América Latina

Álvaro García Linera: La extrema derecha da respuestas perversas, mientras la izquierda se queda en las buenas maneras

Exvicepresidente de Bolivia y teólogo marxista

26/05/2026
6 min

BarcelonaÁlvaro García Linera (Cochabamba, 1962) fue vicepresidente de Bolivia entre 2006 y 2019, durante los gobiernos de Evo Morales, y es una de las figuras intelectuales más influyentes de la izquierda latinoamericana. Sociólogo, exguerrillero y teórico marxista, combina la práctica política con teoría sobre el capitalismo y los cambios. Autor de Cuidar el Alma popular (Bellaterra Edicions) ha visitado Barcelona invitado por la Fira Literal.

Vivimos un momento de gran incertidumbre, de imprevisibilidad. De repente, el horizonte de lo que era posible se ha ampliado de una manera brutal. ¿Qué nos está pasando?

— Es un momento de tiempo suspendido. Y de caos sistémico. Las sociedades, cíclicamente, en periodos de 40 a 50 años, atraviesan estos momentos de incertidumbre. Y yo lo llamo tiempo liminal. Y tiene que ver con el agotamiento de ciclos de organización económica y de legitimación política, que permiten estabilidad, crecimiento, redistribución y una cierta previsibilidad en la manera en que las personas imaginan su futuro. Pero esto se agota por límites internos y se abre un periodo de vacío, de estupor general, de desafección, de frustración, que está significando el agotamiento de la manera en que organizábamos la economía anteriormente y el conjunto de ideas que nos permitían adherirnos, gobernantes con gobernados, en un tiempo determinado. Y creo que esto todavía durará al menos una década más. Hay algo que está en declive y hay algo que todavía no aparece. Y por eso la desesperación que provoca. Sabemos lo que ya no está bien, pero no tenemos ni idea de lo que podría estar bien. Pero lo que es interesante es que en estos periodos, en que algo se derrumba, estamos en el crepúsculo de los antiguos «dioses» que permitían las adhesiones colectivas: la globalización, la tecnología. El viejo sistema político empieza a cojear, empieza a debilitarse, surgen nuevos líderes, a veces líderes carismáticos, hay reformas, pero después no son lo suficientemente fuertes, la gente se enfada, se polariza, las lógicas de odio, las lógicas de resentimiento, también las lógicas de solidaridad. Es como si la sociedad se licuase y todavía no sabemos cómo volverá a cristalizarse.

¿Y esto hacia dónde nos lleva?

— Todo está abierto y al mismo tiempo todo está cayendo. Todo dependerá de tres elementos: de la capacidad de las sociedades para recuperar un crecimiento económico sostenido, de cuál sea el soporte tecnológico que permita recuperar productividad y expansión económica y del sistema de ideas que permita legitimar todo esto. Puede haber una reconstitución del capitalismo, sobre una nueva base tecnológica, se supone que será la IA, una nueva manera de organizar las geografías económicas y los procesos de acumulación, de ganancia empresarial, o pueden darse electrones libres, procesos revolucionarios, o muy reaccionarios. La posibilidad de una revolución siempre está abierta: las revoluciones nunca se dan en los momentos de estabilidad, se dan en estos momentos, a pesar de que son muy improbables, hay que trabajar en ellas. Pero lo más probable es una reconstitución del capitalismo.

¿Sobre qué bases?

— Hay tres elementos que permiten empezar a imaginar ya el futuro en medio de este caos sistémico. El primero es la geofragmentación de las economías. Su teléfono móvil tiene un chip fabricado en Taiwán, los circuitos integrados en China, fue diseñado en Silicon Valley, el plástico viene de Singapur y se ensambló en México. De esta lógica globalizadora de la producción, pasaremos a una lógica regionalizada. Estados Unidos de América del Norte, por un lado, intentando articular sistemas industriales y vasallaje de materias primas hacia el sur. China, con la extensión de la Ruta de la Seda, para articular mercados, materias primas, vinculando África y parte de América Latina. Y Europa intenta articular su industria y su defensa. Rusia se vuelca en sus mercados del sur. El segundo elemento es el protagonismo del Estado en la cogestión del mercado, ya sea al estilo de los Estados Unidos (que pone los recursos públicos al servicio de la inversión privada) o al chino (que fija un espacio para la inversión extranjera, otro para la inversión privada china y otro para la inversión estatal china). El tercer factor es el fomento selectivo de ciertas industrias estratégicas, las políticas de industrialización. Falta ver con qué base tecnológica y bajo qué legitimación ideológica, pero creo que estas tres tendencias ya son invariables.

