El bolsonarismo busca un nuevo líder fuera del clan Bolsonaro
La huida de Flávio Bolsonaro a los Estados Unidos ha generado un profundo malestar en la extrema derecha brasileña, que ya ha abierto un debate interno sobre quién la debe encabezar
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São PauloLa extrema derecha brasileña busca una fórmula que hasta ahora ha resultado fallida para todos aquellos que la han intentado poner en práctica: mantener vivo el bolsonarismo sin que ningún miembro de la familia Bolsonaro ejerza el liderazgo. La huida del senador Flávio Bolsonaro a los Estados Unidos, cuarenta y ocho horas después de perder las presidenciales ante Lula da Silva, y la declaración golpista posterior –una chapuza que tuvo tres versiones sucesivas, en las que pasó de autoproclamarse "presidente electo" a presentarse como "líder de Brasil"– han generado críticas generalizadas en los círculos extremistas, donde impera un sentimiento de abandono, traición y frustración.
Aunque no ocupará ningún cargo electo a partir de febrero, lo que comportará la pérdida del aforamiento por primera vez en 24 años, Bolsonaro hijo se había comprometido a liderar un movimiento con un capital político considerable: los 59,8 millones de votos obtenidos en la segunda vuelta –una cifra superior a los 58,2 millones alcanzados por su padre, Jair Bolsonaro, en 2022–, la condición de primera fuerza en el Congreso y en el Senado y una red de gobernadores fuerte y consolidada, con mayorías parlamentarias regionales, en el sureste, la región más rica del país, y en el sur.
Sin embargo, la historia se repite: una vez más, los Bolsonaro priorizan los intereses particulares y familiares. Esta vez, con una huida secreta y preventiva que ha contado con el apoyo explícito de la administración Trump y del gobierno libertario argentino, a pesar de que Flávio no es reo ni tiene ninguna orden de detención dictada por la justicia brasileña.
Las dos investigaciones abiertas en el Supremo en las cuales está implicado no tienen nada que ver con la actividad política. La primera se centra en la financiación de un biopic de su padre, que en realidad podría ser un mecanismo para desviar los fondos recaudados hacia otras actividades todavía no aclaradas. La segunda investiga la relación empresarial con su amigo del alma, el abogado Willer Tomaz, a quien se han bloqueado bienes por valor de 900 millones de euros ante las sospechas de que estaría blanqueando capitales de origen incierto y evadiendo divisas.
El intento de Flávio Bolsonaro de convertirse en una especie de Juan Guaidó brasileño no convence a sus aliados. El dirigente opositor venezolano, que también se instaló en Estados Unidos, se autoproclamó presidente interino de Venezuela en enero de 2019, con el reconocimiento de Washington y de decenas de países, en un intento de desplazar a Nicolás Maduro del poder porque consideraba ilegítima su reelección en el controvertido proceso electoral de mayo de 2018.
Los Bolsonaro, contra las cuerdas
Flávio Bolsonaro ha seguido los pasos de su hermano, el exdiputado federal Eduardo, que se marchó a Estados Unidos por voluntad propia en febrero de 2025 y contra el cual ahora sí que pesa una orden de detención de la justicia brasileña por haber promovido el "tarifaço" de Trump.
El senador ya había dicho por activa y por pasiva que, en caso de llegar al Palácio do Planalto, habría decretado el indulto de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de estado. A pesar de que la reducción de la pena y una posible excarcelación siguen siendo un escenario plausible, por la presión del Senado y porque podrían contribuir a pacificar un Supremo tan polarizado como la misma sociedad brasileña, ninguna de las dos medidas supondría la recuperación de los derechos políticos.
Los otros dos hijos han obtenido cargos electos por el estado de Santa Catarina, ahora mismo el más extremista de Brasil: Carlos Bolsonaro, como senador, y Jair Renan, como diputado federal. La esposa de Jair Bolsonaro, Michelle, es ahora senadora por Brasilia. Todos los sondeos indicaban que era una candidata presidencial muy competitiva, porque habría movilizado el voto femenino conservador y el del electorado evangélico, gracias a su perfil de integrista religiosa. Ahora bien, suscita muchas reticencias internas dentro del mismo clan, donde encarna el arquetipo de la madrastra malvada de los cuentos infantiles: es odiada por todos los hijastros y, además, despierta la desconfianza de su propio marido, un misógino.
Los Bolsonaro, debilitados, pueden perder por primera vez el control de la extrema derecha en Brasil, que han liderado hasta ahora. En este contexto, emerge la figura de Tarcísio de Freitas, que acaba de ser reelegido gobernador de São Paulo, el estado más importante del país.
El exministro de Jair Bolsonaro, a quien siempre se ha mostrado fiel y agradecido, ya era el favorito del mundo empresarial y del mercado financiero para ser el candidato en estas presidenciales, porque encarnaba el perfil de "gestor público" y "bolsonarista moderado", si es que eso es posible. Es una figura de consenso dentro de la extrema derecha y en 2030 no podrá optar a un tercer mandato consecutivo como gobernador. Con esta ventana de oportunidad abierta, el gran interrogante es si De Freitas será capaz de dar el paso y emprender su propio camino, incluso sin la bendición de su mentor, que en este último ciclo electoral ya ha dejado claro que los intereses familiares pasan por encima de cualquier otra consideración.