ha puesto el foco en el mal estado de edificios y equipamientos. "Las infraestructuras del país se han ido deteriorando por las sanciones de los Estados Unidos, pero también por la mala gestión interna y la corrupción", señala Ayuso. Si bien Martí remarca que la crisis que afronta Venezuela desde hace años ha tenido un peso importante, también recuerda: "Cuando hay un desastre natural en América Latina, las tragedias suelen ser bastante contundentes porque en las ciudades, que son muy grandes y densas, los barrios acomodados suelen estar muy bien construidos, pero en las zonas periféricas hay mucha autoconstrucción y infravivienda".
Será complicado determinar hasta qué punto la magnitud de la tragedia era evitable. En un país con una capacidad de respuesta menor a la de sus vecinos, el ejecutivo de Delcy Rodríguez se juega demostrar que sabe gestionar y liderar una crisis en un contexto extremadamente complicado. "Durante los últimos meses se ha puesto el foco en reactivar el sector del petróleo, pero hasta que no haya seguridad jurídica y pase tiempo, al resto de la economía le costará que retome la actividad, y el terremoto supone un nuevo revés para ello", retrata Ayuso.
"El país no solo está descapitalizado económicamente, sino también humanamente, sin la mano de obra de miles de personas que se han marchado", añade. E insiste en que, con la intervención de los Estados Unidos en marcha, algún tipo de transición política, más tarde o más temprano, seguramente llegará. "La pregunta es cómo será", concluye.