Por qué la religión es el as en la manga de los demócratas para vencer a Trump en las 'midterms'?
Al menos cuatro candidatos demócratas para las elecciones de medio mandato son pastores o seminaristas
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WashingtonLos demócratas han logrado en estas elecciones de medio mandato un escenario insólito: hacer tambalear la supremacía republicana en Texas y Kansas. Si el partido ha logrado penetrar dentro de territorio Trump es porque los perfiles que encabezan las candidaturas para el Senado en ambos estados tampoco son comunes: un pastor presbiteriano, James Talarico, y el capellán de una megaiglesia metodista, Adam Hamilton. Es extraño ver figuras religiosas en el centro de campañas demócratas, pero precisamente es lo que está pasando en estas legislativas y parece funcionar.
Al menos cuatro candidatos que compiten por un escaño en el Congreso son pastores o seminaristas, y muchos de ellos lo hacen en estados marcadamente republicanos. En Iowa, dos pastoras demócratas, una presbiteriana, Lindsay James, y otra luterana, Sarah Trone, están dando guerra en dos distritos del estado donde Trump ganó en 2024. Ambas están bien posicionadas en las encuestas y podrían conseguir un escaño en la Cámara de Representantes.
El denominador común que comparten todos estos candidatos es claro: disputar el capital religioso a Donald Trump, y, sobre todo, al nacionalismo cristiano blanco, que gracias a la alianza con el republicano parece haberse convertido en la única manera posible de vivir la espiritualidad en Estados Unidos. "Quieren demostrar que los valores cristianos también pueden avalar políticas más humanas, como garantizar el acceso de los estadounidenses a la atención sanitaria o tratar con amor y respeto a los colectivos marginados, como las personas LGBTIQ. Durante mucho tiempo se ha dado por hecho que la perspectiva religiosa es muy conservadora", explica a ARA Melissa Deckman, directora del Instituto de Investigación sobre Religión Pública (PRRI).
Un cristianismo progresista
Talarico se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para Trump en Texas gracias al uso que hace de las escrituras bíblicas para apelar a la moral cristiana. El joven, de 37 años, se ampara en la vertiente más humanista del cristianismo para reclamar el derecho a la sanidad, denunciar la campaña de deportaciones masivas o bien defender el derecho al aborto.
El éxito de la fórmula es tal que cuando Talarico fue al programa de Jimmy Kimmel el pasado mes de septiembre, la Casa Blanca presionó para que no se emitiera. El vídeo, sin embargo, se publicó en YouTube, donde acumula más de 11 millones de visualizaciones. Allí se puede ver cómo Talarico utiliza el sermón de la montaña, en el que Jesús anuncia que expulsará de su reino a los falsos profetas, para construir un discurso antiestablishment. "Me pregunto –dice Talarico– ¿qué diría Jesús si visitara el Senado de los Estados Unidos?". Y sigue: "Creo que diría a los senadores: «Apartaos de mí»".
En el vídeo se puede ver cómo el público ya quiere aplaudir, pero Talarico toma aire y continúa: "Porque tuve hambre y me retiraron la ayuda alimentaria. Estuve enfermo y me dieron de baja de Medicaid [el programa de subsidios médicos de los Estados Unidos]. Fui un extranjero y me deportaron a mí y a mi familia. Y entonces creo que volcaría aquellos elegantes escritorios al suelo, en el Senado de los Estados Unidos, y exigiría que cuidáramos de todos nuestros vecinos, especialmente de los más pequeños y vulnerables".
Es gracias a esta fusión del discurso religioso con una agenda progresista económica y socialmente, que Talarico podría hacer historia el próximo tres de noviembre. Si consigue el escaño en el Senado, sería el primer demócrata que gana unas elecciones en el estado del sur desde las presidenciales de 1976, cuando Jimmy Carter consiguió teñir de azul el mapa electoral. Ni siquiera el expresidente demócrata Barack Obama consiguió cambiar el color de Texas en 2008 y 2012.
Más excepcional sería el caso de Hamilton en Kansas, que si derrota a su rival republicano, Roger Marshall, sería el primer demócrata en conseguir un escaño en el Senado por Kansas desde antes de la Segunda Guerra Mundial.
El efecto Trump
Igual que la oleada de izquierdas que vive el Partido Demócrata, esta irrupción de numerosos pastores blancos en las candidaturas del partido es una clara reacción a Trump. "Muchos cristianos progresistas sienten que los cristianos nacionalistas se han apropiado de la idea de la cristiandad" gracias a la alianza que han tejido con el presidente estadounidense, señala la directora del PRRI. Otro factor clave para entender la aparición de este tipo de perfiles justo ahora es que, por primera vez en años, se está dando respuesta a la sensación de desamparo que muchos cristianos progresistas habían experimentado con el Partido Demócrata.
"El Partido Demócrata se ha esforzado por intentar ser un partido abierto a todo el mundo, y pensó que la mejor manera de hacerlo era no prestar atención a la dimensión religiosa. Pero ha acabado haciendo que muchas personas sientan que, si quieren formar parte del Partido Demócrata, tienen que dejar una parte de su identidad en la puerta", explica al ARA el pastor evangélico progresista Doug Pagitt.
La clave de todo es que estos pastores demócratas, a ojos de muchos votantes religiosos, son una excepción. "En general, no votarían a un demócrata porque parten de la idea de que ser cristiano y votar demócrata es contradictorio, pero con ellos sienten que pueden hacer una excepción", señala. El clérigo también lidera la organización Vote Common Good, que intenta recuperar a los votantes cristianos que apoyan a Trump. Durante el último año y medio, explica Pagitt, cada vez más cristianos que habían votado por Trump se han acercado a él para decirle que creen que se equivocaron.
Pero para Pagitt, esta transformación de la dimensión religiosa del Partido Demócrata también responde a un movimiento pendular más amplio, que se remonta casi 40 años atrás. En 1976, recuerda, Carter ganó la presidencia como demócrata evangélico con el "63% del voto de los evangélicos blancos". "Cuarenta años después, en 2016, Hillary Clinton solo consiguió el 16% del voto evangélico blanco. A su parecer, este desplazamiento fue el resultado de décadas durante las cuales los republicanos reforzaron los vínculos con los votantes religiosos, mientras que los demócratas dejaron de hacerlo. Y, en parte, también fue uno de los factores que permitieron a Trump tejer esta alianza con el nacionalismo cristiano blanco.