La despedida de Orbán reaviva el debate: ¿Ucrania tiene que entrar en la UE?
Los dirigentes europeos pretenden dar un paso adelante en el proceso de entrada de Kiev al bloque europeo, pero también piden no saltarse ningún trámite
BruselasViktor Orbán no se presentó a la última cumbre europea y, en cambio, Volodímir Zelenski asistió presencialmente como invitado. Un cambio de fichas sintomático de lo que puede suponer el adiós del líder pro-ruso de extrema derecha para el futuro de la Unión Europea, y, sobre todo, su relación con Ucrania.
Los efectos de la derrota electoral del principal aliado de Vladímir Putin en la UE ya se han notado incluso antes de dejar el gobierno. Pocos días después de los comicios húngaros, Budapest levantó el veto al macropréstamo de 90.000 millones de euros de la UE a Ucrania y al vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. Pero la aprobación de estas dos iniciativas solo es el comienzo de la nueva relación que los dirigentes europeos quieren iniciar con Kiev con la llegada de Péter Magyar, un conservador más europeísta y que —al menos de momento— se muestra abierto a dar apoyo a Ucrania.
En este contexto, tanto los dirigentes comunitarios como los jefes de estado y de gobierno europeos quieren aprovechar para dar un paso adelante en el ingreso del país ucraniano al club comunitario, y en la cumbre europea de la semana pasada abogaron por empezar las negociaciones entre Kiev y Bruselas. Un movimiento que debe aprobarse por unanimidad y que hasta ahora Orbán vetaba.
A pesar de la buena noticia que supone la victoria de Magyar para el futuro de Ucrania en la UE, diversas fuentes diplomáticas explican a ARA que en las instituciones europeas se respira un optimismo más bien moderado. A pesar de que las intenciones del próximo primer ministro húngaro "parecen buenas", no las tienen todas y coinciden en señalar que "hay que confirmar que continúa por el buen camino".
En cualquier caso, Magyar de momento ya ha visitado Bruselas –incluso antes de formar gobierno, cosa que no es habitual–, y ha mostrado muy buena sintonía con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. Después de visitarlos ha mantenido el compromiso de aplicar todas las medidas necesarias para retornar Hungría a los estándares democráticos de la Unión Europea, si bien miró de dejar la guerra de Ucrania más en un segundo plano.
Más allá de Magyar, las fuentes diplomáticas de las embajadas de los estados miembros ante la UE recuerdan que Hungría no era la única oveja negra de la Unión Europea y que ya se le habían sumado al menos dos socios más, como Eslovaquia y Chequia. Además, en Bruselas ahora existe el temor de que Bulgaria también se sume al grupo de los pro-rusos y euroescépticos, después de la victoria electoral de Rumen Radev. Aun así, las mismas fuentes matizan que ninguno de estos países, al menos de momento, no han llegado al nivel de entorpecer el funcionamiento de la Unión Europea de la Hungría de Orbán.
La división entre Alemania y Francia
Hay un gran consenso entre los estados miembros sobre la voluntad de que Ucrania entre a formar parte de la Unión Europea una vez se haya acabado la guerra. Ahora bien, hay una cierta división en el ritmo de adhesión. Alemania, que es el socio europeo más influyente del bloque, es uno de los que presiona para acelerar el proceso y, por ejemplo, el canciller Friedrich Merz ha propuesto una especie de semiadhesión. Es decir, que Kiev y Bruselas firmen un acuerdo de asociación y que los representantes ucranianos tengan un asiento en las instituciones europeas, como el Consejo Europeo o el Parlamento, pero solo como meros espectadores, sin derecho a voto.
Esta propuesta, sin embargo, no cuenta con el apoyo de demasiados estados miembros. Ningún dirigente europeo se ha sumado y, tal como apuntan fuentes diplomáticas, "no parece que pueda fructificar". De hecho, la mayoría de jefes de estado y de gobierno optan por rebajar las expectativas sobre una especie de adhesión exprés y coinciden en descartar que Ucrania pueda entrar en la UE a principios del año que viene, tal como se había apuntado en un primer momento.
En este sentido, diversos países, como Francia, piden que Ucrania tenga que pasar todos los trámites para entrar en la Unión Europea, como cualquier otro Estado que quiera sumarse al club comunitario, y que no se le haga ningún tipo de excepción, sobre todo para no cometer ningún agravio comparativo con países que hace años que están en la sala de espera del bloque. De hecho, las mismas fuentes diplomáticas apuntan que es "poco probable" que se aceptase la adhesión de Ucrania sin aprobar la de otros países, especialmente Montenegro y Albania.
Y, a la vez, el hecho de que Ucrania seguramente no entre sola a la UE hace que los Estados miembros se lo piensen dos veces a la hora de acelerar la adhesión de Ucrania. La sombra de Orbán, aunque ya haya perdido el poder, planea sobre Bruselas y el club europeo teme que otros países sigan los pasos del actual primer ministro húngaro en funciones y se acaben convirtiendo en un caballo de Troya. Por ello, diversos dirigentes europeos —y en esto coinciden Francia y Alemania— abogan por reformar el club comunitario antes de aceptar nuevos socios y también por retirar la unanimidad en las votaciones en ciertos ámbitos, como puede ser en asuntos exteriores, para evitar que un nuevo Orbán pueda poner contra las cuerdas el funcionamiento de la Unión Europea.