Instituciones europeas

Un 0,8% de posibilidades de convertirse en eurócrata

El Parlamento Europeo
Periodista
3 min

Parece difícil creerlo pero estas semanas, en Bruselas, casi se habla más de oposiciones que del caos provocado por la guerra en Irán. Es la primera convocatoria generalista para graduados que quieran trabajar en las instituciones europeas desde 2019. Como ya cabía esperar, se han presentado más de 170.000 personas. Literalmente, es imposible vivir en Bruselas, tener menos de 40 años y no tener ningún conocido que se haya presentado.

Hay cuatro datos interesantes en esta convocatoria. La primera es que casi la mitad de los aspirantes son italianos. La segunda: si añadimos España (7,89%), Grecia (5,8%) y Portugal (2,9%), el bloque del sur de Europa supera el 60%. El tercer dato es que sólo se seleccionarán a 1.490 personas para formar parte de una lista de espera. Finalmente, esto significa que existe una probabilidad estadística del 0,85% de obtener la plaza. Dicho de otra forma: sólo una de cada 117 personas entrará en la lista.

Todo ello es la radiografía cruda de una brecha de oportunidades. Italia representa al 13% de la población de la UE, pero ha presentado más del 45% de los candidatos. Por el contrario, Alemania, que representa el 18% de la población, sólo ha presentado el 6,7%.

Un apunte: muchas solicitudes son de personas que ya trabajan con contratos temporales o de interinaje dentro de las instituciones. Sí, en Bruselas también se abusa de la temporalidad y la externalización. Y sí, el sur de Europa está sobrerrepresentado en las instituciones.

La desproporción en estas oposiciones es un síntoma más de la profunda desigualdad estructural en Europa. El drama no es que miles de graduados italianos quieran trabajar en las instituciones europeas, sino que vean una competición con un 0,85% de probabilidades como una de las pocas vías seguras hacia su proyecto de vida. Mientras el norte retiene su talento con mercados laborales más fuertes, el sur exporta a sus élites intelectuales en masa.

El sueldo para los afortunados supera los 6.000 euros bruto. Para un graduado español o italiano, con una carrera, dos masters y tres idiomas, que de media no se emancipa hasta los 30 años y que gasta casi la mitad del salario en el alquiler, es un cambio de vida absoluto. Para un alemán, que se independiza a los 24 y destina un 28% al alquiler es una opción interesante pero no un cambio tan grande.

Desigualdad de oportunidades

Segundo apunte: El proceso es profundamente desigual también desde un punto de vista de clase. Opositar a la UE requiere tiempo y recursos para descifrar un temario opaco, sin guías oficiales claras, que a menudo favorece a quien se puede pagar una preparación específica y tiene tiempo para dedicar a él oa quien conoce a alguien que trabaja.

Irónicamente, el mismo día que se cerraba la convocatoria, el Parlamento Europeo debatía sobre la crisis de la vivienda. Una casualidad de calendario que demuestra que la política europea todavía camina a un ritmo distinto al de las facturas que asfixian a los ciudadanos. Porque la realidad es que la gran mayoría de la población, graduados o no, no tiene tiempo que perder jugando a esta lotería. Le basta con llegar a fin de mes. Ya hemos hablado de la importancia de fortalecer el proyecto europeo, pero esta fortaleza también depende de la cohesión interna: de norte a sur y de este a oeste, pero también de abajo a arriba. Encontrar un trabajo estable y conseguir unas condiciones laborales decentes no puede ser sólo cosa de la mitad norte de la Unión. El proyecto europeo también era esto.

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