Relaciones bilaterales Reino Unido-Estados Unidos

Carlos III visita Trump en el viaje más incómodo desde que es monarca

La visita del rey a los Estados Unidos llega en un momento de gran tensión diplomática entre Downing Street y la Casa Blanca

27/04/2026

LondresDonald Trump y Carlos III coincidirán hasta cinco veces entre este lunes y jueves en lo que, posiblemente, sea el viaje oficial más incómodo del monarca desde que ascendió al trono. El reencuentro de los dos hombres, con la excusa de celebrar los doscientos cincuenta años de la independencia de los Estados Unidos, pondrá a prueba la eficacia del soft power británico en un momento de gran tensión diplomática entre Londres y Washington. La agenda real ha seguido adelante "tal como estaba previsto", según un comunicado del Palacio de Buckingham emitido este domingo a raíz del tiroteo en el hotel Hilton de Washington, donde Trump asistía a la tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca. La decisión se ha tomado "después de conversaciones mantenidas durante todo el día a un lado y otro del Atlántico". Aun así, habrá pequeños ajustes en algunos de los actos previstos por motivos de seguridad.

La visita, eclipsada por el presunto intento de magnicidio, tiene lugar cuando solo han pasado siete meses desde que el rey despidió al presidente estadounidense a las puertas del castillo de Windsor, donde la monarquía ofreció al republicano toda su liturgia habitual. Aquella segunda invitación –una excepción en sí misma– había sido concebida para allanar las relaciones entre el primer ministro, Keir Starmer, y el siempre imprevisible Trump. Cuando el Air Force One despegó desde el aeropuerto de Stansted, la impresión en Downing Street era que la misión confiada a la corona había tenido éxito.

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Las últimas semanas han contradecido aquella percepción. No basta con un desfile en carroza real y un banquete de gala para templar el carácter del presidente. Desde el estallido de la guerra de Irán, Trump ha incrementado las críticas a Starmer, reticente a implicarse en la escalada militar de Washington. La gestión británica ha oscilado entre la prudencia y la rectificación, incluyendo el permiso del uso limitado de una base aérea en Inglaterra y la de la isla de Diego García para operaciones “defensivas”.

Un Trump más hiriente que nunca, y también su ministro de Defensa, Pete Hegseth, han menospreciado repetidamente al ejército de Su Majestad. El Pentágono ha ignorado los muertos británicos en Afganistán durante las dos décadas de la ocupación del país. Y no han faltado tampoco repetidas burlas a la Armada real: "Sus barcos son de juguete", dijo el presidente de EE. UU.

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La guinda del pastel de las ofensas llegó el viernes, cuando un mismo correo interno del Pentágono –en el que se insinuaba la suspensión de España de la OTAN por su falta de colaboración en la guerra– apuntaba también que los Estados Unidos podrían revisar el reconocimiento de la soberanía británica sobre las islas Malvinas. Argentina reclama el archipiélago, y su presidente, Javier Milei, mantiene una relación estrecha con la Casa Blanca. Downing Street se revolvió con contundencia: "La soberanía corresponde al Reino Unido y el derecho de los isleños a la autodeterminación es primordial". Pero la nueva bofetada de Washington al orgullo británico no pasó desapercibida.

Una crisis peor que Suez

El resultado es un distanciamiento que algunos analistas sitúan en su punto más bajo desde la crisis de Suez de 1956, cuando los Estados Unidos forzaron la retirada británica de la operación militar conjunta con Francia e Israel para controlar el canal. La comparación no es menor: remarca hasta qué punto la relación transatlántica, tradicionalmente definida como "especial", ha sido sometida a interpretaciones muy diferentes a uno y otro lado del Atlántico en medio de una tensión enorme.

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Para Londres, este vínculo continúa siendo una pieza estratégica central, heredera de la cooperación de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Pero el Washington de Trump lo entiende en términos mucho más transaccionales, en un momento en que el peso global del Reino Unido ya no es el de una antigua potencia imperial.

