La 'deuda' de 30 años de pruebas nucleares de Francia en la Polinesia

Los ensayos han tenido consecuencias desastrosas para la salud de sus habitantes

ParísDurante treinta años, entre 1966 y 1996, Francia hizo 193 ensayos nucleares en la Polinesia que han tenido consecuencias desastrosas en la salud de los habitantes del archipiélago y en su medio ambiente. Según aseguró el expresidente de la Seguridad Social polinesia Patrick Galenon antes de que esta semana el presidente de la República, Emmanuel Macron, visitara el archipiélago, "las mujeres polinesias de entre 40 y 50 años tienen la tasa de cáncer de tiroides más alta del mundo". Además, a pesar de que desde las instituciones francesas se evite investigar mucho en este sentido, diferentes informaciones periodísticas e investigaciones científicas apuntan que las pruebas nucleares han provocado, entre los polinesios, una cifra muy elevada de cánceres, enfermedades cardiovasculares y bebés que nacen con malformaciones y con dificultades psicomotrices.

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"La nación francesa está con deuda con la Polinesia francesa", aseguró Macron esta semana. Si bien fue un paso más allá que el anterior presidente de Francia, François Hollande, que ya reconoció el "derecho a las reparaciones" a los polinesios en 2016, diferentes asociaciones anti pruebas nucleares en la Polinesia se esperaban que ahora Macron pidiera perdón en nombre del estado francés. "Esperamos una disculpa del presidente. [...] Esperamos que declare que lo que pasó aquí en el Pacífico fue una forma de colonización vinculada a la energía nuclear", dijo Auguste Uebe Carlson, director de la Asociación de Víctimas de las 193 pruebas nucleares.

En este sentido, Macron sí que admitió que no se habrían tenido que ordenar este tipo de pruebas desde la Francia continental. "No habríamos hecho los mismos ensayos en Creuse o en la Bretaña. Los hicimos aquí porque estaba más lejos, porque estaba perdido en medio del Pacífico, es verdad".

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Bajo las órdenes de Charles de Gaulle, el ejército francés lanzó la primera bomba atómica, que se calcula que fue al menos seis veces más potente que la que arrasó Hiroshima. Y la última prueba se hizo durante el mandato de Jaques Chirac, que aplazó el final de los ensayos que había marcado su antecesor, François Mitterand, y provocó una nube radiactiva que se calcula que pudo llegar a contaminar hasta a 110.000 personas, incluidos los tahitianos, que viven a más de 1.000 kilómetros de donde explosionó el artefacto.

En su momento se prometió por activa y por pasiva que estas explosiones se hacían de tal manera que no tenían consecuencias negativas. Desde el gobierno francés, de hecho, las llamaban "bombas limpias".

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Promesas inconcretas de Macron

A pesar de que el presidente de Francia no se disculpó, sí que soltó algunas promesas inconcretas: se comprometió a mejorar y a acelerar el proceso de tramitación de indemnizaciones —hasta ahora solo 63 polinesios han sido compensados económicamente— y a abrir todos los archivos sobre ensayos nucleares, menos los que pueden comprometer la seguridad militar. "Quiero verdad y transparencia", remarcó el presidente de la República. Sin embargo, precisamente uno de los reproches de los manifestantes contra el Elíseo es la opacidad que rodea todas las informaciones respeto a las consecuencias de los ensayos.

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La última polémica que hubo en este sentido fue en febrero, cuando diferentes asociaciones denunciaron el "negacionismo" de un estudio que contrató el ejército francés al Instituto Nacional de Salud y de Investigación Médica. El estudio aseguraba que "los resultados son insuficientes para sacar una conclusión sólida sobre los vínculos entre la exposición a la radiación y la aparición de patologías como el cáncer de tiroides u otras enfermedades". Hay que decir que, incluso Macron, como ya había hecho Hollande, admitió esta vinculación.

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Las promesas de Macron son el resultado de una mesa de negociación entre el Elíseo y el gobierno de la Polinesia, que ha sido muy criticada por diferentes organizaciones de la sociedad civil polinesia, puesto que también piden que se les devuelvan los 670 millones de euros que la Seguridad Social del archipiélago se ha gastado desde 1985 para tratar las enfermedades provocadas por el exceso de radiación, y más inversiones en memoria histórica para que los 30 años de ensayos no caigan en el olvido. También hay asociaciones que estudian llevar a Francia al Tribunal Penal Internacional y acusarla de crímenes contra la humanidad. "Estamos aquí para recordarle a Macron el genocidio contra nuestro pueblo", dijo Uebe Carlson.

Macron sabe muy bien, como sus antecesores, que ser presidente de Francia significa verse obligado a recibir fantasmas del pasado que de vez en cuando llaman a la puerta. Ahora es el de los ensayos nucleares en la Polinesia, hace unos meses era el del genocidio de Ruanda, y constantemente es el de un legado colonial en África incómodo.