El pequeño estado sudamericano que se ha beneficiado del caos de la guerra en Irán

Guyana, con menos de un millón de habitantes, es la economía que crece a mayor velocidad del mundo después de doblar los beneficios provenientes del petróleo

BarcelonaMientras la crisis energética ahoga a los países del Golfo, que auguran miles de millones de pérdidas y años de penurias por los daños a sus infraestructuras petrolíferas, al otro lado del Atlántico hay un país que está experimentando un crecimiento inaudito. Bañada por el sol caribeño y cubierta de bosques tropicales, Guyana se ha beneficiado del caos derivado del bloqueo del estrecho de Ormuz gracias a su producción petrolífera.

En este estado de la orilla noreste de Sudamérica —encajado entre gigantes como Brasil y Venezuela— viven menos de un millón de habitantes. Hace solo una década, casi la mitad vivían bajo el umbral de la pobreza. Pero en 2015 se descubrió un yacimiento de petróleo crudo que acabaría transformando la economía del país. En 2020, el año después de que se comenzara a explotar, la economía de Guyana creció un 49%, lo que le mereció el título de la economía que crece más rápidamente del mundo.

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Cuando se produjo el boom, el petróleo se vendía a una media de 69 dólares el barril. Hoy, incluso después del supuesto alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, los precios difícilmente bajan de los 100 dólares por barril. Según datos del diario británico The Economist, antes de la guerra el valor de la producción del país ya era equivalente a unos 320 millones de euros a la semana, mientras que ahora son prácticamente el doble.

“Las reservas de Guyana son casi iguales que las de Brasil –explica a l’ARA la experta del Cidob Anna Ayuso–, con la diferencia de que el país no llega al millón de habitantes”. Sostiene que el descubrimiento del petróleo ha supuesto un “cambio total” para el país, que tiene una extensión de 214.970 km², y más teniendo en cuenta que se trata de un crudo de alta calidad más fácil de comercializar. “De un día para otro, [Guyana] ha pasado de estar sometida a la intervención del Fondo Monetario Internacional a recibir inversiones millonarias, y esto es difícil de absorber para un país tan pequeño”, explica.

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Guyana extrae el petróleo del bloque Stabroek, un enorme yacimiento de unos 26.800 km² situado en el océano Atlántico, controlado por un consorcio liderado por la petrolera norteamericana ExxonMobil. Este consorcio, que controla toda la producción de petróleo del país, ha alcanzado un ritmo de producción de más de 900.000 barriles diarios en solo siete años, una hazaña sin precedentes. A pesar del bloqueo de Ormuz, que desde finales de febrero impide el paso del 20% de la producción mundial de crudo y de un porcentaje similar de la producción de petróleo de ExxonMobil, la compañía ha superado las previsiones de beneficios del primer trimestre de este año. Un hecho que se debe, sobre todo, al aumento de producción que ha habido en Guyana.

Un reparto desigual

El paisaje en la capital, Georgetown, también ha cambiado a rebufo de la lluvia de beneficios que riega las cuentas de los tres operadores que forman el consorcio petrolero –ExxonMobil, Chevron y China’s CNOOC–. Han aparecido nuevas carreteras, hoteles de lujo y hileras de casas unifamiliares similares a las de los suburbios de los Estados Unidos. Pero en muchos barrios, sin alcantarillado y con cortes recurrentes de electricidad, cuesta encontrar indicios de esta riqueza. "Los beneficios del petróleo no han cambiado la estructura social –conviene Ayuso–. Se están construyendo edificios, infraestructuras, hospitales... Hay un crecimiento. Pero es un país muy desigual".

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Si bien una parte de la población sí que se ha podido beneficiar del crecimiento derivado del boom petrolero –las rentas medias y más formadas han podido acceder a posiciones vinculadas al petróleo–, el auge económico ha venido acompañado de una gran inflación que ha perjudicado al resto de los trabajadores, que no han visto reflejadas estas mejoras en su nómina y apenas en los servicios públicos. En cambio, sí que han notado el encarecimiento de los precios de la vivienda, de la comida y, irónicamente, también de los combustibles, ya que no tiene refinerías y tiene que importar la gasolina y el gasoil que consume.

La madre de los huevos de esta desigualdad son los acuerdos que se firmaron tras el descubrimiento del petróleo en 2016, muy favorables a las petroleras y duramente criticados por el Fondo Monetario Internacional. El pacto estipula que las compañías se pueden quedar con el 75% de los ingresos provenientes del crudo hasta cubrir los costes de lo que invirtieron en la exploración y explotación del yacimiento. En cambio, los royalties para el gobierno de Guyana –el porcentaje fijo que se queda el estado solo por extraer el recurso– son solo del 2%, una cifra extraordinariamente baja. Y, para colmo, en la práctica las compañías están exentas de pagar impuestos al país. Estos acuerdos "unilaterales" hacen que Guyana sea muy atractiva para las multinacionales energéticas, según los expertos del sector. Los costes medios de producción son de unos 30 dólares por barril, lo que convierte a Guyana en uno de los países más baratos y rentables del mundo para extraer petróleo.

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El gobierno es consciente del riesgo de depender casi exclusivamente del petróleo y ha intentado diversificar la economía con medidas como la creación de un fondo soberano –similar al de Noruega– o una ley que obliga a las petroleras a contratar determinados servicios a empresas locales. Por ahora, sin embargo, el impacto sobre el tejido productivo sigue siendo limitado.

Con todo, los próximos años pueden marcar un punto de inflexión en la gestión de los recursos. En estos momentos, si el precio del petróleo se mantiene cerca de los 100 dólares, el gobierno ingresará unos 4.000 millones de euros provenientes del petróleo, según los cálculos de Reuters, una cifra que supera todo el presupuesto anual del Ayuntamiento de Barcelona. Y la cifra aún podría quedarse corta. Exxon prevé recuperar en 2026 los costos de explotación de los yacimientos. Cuando esto ocurra, la parte de los beneficios que corresponde a Guyana pasará del 12,5% al 50%, lo que multiplicará los ingresos del estado. Habrá que ver si estos recursos servirán para corregir los desequilibrios derivados del boom petrolero. Sea como fuere, incluso con una eventual caída de los precios del crudo, los expertos coinciden en que Guyana se ha convertido en un nuevo actor de peso en el mapa energético mundial.