Así afecta China el ataque contra Venezuela: una deuda millonaria que no cobrará
Pekín también teme que el precio global del crudo se resienta por el control estadounidense de las importantes reservas venezolanas
PekínChina ha condenado sin reservas la intervención de Estados Unidos en Venezuela y ha pedido la liberación inmediata de Nicolás Maduro. Al contrario de la Unión Europea, ha sido directa al acusar a Donald Trump de violar el derecho internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas. Está por ver si más allá de las declaraciones de su presidente, Xi Jinping, dará algún paso más en un conflicto en el que no dispone de mucho margen de actuación.
El secuestro de Maduro y la voluntad de Trump de controlar Venezuela y su petróleo envían un contundente mensaje a China: Washington no permitirá que el gigante asiático siga aumentando su influencia en la región.
Pekín lleva décadas invirtiendo en Latinoamérica y teje una espesa red de alianzas comerciales con diferentes países, independientemente si sus gobiernos son de derechas o izquierdas. Venezuela es uno de sus principales aliados en Latinoamérica, y prueba de ello es que en 2023 Xi Jinping y Maduro firmaron una declaración de "asociación estratégica".
Horas antes de su captura, Maduro había recibido en el palacio presidencial de Miraflores Qiu Xiaoqi, el enviado especial del gobierno chino para asuntos latinoamericanos. Ese encuentro parece demostrar que Pekín desconocía los planes de Trump.
La intervención estadounidense deja un escenario complejo para Pekín. China es el principal comprador de petróleo de Venezuela, prácticamente el 80% de las exportaciones tenían ese destino. Sin embargo, para Pekín sólo representan un 4% del total de sus importaciones de crudo. El problema de China no será tanto el acceso al petróleo venezolano como la forma de cobrar la inmensa deuda contraída por ese país.
La deuda venezolana
Pekín había estado financiando al régimen chavista con préstamos avalados por el petróleo, pese a que en los últimos años la inversión china se había enfriado debido a la caída de la producción y la crisis interna del país. En 2024 la inversión directa del gigante asiático en Venezuela se redujo a una décima parte de la efectuada en 2018, según datos publicados por el propio gobierno chino.
A pesar de la opacidad de las relaciones entre ambos países, se calcula que la deuda de Venezuela con China ascendía a más de 10.000 millones de dólares en el 2024. Algunas fuentes como Forbes incluso doblan esa cifra. La caída de Maduro genera mucha incertidumbre en las entidades financieras chinas, sobre todo si se confirman las intenciones de Trump de controlar el país. En ese caso, los acreedores estadounidenses tendrán prioridad sobre los chinos.
El diario oficial Global Times asegura en uno de sus editoriales que el impacto de la intervención estadounidense en China será "mínimo" a corto plazo, pero a la larga el control de Estados Unidos sobre una de las mayores reservas de petróleo del mundo puede provocar "manipulaciones" en los precios globales del crudo.
El mensaje de Estados Unidos está claro: no quiere que China extienda sus tentáculos en la región, que considera parte de su área de influencia. No es el primer aviso. Trump ya amenazó con reclamar el control del canal de Panamá porque China cada vez tenía mayor dominio sobre esta infraestructura. La coacción dio sus frutos: el nuevo presidente de Panamá ha anunciado que el país no participará en la iniciativa de crear corredores comerciales conocida como la Nueva Ruta de la Seda, y la empresa china que opera ambos puertos de acceso al Canal está negociando su venta.
China en América Latina
Pese a la actitud beligerante de Washington, será difícil revertir el avance chino en Latinoamérica. Hace más de dos décadas que Pekín estrecha los lazos comerciales y las inversiones en la región. Se ha convertido en el segundo socio de América Latina, con un intercambio comercial de 518.470 millones de dólares en 2024, firmando tratados de libre comercio con países como Chile, Perú o Costa Rica.
China ha invertido en infraestructuras, fábricas de coches, placas solares, etc. Además, se ha convertido en una alternativa para los productos agrícolas, mineros y manufacturas de la región frente a la guerra arancelaria impuesta por Trump. La mayoría de los países aprietan las relaciones con Pekín, especialmente Brasil, pero incluso el presidente argentino, Javier Milei, se ha rendido a Xi Jinping.
La intervención de Washington en Venezuela deja abiertos otros frentes, ya que Donald Trump ha reiterado su interés por controlar Groenlandia por defender los intereses de Estados Unidos. Hasta ahora, las inversiones chinas en la isla son escasas y muchos proyectos mineros o de construcción de infraestructuras se han detenido por problemas medioambientales. Pero el Ártico y la apertura de nuevas rutas comerciales es una prioridad para China, que cuenta con el cambio climático y la alianza con Rusia para conectar los puertos con los europeos y Canadá.
En China, la intervención estadounidense en Venezuela ha sido criticada, pero también se ha visto como un ejemplo a seguir. En las redes sociales chinas se plantean operaciones similares para anexionarse a Taiwán y capturar a su presidente independentista.
Más allá de la opinión pública china, muy dirigida, la realidad es que la actuación de Trump de saltarse el consenso internacional e intervenir militarmente en un país deja espacio a Xi Jinping para consolidarse como el líder del Sur Global y del multilateralismo. La figura de Xi Jinping puede agrandarse como ejemplo de estabilidad ante el comportamiento de Trump. Por otra parte, la defensa de un nuevo orden mundial basado en la fuerza y en áreas de influencia también ha hecho saltar las alarmas en Japón y Corea del Sur ante un futuro abandono de Estados Unidos.