Incertidumbre absoluta en el embate final entre Lula y Bolsonaro hijo

Brasil celebra este domingo la segunda vuelta que ha de decidir quién dirigirá el país durante los próximos cuatro años

4 min
Lula da Silva, con una bandera de Brasil durante un acto electoral este sábado en Río de Janeiro.
24/10/2026 - 19:38 h

São PauloCerca de 159 millones de brasileños con derecho a voto decidirán este domingo quién ocupará el Palácio do Planalto durante los próximos cuatro años e, implícitamente, el futuro de la Nueva República tal como fue concebida en la Constitución de 1988. El presidente Lula da Silva, de 80 años, del Partido dos Trabalhadores (PT), con una carrera política de cinco décadas, se enfrenta al senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, del Partido Liberal (PL), primogénito del expresidente encarcelado por intento de golpe de estado. La situación es totalmente inédita: la incertidumbre es total.

Según todos los sondeos, Lula y Bolsonaro hijo están técnicamente empatados. Sin embargo, el candidato de la extrema derecha parte con una mínima ventaja si se tiene en cuenta el número de votos. A su favor también están los precedentes históricos: hasta ahora, quienes se han impuesto en la primera vuelta han aprovechado el impulso para confirmar el triunfo definitivo en la segunda.

El pasado 5 de octubre, el hijo de Jair Bolsonaro concentró el 47,03% de los votos, frente al 45,16% de Lula. La diferencia de 2.225.000 votos, la más pequeña que se ha registrado nunca en el país, ha mantenido encendida la esperanza de la izquierda, que ha aglutinado a todos los sectores democráticos con el objetivo de sellar una remontada insólita.

El escenario, sin embargo, es de máxima dificultad para Lula, con la mayoría del voto ya definida por una polarización enquistada desde 2018. Un triunfo del padre de los pobres rompería el efecto dominó de la extrema derecha en Latinoamérica, que ha ganado las siete últimas presidenciales con aliados de Donald Trump, el cual está consiguiendo el objetivo de tener gobiernos sumisos a sus intereses en aquello que considera su zona natural de influencia.

La victoria de Bolsonaro hijo, que alinearía al gigante sudamericano con el trumpismo, podría poner en peligro el sistema de instituciones democráticas, teniendo en cuenta que gobernaría con un Congreso y un Senado con mayorías extremistas y ultraconservadoras. Integrantes de su candidatura ya han expuesto una hoja de ruta que, más allá de los impeachments a jueces del Supremo, incluiría una reforma constitucional para ampliar automáticamente el mandato.

Inyección de autoestima

La campaña electoral, a lo largo de las tres semanas que han precedido la segunda vuelta, ha subido muchísimo de tono, avivada por un primer debate televisivo de muy bajo nivel a causa de la actitud agresiva y de un discurso repleto de fake news de Flávio Bolsonaro, que siguió al pie de la letra las instrucciones del coach Pablo Marçal, excandidato a la alcaldía de São Paulo e inhabilitado políticamente hasta el 2032.

Lula da Silva ha tenido el mérito de saber encajar el golpe moral de la inesperada derrota en la primera vuelta. Más combativo y menos institucional, ha apelado al voto del miedo entre los pobres y las personas mayores ante la motosierra que Bolsonaro aplicará a los programas sociales y a las pensiones, siguiendo el ideario de Javier Milei en Argentina. El rechazo a todo el clan Bolsonaro, salpicado por acusaciones de corrupción, ha sido, sin embargo, el motor de las movilizaciones de la izquierda, que, como hizo cuatro años atrás, se ha posicionado como garante de la defensa de la democracia y ha alertado del peligro de un nuevo intento de golpe de estado, a través, esta vez, de una reforma política que no requeriría movilizar burdamente a los militares.

La reacción roja se ha producido en dos escenarios que la extrema derecha ha dominado a placer durante la última década. En primer lugar, los seguidores de Lula han recuperado la calle, que había estado en manos de los sectores más retrógrados y golpistas desde las manifestaciones multitudinarias a favor del impeachment de Dilma Rousseff en 2016. La novedad es que las convocatorias se han organizado con éxito a través de las redes sociales y no orgánicamente por el mismo PT. Ha habido dos centros emblemáticos de reunión en las dos grandes ciudades del país: la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, y la avenida Paulista, en São Paulo. Las concentraciones en todo el país han sido una inyección de autoestima para el electorado progresista.

La batalla digital

Paralelamente, la izquierda ha sabido organizarse digitalmente. Quien ha articulado la reacción es el diputado por Minas Gerais, André Janones, que ha gestionado un canal de WhatsApp llamado Exército do Lula, que ha acabado reuniendo 10,7 millones de seguidores. El presidente de la Justicia Electoral, Kassio Nunes Marques, que es miembro del Supremo por indicación de Bolsonaro padre, ha ordenado su suspensión dos veces a petición de la campaña de Bolsonaro hijo. El magistrado es una figura muy controvertida: acusado de parcialidad por la izquierda, está salpicado por el macro caso de corrupción del Banco Master, ya liquidado por el Banco Central, y habría recibido favores sexuales en orgías con prostitutas. Además, la entidad habría contratado como consultor al hijo del magistrado.

Por primera vez, Lula ha contado con el impulso de un ecosistema digital organizado –que no ha estado bajo el control del PT–, con un nivel de eficiencia y penetración parecido al de la extrema derecha, que difunde fake news diariamente desde hace ocho años.

La batalla digital ha destapado un trato de favor de los algoritmos de las grandes tecnológicas estadounidenses a Bolsonaro hijo. La Justicia Electoral ha tenido que actuar y ha pedido explicaciones a Meta y a X. Según la denuncia de la candidatura de Lula, los sistemas de recomendación, las herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa y los mecanismos de revisión de los anuncios de plataformas como Instagram, Facebook y WhatsApp han operado en beneficio de la extrema derecha. El incidente más notorio, que hizo saltar todas las alarmas, es la negativa de la IA de Meta y de X (llamada Grok) a generar propaganda vinculada a Lula, cosa que no sucedía cuando la petición era a favor de Bolsonaro.

En esta interferencia digital ha aparecido la sombra alargada de la administración republicana desde Washington, en sintonía con las grandes tecnológicas y la familia Bolsonaro. El silencio de Donald Trump, que podría haber tenido un efecto no deseado entre el electorado brasileño, ha sido, en realidad, una falsa posición de neutralidad, teniendo en cuenta que sigue vigente el segundo tarifazo impuesto por los Estados Unidos a las importaciones brasileñas.

stats