Brasil

Normalidad en las elecciones de Brasil a pesar de la polarización

El cara a cara entre Lula y el hijo mayor de Bolsonaro no ha tenido los sobresaltos de hace cuatro años

05/10/2026 - 12:52 h.

São PauloLa última vez que los brasileños se pusieron ante la urna electrónica para escoger a un nuevo presidente, en octubre de 2022, la Policía de Carreteras Federal (PRF) efectuó cortes de carretera masivos con controles de tráfico en la Región del Nordeste, que es el gran bastión electoral de la izquierda, para cohibir el voto a Lula da Silva. Estos bloqueos fueron considerados por el Supremo y la Policía Federal como parte del intento de golpe de estado, por el cual el entonces presidente, Jair Bolsonaro, ahora encarcelado, fue condenado a una pena de reclusión de 27 años. Ahora el candidato de la derecha ha ganado la primera vuelta con el 47% de los votos, por delante del 45% de Lula, y la votación definitiva será el 25 de octubre.

Con Lula da Silva (Partido de los Trabajadores, PT) en el poder, y buscando la última reelección de su dilatada carrera, la normalidad democrática interna ha vuelto este domingo –la injerencia de los Estados Unidos, sin embargo, ha sobrevolado durante todo el proceso electoral–, en un enfrentamiento áspero con el senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal, PL), primogénito del clan Bolsonaro.

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En las redes sociales la polarización calcificada desde hace ocho años ha estado más presente que nunca durante toda la jornada, retroalimentada por los algoritmos viciados: con publicaciones que iban desde descalificaciones personales y fake news en un tono durísimo, difundidas en masa por los bots de la extrema derecha, hasta la fina ironía y los memes, por la creatividad de los cuales los brasileños son reconocidos.

En los colegios electorales, en cambio, el clima ha sido más calmado, al menos en líneas generales. Aun así, la expresidenta Dilma Rousseff, que sufrió un impeachment en 2016 y ahora es presidenta del Banco de Desarrollo de los BRICS, ha sido acosada por bolsonaristas cuando ha votado en Belo Horizonte. Una situación parecida ha sufrido Fernando Haddad, ministro de Hacienda esta legislatura y candidato del PT a gobernador de São Paulo.

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Camisetas de la Virgen

Ha habido muchas colas, algunas superiores a una hora en São Paulo y Río de Janeiro, en un país donde el voto es obligatorio para los que tienen entre 18 y 70 años, y donde esta vez el comprobante de votación de la primera vuelta servía como prueba de vida para todos los jubilados y pensionistas que cobran beneficios de la Seguridad Social, un sector en el cual Lula se impone a la extrema derecha.

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El proceso requería mucha paciencia. Los electores han tenido que confirmar ante la urna electrónica hasta seis candidatos, que van por numeración, porque este domingo han escogido, aparte del presidente, dos senadores, un diputado al Congreso, el gobernador y un diputado regional.

Como en los dos últimos comicios presidenciales, ha habido una reedición de la batalla cromática en los centros electorales. La mayoría absoluta ha sido para los equipos brasileños de fútbol, que forman parte habitualmente de la indumentaria dominical de los brasileños, aunque en esta ocasión no había jornada de la liga del Brasileirão. El ARA ha sido testigo de ello en diversos puntos de votación en São Paulo, la ciudad más grande del país.

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La extrema derecha insiste en apropiarse de la camiseta verdeamarela de la selección brasileña de fútbol –que, por cierto, vive uno de los peores momentos de su historia– como símbolo. Los militantes de la izquierda iban con la tradicional vestimenta roja, muchas veces con la imagen de Lula –cosa que no está prohibida por la justicia electoral– y con adaptaciones comunistas de camisetas de equipos de fútbol. Se han visto bastantes en São Paulo del Corinthians, el club del cual Lula da Silva es un acérrimo seguidor. Cuatro años atrás, las torcidas organizadas –la grada de animación del conjunto paulista– abrieron los bloqueos de muchas carreteras federales de la extrema derecha golpista que no aceptaba el retorno de la izquierda al poder.

Y esta vez ha llegado hasta pie de urna la guerra de religión que ha marcado la recta final de la campaña electoral. La noticia de que Flávio Bolsonaro (reconvertido al evangelismo), en caso de llegar al Palácio do Planalto, retiraría a la Virgen de Aparecida –una imagen negra venerada desde 1717– la condición de patrona del país y los ataques del candidato de la extrema derecha han espoleado la movilización católica.

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Este domingo la Conferencia Episcopal brasileña (CNBB) publicó un mensaje en el que defendía la soberanía del país –uno de los argumentos de Lula frente al apoyo de Donald Trump a Flávio Bolsonaro–, y en el que añadía: "Confiamos nuestra patria a la protección de la Virgen”. Por primera vez se han visto católicos, principalmente mujeres de edad avanzada, yendo a votar con camisetas de la imagen de Aparecida, convertidas en un símbolo electoral.