Unión Europea

Elevada participación en el referéndum de Islandia para reabrir el proceso de adhesión a la UE

Las encuestas prevén un resultado muy ajustado

ARA
29/08/2026 - 21:41 h.

Barcelona"¿Islandia debería reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea?". Es la pregunta del referéndum de este sábado en el país ártico, que determinará no su entrada al bloque comunitario sino la reanudación de unas conversaciones que se detuvieron hace diez años, con la llegada de fuerzas euroescépticas al gobierno. Al mediodía, la participación superaba la de las últimas elecciones legislativas que se hicieron en 2024. En la circunscripción de Reikiavik Norte había votado al mediodía el 13,7% del electorado, frente a poco más del 10% en las elecciones de 2024; en Reikiavik Sur, la participación superaba ligeramente el 14%, tres puntos más que en las legislativas. Más del 20% de los electores ya habían votado anticipadamente, según la radiotelevisión pública islandesa RÚV.

Se prevé un resultado muy ajustado. Los partidarios de la adhesión a la UE defienden que a Islandia le conviene acercarse a sus vecinos europeos para afrontar problemas que no entienden de fronteras, como el cambio climático. También sostienen que el euro aportaría más estabilidad que la volátil corona islandesa y frenaría tanto la creciente inflación (del 5,6%) como los elevados tipos de interés. También hay razones de índole geopolítica: la imprevisibilidad de Donald Trump y sus amenazas de apoderarse de la vecina Groenlandia –que en diversas ocasiones ha confundido con Islandia– han acentuado las inquietudes de los isleños. La invasión rusa de Ucrania ha sacudido las doctrinas de seguridad establecidas: la isla ocupa una posición estratégica en la región subártica, no tiene ejército y depende de la OTAN y de un acuerdo bilateral de defensa firmado en 1951 con los Estados Unidos.

Cargando
No hay anuncios

Los opositores consideran, en cambio, que Islandia ya disfruta de todas las ventajas de la integración europea sin tener que asumir las cesiones de soberanía que comporta la adhesión: es miembro del Espacio Económico Europeo (igual que Noruega y Liechtenstein), y también forma parte de la Asociación Europea de Libre Comercio, y del espacio Schengen de libre circulación de personas. También esgrimen acuerdos comerciales, como el que el país mantiene con China, que consideran más favorables. La cuestión de la pesca –uno de los pilares de la economía islandesa y un sector sobre el cual Reikiavik quiere mantener el control exclusivo– debería negociarse con Bruselas, y los afectados aseguran que el sistema de cuotas no se adapta a su realidad de aislamiento ni a las características de este sector. Todavía se recuerda la guerra de la caballa de 2010, cuando la UE y Noruega se enfrentaron a Islandia y a las islas Feroe por el aumento unilateral de sus capturas, a raíz de la emigración del pescado hacia el norte a causa del cambio climático. La ganadería, que también es un puntal de la actividad en la isla, también es reticente a tener que someterse a los requisitos del mercado único.

El atractivo del proyecto comunitario

El coste del , sin embargo, es menos elevado, ya que el acuerdo que surgiera de las negociaciones con Bruselas, en el caso de que se reanudaran, se sometería a un segundo referéndum. El triunfo del no, en cambio, es más definitivo, porque políticamente los proeuropeos tendrían que esperar unos años a recuperarse de la derrota. El país, de poco menos de 400.000 habitantes, solicitó la adhesión a la UE a raíz de la crisis financiera del 2009, que devastó su economía y llevó a un movimiento de revuelta popular y la llegada al poder de la izquierda. Las negociaciones de adhesión se suspendieron en 2013, con el cambio de color del gobierno. Ni el inicio de las negociaciones ni su suspensión se sometieron a referéndum y esta vez la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, ha querido consultarlo primero a la ciudadanía.

Cargando
No hay anuncios

Para la Unión Europea, el resultado es también importante: todavía tocada por la salida del Reino Unido con el Brexit, desde 1995 no ha incorporado ningún país rico que pueda contribuir al presupuesto comunitario. Un triunfo del daría una victoria política a Bruselas y demostraría que el proyecto comunitario todavía puede ser atractivo para países con altos niveles de renta. En el ámbito geoestratégico, reforzaría la posición de la UE en el Ártico y dentro de la OTAN. Un triunfo del no, en cambio, daría aún más alas a los partidos y movimientos euroescépticos.