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Y es en este contexto que el discurso de Carlos III ante el Congreso de los Estados Unidos –que tendrá lugar este martes– adquiere una relevancia particular. Las palabras del monarca se analizarán con lupa. Y tanto en Washington como en Londres se interpretarán como un indicador del grado de tensión entre los dos gobiernos. El texto, elaborado conjuntamente entre el Palacio de Buckingham y el Foreign Office, deberá navegar entre dos riesgos simétricos: la confrontación excesiva y la sumisión servil.

El viaje ha creado mucho malestar en algunos sectores del establishment británico. Algunas voces de la Cámara de los Comunes –el líder de los liberaldemócratas, Ed Davis, o los nacionalistas escoceses– han pedido su cancelación. Downing Street ni lo consideró, sin embargo. De hecho, en el comunicado del Palacio de Buckingham en que se anunció la gira real, se destacaba explícitamente que se llevaba a cabo "a propuesta del gobierno".

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Hace unos días, uno de los más prestigiosos periodistas de la BBC, David Dimbleby, ya retirado, pero todavía al cargo de una serie documental sobre el futuro de la monarquía, hacía explícito en un programa de la cadena su disgusto: "No es el momento y no puedo estar más en desacuerdo [con el viaje real]. Estamos tratando con un presidente que es un narcisista y un acosador, y ha estado acosando al Reino Unido. Es un momento político muy malo para hacerle [a Trump] el regalo del rey con toda la pompa que eso conlleva." Dimbleby también acusó de "lunáticos" a los responsables del Pentágono.

El caso Epstein

Conocida la devoción del presidente por la familia real británica, rechazar la invitación de la Casa Blanca habría supuesto una declaración de guerra abierta de Starmer a Trump. Y el premier, en su momento más bajo de popularidad, siempre prudente, nunca habría dado el paso. Lo confirma el historiador Craig Presscot, autor del libro Modern monarchy: "Puede parecer que la estrategia de adulación de Keir Starmer no ha acabado de dar resultado, pero dentro del gobierno británico se ha impuesto la idea de que, a pesar de todo lo que hace Donald Trump, sigue siendo de interés para el Reino Unido mantenerse cerca de los Estados Unidos". La vía Love actually, en relación con la película en la que Hugh Grant como primer ministro hace un discurso muy duro contra el presidente de los Estados Unidos es, solo, una ficción sin réplica en el mundo real.

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El campo de minas que tendrá que atravesar Carlos III los próximos días tiene una con nombre propio: Jeffrey Epstein. Porque la sombra del escándalo del pederasta que afecta a su hermano pequeño, Andrés, allí planeará también.

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Las víctimas solicitaron a Carlos III una audiencia, con la intención implícita de pedirle que presionara a Andrés para que declarase ante el Congreso de los Estados Unidos. Pero el Palacio de Buckingham argumentó que hay una investigación policial en marcha contra el ex príncipe, y que poco más podría añadir. El rey, además, ha expresado su solidaridad con las víctimas en un comunicado reciente. Andrés tuvo que afrontar un humillante arrest durante doce horas el pasado 19 de febrero.

Consciente de los riesgos de un descarrilamiento del viaje por cualquiera de los motivos expuestos, y también de la popularidad de la familia real británica en los Estados Unidos, Donald Trump se ha apresurado a suavizarlos, a su manera. El pasado jueves atendió durante cinco minutos por teléfono a la BBC, en una conversación que no fue grabada, pero que cumplió perfectamente los objetivos del mandatario.

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La jefa de la delegación de la cadena en Washington aseguró que Trump elogió al rey reiteradamente. Y cuando le preguntó si la visita podría ayudar a restablecer el clima de confianza entre Londres y Washington, el presidente dijo: "Absolutamente, sí." Queda claro así que, con independencia de lo incómodas que puedan ser las relaciones actuales, el presidente de los Estados Unidos no quiere que nada interfiera en la visita, tampoco los hechos del sábado. Lo que después de que se marche Carlos III diga Donald Trump sobre Keir Starmer habrá que leerlo en Truth social y, probablemente, será otra historia.