Un conservador católico, el elegido por la oposición húngara para enfrentarse a Orbán

Los seis partidos opositores se unen para intentar acabar con el dominio de Fidesz en las elecciones de 2022

Un alcalde independiente, de perfil conservador y católico, será el contrincante del ultranacionalista Viktor Orbán en las elecciones húngaras del año que viene. Péter Márki-Zay ha sido la sorpresa de la segunda vuelta de las primarias para elegir al candidato común de la oposición, superando por más de 13 puntos a su rival, la socialdemócrata y vicepresidenta del Parlamento Europeo, Klára Dobrev, que partía como favorita. Sobre los hombros de este hombre de 49 años, padre de siete hijos, recae la responsabilidad de intentar desbancar a Orbán, que hace once años que empuja a Hungría hacia una deriva autoritaria aprovechando una mayoría absoluta ininterrumpida desde 2010.

Licenciado en marketing e ingeniería eléctrica y doctorado en historia económica, Márki-Zay trabajó cinco años en Canadá y en los Estados Unidos para multinacionales húngaras. En 2019 fundó MMM (Movimiento por una Hungría de Todos) después de anotarse, el año anterior, su primera victoria política, cuando ganó la alcaldía de su ciudad natal, Hódmezővásárhely, de 40.000 habitantes y hasta entonces un bastión de Fidesz. Fue la primera vez que la oposición se presentó conjuntamente contra el partido de Orbán (su candidato era el exjefe de gabinete del primer ministro), y la fórmula se repitió en 2019, cuando la oposición arrebató a Fidesz la alcaldía de Budapest y otras ciudades húngaras. Aquellos triunfos son lo que los ha alentado a intentar repetir la hazaña, ahora a escala nacional.

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Los seis partidos opositores han visto en la unión la única manera de enfrentarse a Fidesz con alguna opción de victoria, puesto que el actual sistema electoral húngaro (reformado el año pasado) hace casi imposible la victoria si se presentan por separado. El grupo es tan heterogéneo que abraza todo el espectro político: socialistas, ecologistas, liberales, socialdemócratas y la ultraderecha nacionalista. Pero Márki-Zay ha demostrado, de momento, que es capaz de gestionar la divergencia de posturas y mantener equilibrios delicados.

A falta de seis meses para los comicios, el partido de Orbán tiene un 39% de intención de voto, empatado con la lista unificada de la oposición. "Pase lo que pase, la oposición solo podrá ganar unida", dijo este domingo por la noche, después de confirmarse su victoria. "No solo queremos ganar a Orbán, queremos construir una nueva Hungría", añadió.

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Un conservador para derrotar a un ultraconservador

En la primera vuelta de las primarias, la más votada fue la socialdemócrata Dobrev, seguida del alcalde de Budapest, Gergely Karácsony, mientras que Márki-Zay –sin el apoyo de ningún partido ni ninguna gran estructura política detrás– quedó tercero. Aun así, Karácsony optó por retirarse de la carrera, argumentando que su homólogo en Hódmezővásárhely es la única esperanza para vencer a Orbán en las urnas. "Las ideas de izquierdas no son las mayoritarias hoy en Hungría", admitió.

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El perfil conservador y religioso practicante de Márki-Zay dificulta la retórica del primer ministro, que se autoproclama el defensor de una Europa cristiana y conservadora. "Sus ataques no funcionan conmigo", dijo ayer el candidato opositor. Sin embargo, después de ser elegido lanzó un mensaje también a los votantes de izquierda: prometió que respetará la separación de la iglesia y el estado y los "derechos de los homosexuales", haciendo referencia a una de las medidas más polémicas de Orbán, el veto de contenidos LGTBI en las escuelas y en los espacios televisivos orientados a los menores de edad.

Márki-Zay ha prometido, sobre todo, restaurar el estado de derecho debilitado por Fidesz, abrir investigaciones sobre el enriquecimiento de personas próximas al primer ministro, y volver a acercar el país a la Unión Europea. Tanto la Hungría de Orbán como la Polonia de Mateusz Morawiecki están bajo la lupa de las instituciones europeas desde hace años, y los dos países tienen procesos sancionadores abiertos en Bruselas por violaciones de los principios de estado de derecho. El primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, llegó a invitar a Hungría a salir de la Unión, como hizo el Reino Unido, si no está dispuesta a respetar los valores democráticos comunes.