La carrera para entrar en la UE abre una nueva fractura en los Balcanes

Von der Leyen hace una gira por la región, que reclama que su compromiso europeísta se traduzca en avances reales

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Una bandera de Kosovo y una de la UE durante la visita de Von der Leyen a los Balcanes.
02/10/2026 - 17:35 h

BruselasLa Unión Europea tuvo claro al inicio de la invasión rusa de Ucrania que debía enviar un mensaje político a Moscú evidenciando que Kiev es europea. Los estados miembros se pusieron de acuerdo en un tiempo récord para conceder a Ucrania, y también a Moldavia, el estatus de países candidatos a entrar en el club comunitario y abrir las negociaciones de adhesión. Pero este ritmo de urgencia, sumado al impulso renovado por la adhesión de Montenegro y Albania, ha generado un agravio con el resto de candidatos y ha abierto una brecha en el corazón de los Balcanes.

Mientras Bruselas pisa el acelerador con los cuatro estados favoritos, países como Macedonia del Norte, Kosovo, Serbia y Bosnia ven cómo el proceso para entrar en el club comunitario —que dura ya más de veinte años— se eterniza. La UE esgrime que estos estados no ejecutan las reformas necesarias, pero las sociedades balcánicas reprochan a Bruselas que aplique diferentes varas de medir mientras crece el euroescepticismo en la región.

Esta cuestión espinosa ha teñido la gira que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha hecho por los Balcanes esta semana. La dirigente comunitaria ha visitado cuatro capitales de una región dividida: por un lado, Albania y Montenegro, considerados los "alumnos aventajados" en las negociaciones; por otro, estados como Kosovo o Macedonia del Norte, que reclaman que su compromiso europeísta se traduzca en avances reales. En Serbia y en Bosnia, que también son candidatos, no se ha detenido para evitar interferir en las campañas electorales que hay en marcha.

La presidenta de la Comisión ha alabado los avances de los candidatos —destacando el papel líder de Montenegro, que ha realizado el 90% de las reformas exigidas—, ha confirmado una inversión de 6.000 millones de euros en la región y ha anunciado que presentará una hoja de ruta de reformas específica para los países candidatos más avanzados —Montenegro, Albania, Ucrania y Moldavia— para acelerar su adhesión al bloque.

Según se ha filtrado a la prensa, la Comisión Europea propondrá a estos estados integrarse gradualmente en el mercado único europeo mientras no se complete su proceso de adhesión. El acceso económico a la eurozona, sin embargo, estará estrictamente condicionado a que estos países adopten las sanciones de la UE y no compartan tecnologías sensibles con potencias hostiles. La propuesta, que todavía no se ha hecho pública, apunta hacia una Europa a dos velocidades entre los candidatos: mientras unos se acercan al núcleo económico del club, los otros continúan atrapados en un proceso de adhesión sin fecha clara.

En los países menos avanzados en las negociaciones, las condiciones que impone la UE para acceder al bloque comunitario se perciben como un horizonte inalcanzable y generan un profundo desgaste. El caso de Macedonia del Norte es paradigmático. El país, candidato desde 2005, tuvo que cambiar su propio nombre constitucional para satisfacer el veto de Grecia. A pesar de haber cumplido todos los requisitos técnicos de la Comisión, después se encontró con el veto de Francia (que exigía una reforma del sistema de adhesiones) y, más tarde, con el de Bulgaria, que le exigía condiciones bilaterales, como reconocer que la lengua macedonia es un dialecto del búlgaro. Actualmente, a pesar de haber abierto formalmente el proceso en 2022, el país debe esperar, antes de abrir los bloques negociadores, a modificar su Constitución para incluir a la minoría búlgara. Un cambio que requiere el apoyo de dos tercios de su Parlamento.

Reticencias

Lo cierto es que tanto los estados miembros como la Comisión Europea tienen reticencias sobre las consecuencias que podría tener la entrada de nuevos estados en el club comunitario. Por un lado, existe el miedo a que la entrada de nuevos socios pueda derivar en un bloqueo en la toma de decisiones, tal como pasó con el gobierno húngaro de Viktor Orbán, que utilizó su derecho a veto en el Consejo de la UE para evitar aprobar las ayudas a Ucrania. En este sentido, estados como Alemania y Francia han pedido priorizar una reforma interna de los mecanismos que exigen la unanimidad a cualquier ampliación.

Por otro lado, existe la preocupación económica. La entrada de países con una renta per cápita muy inferior a la media de la UE y con grandes sectores agrarios (como Ucrania o Moldavia) alteraría drásticamente el presupuesto europeo. Según cálculos del think tank económico Bruegel, una Ucrania europea recibiría 85.000 millones de euros anuales a través de la Política Agraria Común (PAC). Esto reduciría drásticamente las ayudas que reciben países que actualmente son receptores netos de fondos (como España, Portugal, Grecia o Polonia).

El resultado de esta adhesión a dos velocidades, sin embargo, es que la frustración de algunos países balcánicos ha acabado derivando en nuevas alianzas. Rusia ha ganado influencia en los últimos años acercándose a actores políticos de Serbia y de la República Srpska de Bosnia, y también a través de la dependencia del gas y del petróleo ruso. Por su parte, China se ha dedicado a financiar grandes infraestructuras sin imponer condiciones de reformas políticas o institucionales, y presentándose como un socio fiable.

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