Pero esto no es sostenible

— A los planificadores políticos y económicos que tenemos, no les importa la generación siguiente.

¿Por qué crece la extrema derecha?

— Cuando hay regularidad, estabilidad, el mundo no cambia. Porque funciona. La gente está tranquila. Hay un imaginario de lo que vendrá. Pero en estos tiempos en que todo está en cuestión, en que todo nos abruma, en que todo es un problema, en que parece que no encontramos norte ni dónde aferrarnos, es cuando se abren las posibilidades de nuevos cursos, nuevas orientaciones. Por eso crece la extrema derecha, porque es una respuesta de seguridad a la incertidumbre, ante el miedo, es una respuesta de violencia, de odio y resentimiento ante lo que no comprendemos. Es una respuesta pervertida pero es una respuesta. Y las izquierdas tampoco pueden hablar el lenguaje de la estabilidad, no pueden hablar como hablaban cuando todo funcionaba bien. También deben ser audaces, tener la capacidad de inventar mundos, pero que sean creíbles. La izquierda tiene limitaciones para imaginar un futuro, y para traducir este futuro imaginado en algo arraigado a la experiencia de la gente. Debe dar respuestas a la gente que no sabe cómo pagará el alquiler. La derecha, a su manera, lo hace: le dice que su problema es culpa de los marroquíes o de los sudamericanos. Es una respuesta pervertida, pero es una respuesta. Y nosotros, la izquierda, no tenemos respuesta. Ellos son más audaces en su perversión, en su degeneración, en la corrupción del futuro, lo visualizan. Y la izquierda se queda en las buenas maneras.

Pero esto significa tomar medidas para acabar con los privilegios de una minoría. Tienen privilegios

— La derecha culpa a los más débiles, que son muchos, desprotegidos, débiles, desorganizados, precarios, y es sobre sus cuerpos que se hará el ajuste. Y la izquierda se encuentra ante un dilema: no tocar a nadie y, por tanto, no hacer mucho, mostrarse tímida, de buenas maneras, pero impotente ante la gravedad de los problemas. Y en estos tiempos de incertidumbre y de crisis de polarización, si tú no formas un adversario sobre el cual descargar la explicación de por qué estamos mal, con la idea de quedar bien con todo el mundo, al final quizás tu lenguaje se vuelve demasiado tibio en un tiempo en que la tibieza la gente no la soporta. Nosotros, cuando dirigíamos el gobierno de Bolivia, lo llamábamos la oligarquía extranjera y la agroindustrial, representaban la oposición al pueblo. Y entonces creamos una unidad y una identidad en torno a este sector que se agrupa contra ellos, que son los responsables de la crisis económica. Llegas al gobierno y después buscas incorporarlos, pero ya con nuevas condiciones, ya no con su capacidad de concentración de la riqueza, sino más templada.

La experiencia del gobierno de Evo Morales acabó mal, después de 20 años. Y ahora hay nuevas movilizaciones campesinas en Bolivia.

— Duramos 20 años y sacamos al 30% de la gente de la pobreza, con tasas de crecimiento anual del 5%. Hubo problemas, nos faltó más política industrial y el error fundamental fue el liderazgo político. No supimos hacer una transición generacional efectiva, es decir: somos una generación que se atrincheró pensando que solo nosotros podríamos liderar, creímos que éramos insustituibles. El gobierno de Luis Arce fue una muy mala gestión nuestra: económica, política y moral. Fue un cierre decadente. Y entonces el gobierno de Rodrigo Paz entró con mucha expectativa, casi como un cheque en blanco, como pasó con Milei en Argentina. Y lo que ha pasado es que este cheque en blanco se ha acortado en el tiempo muy rápidamente, solo seis meses después de asumir. El gobierno ha impuesto un ajuste económico sobre el campesinado, ha traicionado a los sectores que lo votaron y ha recortado derechos. Y esto ha generado un levantamiento campesino.

¿Cómo quedan el chavismo después de la captura de Maduro y el castrismo con el bloqueo de los Estados Unidos a Cuba?

— En cualquier lugar del mundo, un proyecto de izquierdas siempre será asediado: aislamiento, bloqueo... Esto no debería ser así, pero es lo que pasa. Como si alguien se dedicara a lanzar piedras contra una botella, con toda la malicia. Y si sabes que esto pasará tienes que construir una botella que sea resistente.

stats