Xi recuerda a Trump la importancia de "la estabilidad estratégica" durante la visita a la Casa Blanca
El mandatario chino insiste en que las dos potencias "tienen mucho que ganar con la cooperación"
WashingtonLas críticas descarnadas contra China, que durante la pandemia culminaron con las constantes referencias al "virus chino", se han esfumado. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha hecho exhibición este jueves de buena sintonía con su homólogo chino, Xi Jinping, durante su visita a la Casa Blanca, la primera en una década. "Muchas cosas han cambiado desde que estuvo aquí la última vez", ha afirmado el magnate. La anterior vez que Xi visitó la residencia presidencial fue en 2015, con Barack Obama como anfitrión.
Muchas cosas han cambiado, como ha señalado Trump. La primera, que las previsiones estratégicas de aquella década sobre la evolución de China como principal potencia rival, prácticamente ya se han consolidado. El discurso de Xi ha sido una confirmación de que Pekín ya se considera un igual a Washington, y de acuerdo con ello, lo mejor que pueden hacer los dos gigantes es no ponerse zancadillas el uno al otro. El mandatario chino ha vuelto a invocar la idea de "la estabilidad estratégica" que ya planteó en mayo durante la visita del republicano a China.
"Debemos coexistir en paz, como he dicho muchas veces. China y Estados Unidos, como dos grandes potencias, tienen mucho que ganar con la cooperación y ambos perderán si entran en confrontación. No hace falta que evitemos hablar de la competencia, pero nuestra competencia debería ser saludable y mantenerse dentro de unos límites", ha afirmado el dirigente chino.
Xi plantea un mundo donde su país y los EE. UU. son los dos grandes gigantes que pueden existir en relativa paz si no interfieren en los intereses del otro. El mandatario chino no ha hecho referencia explícita, pero en medio de las buenas palabrasse podía leer el nombre de Taiwán. Hace años que Pekín reclama la isla autónoma como parte de su territorio, mientras que los EE. UU. se han encargado de hacer de guardaespaldas del gran productor de microchips. Aunque el retorno de Trump a la Casa Blanca ha enfriado esta posición: hace meses que un paquete de armas valorado en 14.000 millones de dólares para Taiwán está congelado.
El aplazamiento de la ayuda militar forma parte de esta delicada tregua en la que los dos países se están dando aire el uno al otro. No por una voluntad de cooperar, sino por una confluencia puntual de intereses. La otra cara de este equilibrio es la pausa en la guerra comercial que se han dado los dos países. China fue el único país que el año pasado se plantó ante los aranceles universales de Trump y consiguió hacerle recular restringiendo la exportación de minerales críticos a los EE. UU. Justo antes del encuentro, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya había anunciado que Washington ampliaba esta tregua dos meses más.
La IA bajo control humano
Xi ha ofrecido una de las afirmaciones más tajantes sobre el futuro de la inteligencia artificial en medio de las crecientes preocupaciones por los peligros que pueda implicar. El mandatario chino ha declarado que ambos países deben asegurarse de que la IA "siempre esté bajo control humano". Por su parte, Trump –que sigue obstinado en llamarla "superinteligencia"– ha afirmado que "las decisiones que tomemos hoy en estos ámbitos pueden favorecer la paz y la prosperidad durante décadas y décadas".
La recepción de este jueves vuelve a revelar que la visita era más un capricho de Trump para tener la fotografía con Xi en la Casa Blanca que una reunión donde se fuera a desencallar nada. Muy probablemente, Trump evitará tomar decisiones definitivas sobre estas cuestiones y las aplazará hasta finales de año, cuando volverá a coincidir con Xi en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y el G-20.
Tras la recepción a pie de pista con los cazas y el bombardero B-2, Trump ha recibido a Xi Jinping en la Casa Blanca al son de una fanfarria militar y una exhibición de las banderas estadounidense y china. Todo ejecutado por más de 400 soldados estadounidenses. En su turno, al magnate le ha gustado subrayar la "gran amistad" con su homólogo chino, en otra prueba del triunfo de su diplomacia personalista.
Pero, para Xi, no se trata de la relación personal, sino de la relación de poder entre dos potencias. "Los intereses de China y Estados Unidos están profundamente entrelazados", ha dicho el dirigente chino, que ha hecho explícitas sus expectativas sobre este acercamiento. "China mantiene las puertas bien abiertas, y da la bienvenida a las empresas norteamericanas que quieran invertir y hacer negocios allí. Esperamos que las empresas chinas sean tratadas de manera justa aquí, en Estados Unidos", ha afirmado. Durante la visita oficial de mayo, Trump desembarcó en China acompañado de los principales líderes de las grandes tecnológicas para abordar posibles negocios.
Xi ha correspondido a Trump y le ha agradecido la hospitalidad en "representación de los 1.400 millones de personas" de China, en un recordatorio de que dirige un país cuatro veces más grande que los EE. UU. El mandatario chino también ha anunciado que enviará una segunda pareja de pandas, esta vez al zoo de Atlanta, como muestra de "la amistad" entre ambos países.