El plan de los demócratas para resucitar en las midterms y vencer a Trump

La formación, que vira hacia el sector más progresista, busca reconciliarse con las bases después del desencanto de la derrota del 2024

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El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, visita una pastelería de un suburbio de la ciudad.
24/10/2026 - 13:01 h

WashingtonLos demócratas buscan reencontrar su voz de cara al próximo tres de noviembre. Más allá del plebiscito sobre Donald Trump, las elecciones de medio mandato pueden marcar el punto en el que el Partido Demócrata encuentre una solución a la crisis de identidad que padece. Los comicios son la primera oportunidad real de la formación para reconciliarse con unas bases desencantadas tras la derrota electoral de 2024.

Una de las primeras lecturas de la derrota electoral de hace dos años, y que ha pervivido hasta hoy, es la del senador independiente Bernie Sanders. "No debería sorprendernos demasiado que un partido demócrata que ha abandonado a la clase trabajadora descubra que la clase trabajadora lo ha abandonado a él", escribía en plena resaca electoral el rostro del ala izquierda del partido. La afirmación ha sido una especie de brújula para el ascenso del alma más progresista, que ha avanzado gracias al efecto Mamdani en las elecciones de Nueva York el año pasado.

La irrupción del flamante alcalde hizo que los Socialistas Democráticos de América (DSA) pasaran de ser un grupo marginal a tomar impulso, hasta el punto de que siete miembros del grupo podrían conseguir entrar en el Congreso este noviembre. En medio del avance de la izquierda también hay otros nombres que, como Abdul El-Sayed, apuestan por políticas más progresistas -como defender una sanidad pública-, pero que rechazan la etiqueta de socialista. "Preferiría definirme como un capitalista que realmente ha leído sobre el capitalismo", dijo El-Sayed a Ed O’Keefe, presentador de CBS News durante una entrevista reciente. O'Keefe le hizo notar sus vínculos con el DSA, pero El-Sayed insistió: "No soy socialista".

El ascenso meteórico del ala izquierda del partido está propulsado por la sed de cambio entre las bases, donde también se ha instaurado un fuerte sentimiento antiestablishment. Pero esta tendencia forma parte de una crisis más amplia: la dificultad de los demócratas para encontrar un nuevo liderazgo y definir el rumbo político después de la derrota de Kamala Harris. "Por primera vez desde 2008, el Partido Demócrata está, en cierta manera, dejando atrás la etapa de la Administración Obama", expone Chris Herrmann, coordinador del programa de Estados Unidos del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

El analista define estas midterms como "un momento de introspección" del partido en el que ninguno de los candidatos que ya suenan para las presidenciales de 2028 está vinculado a la administración Obama. "Esto no pasaba desde 2008. Porque después vinieron Hillary Clinton y Joe Biden, que obviamente estaban ambos vinculados a aquella administración".

Las presidenciales en el horizonte

El momento de impasse coincide con una década en la que Trump ha marcado la manera de hacer política en Estados Unidos, con un estilo agresivo, que a veces se confunde por auténtico, y que presenta su persona como un "outsider" de Washington.

También han cambiado los espacios y los códigos a través de los cuales se vehiculan los mensajes. En 2024 Trump ganó apoyo por el empuje algorítmico que Elon Musk le dio a través de la plataforma X y por todo el circuito alternativo de influencers conservadores que amplificaron sus temas de campaña. Uno de los éxitos de Zohran Mamdani en Nueva York fue precisamente el uso de las redes sociales y cómo se presentaba a sí mismo como un ciudadano más. Una estrategia que también han replicado a su manera los equipos de campaña de perfiles tan dispares como Abdul El-Sayed en Michigan o como el pastor presbiteriano James Talarico en Texas.

"Creo que lo más importante de estas elecciones de medio mandato no son tanto las políticas concretas como la manera en que los políticos se comunican con los votantes", subraya Herrmann, que apunta como un hecho distintivo de los candidatos de estos comicios es que "no son los candidatos demócratas tradicionales que han estudiado en Harvard, Yale o Princeton". "Son candidatos que parecen estar mucho más conectados con las comunidades a las que quieren representar", destaca.

El-Sayed era un médico conocido por trabajar como funcionario de Salud y que después de perder las primarias demócratas de 2018 lanzó un podcast con el que fue construyendo una comunidad propia. Talarico era conocido en Austin por su pasado como profesor de primaria en uno de los suburbios de la ciudad. De hecho, si Talarico ha conseguido hacer que baile el escaño en el Senado por Texas es gracias a un discurso que integra medidas económicas progresistas con la moral cristiana.

La fe, un nuevo reclamo

Esta mezcla le ha permitido llegar a un electorado para el cual votar demócrata era incluso contradictorio, ya que el partido se había desmarcado en los últimos años de la parte religiosa. "Muchos votantes conservadores y muchos votantes moderados indecisos interpretan la política a través del prisma de su fe", explica Lucas Holtz, asesor político sénior del think tank Third Way, vinculado al ala moderada del Partido Demócrata. Talarico no es el único caso: en Kansas el capellán metodista Adam Hamilton le está disputando el escaño para el Senado al republicano Roger Marshall.

Hamilton es un demócrata capaz de recitar partes de la Biblia de memoria durante sus actos de campaña mientras describe la necesidad de ir a votar como "un acto de fe cristiana". También cabe mencionar que Hamilton resulta ser el pastor de la iglesia metodista más grande de todo el estado.

A pesar de la gran disparidad que pueda haber en los estilos comunicativos entre los diferentes grandes nombres que suenan estas legislativas, hay un denominador común: la denuncia a la corrupción. Ya sea como un grito contra las élites del sistema que se enriquecen o una crítica puramente moral contraria a los valores cristianos. En Georgia, el senador demócrata Jon Ossoff que busca la reelección este año, ha sabido ganarse un lugar en el podio precisamente gracias a la dureza con la que denuncia las corruptelas de Trump.

En esta reinvención para buscar nuevas maneras y lenguajes con los que reconectar con las bases, Herrmann cree que los candidatos también están intentando enmendar uno de los grandes errores de la administración Biden; "Biden aprobó muchas políticas que beneficiaron a la clase trabajadora estadounidense, especialmente la de los estados profundamente republicanos y rurales. Pero la comunicación con estas zonas no se basó en establecer una conexión. El mensaje era casi: 'Somos más inteligentes que vosotros y esto es lo que necesitáis'. Por tanto, estas políticas no se tradujeron en ninguna recompensa en las urnas".

Los resultados del próximo tres de noviembre, más allá de cuantificar hasta dónde llega el giro a la izquierda que vive el partido, también ofrecerá una fotografía inicial de cuál es el lenguaje político a partir del cual construir las presidenciales del 2028.

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