Unión Europea

El 'no' se impone en el referéndum de Islandia sobre el ingreso a la UE

Los líderes euroescépticos capitalizan un resultado que debilita Bruselas

La primera ministra Kristrun Frostadottir votando en el referéndum sobre el ingreso de Islandia a la Unión Europea.
Cristina Mas
30/08/2026 - 20:59 h.
4 min

BarcelonaEl no se ha impuesto en el referéndum de Islandia sobre la reanudación de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea con una clara ventaja: el 52,8% frente al 47,2%. La participación ha sido altísima: un 82,5%. El resultado es un golpe para el proyecto comunitario, que quería incorporar un país de renta alta tras el revés que supuso el Brexit para reforzarse internamente y también ante las amenazas exteriores que representan los Estados Unidos, Rusia y China. Por ello Bruselas había mostrado una cierta flexibilidad en las cuestiones más espinosas que preocupaban a Reikiavik, sobre todo las cuotas pesqueras. Los líderes de extrema derecha euroescépticos no han perdido la oportunidad de celebrarlo.

El gobierno islandés había planteado la consulta como un "ahora o nunca" y ha perdido la apuesta. La primera ministra Kristrún Frostadóttir, que se había implicado personalmente en la campaña por el ha dicho en la televisión pública que espera que el referéndum no deje una sensación de división en el país: "Me he encontrado con mucha gente por todo el país y estaban abiertos a cualquier resultado". Ha reconocido que la población de las zonas rurales, ligada a la pesca y la ganadería, tenía miedo del impacto que podía tener el hecho de incorporarse al bloque europeo.

Los partidarios de la adhesión a la UE defendían que a Islandia le conviene acercarse a los vecinos europeos para afrontar problemas que no entienden de fronteras, como el cambio climático. También sostenían que el euro aportaría más estabilidad que la volátil corona islandesa y que frenaría tanto la inflación creciente (del 5,6%) como los tipos de interés elevados. También había razones de índole geopolítica: la imprevisibilidad de Donald Trump y sus amenazas de apoderarse de la vecina Groenlandia –que en diversas ocasiones ha confundido con Islandia– han acentuado las inquietudes de los isleños. La invasión rusa de Ucrania ha sacudido las doctrinas de seguridad establecidas: la isla ocupa una posición estratégica en la región subártica, no tiene ejército y depende de la OTAN y de un acuerdo bilateral de defensa firmado en 1951 con los Estados Unidos.

Los opositores consideraban, en cambio, que Islandia ya goza de todas las ventajas de la integración europea sin tener que asumir las cesiones de soberanía que comporta la adhesión: es miembro del Espacio Económico Europeo (igual que Noruega y Liechtenstein) y también forma parte de la Asociación Europea de Libre Comercio, y del espacio Schengen de libre circulación de personas. También esgrimen acuerdos comerciales, como el que el país mantiene con China, que consideran más favorables. La cuestión de la pesca –uno de los pilares de la economía islandesa y un sector sobre el cual Reikiavik quiere mantener el control exclusivo– debería negociarse con Bruselas, y los afectados aseguran que el sistema de cuotas no se adapta a su realidad de aislamiento ni a las características del sector en el país. Todavía recuerdan la guerra del verdel de 2010, cuando la UE y Noruega se enfrentaron a Islandia y a las islas Feroe por el aumento unilateral de sus capturas, a raíz de la emigración de este pescado hacia el norte debido al cambio climático. La ganadería, que también es un puntal de la isla, también es reticente a someterse a los requisitos del mercado único.

Los líderes euroescépticos han querido capitalizar rápidamente la victoria del no. “En un momento en que algunos presionan a favor de más federalismo y el traspaso de soberanía a la Comisión Europea, esta votación nos recuerda que otra Europa es posible, una Europa de naciones libres y soberanas que cooperen voluntariamente en los temas de interés común", ha dicho Marine Le Pen en X.

El ultra Nigel Farage ha sido más directo y ha felicitado a Islandia "por haber votado a favor de mantener su independencia".

Hulda Þórisdóttir, profesora de ciencias políticas de la Universidad de Islandia, ha dicho a la agencia Reuters que no le han sorprendido los resultados, teniendo en cuenta el tono del tramo final de la campaña, la difusión de desinformación y unos recursos financieros considerablemente mayores de la campaña del no. "El no ha ganado por una combinación de factores: un fuerte sentimiento de que el Espacio Económico Europeo es todo lo que necesitamos, una sensación de excepcionalismo islandés, intereses económicos propios y mucha desinformación entre los menos implicados". En concreto ha citado algunas ideas falsas entre algunos votantes del no que decían que no querían que sus hijos tuvieran que enrolarse en el inexistente ejército de la UE.

Los atractivos del proyecto comunitario

El triunfo del solo habría puesto en marcha las negociaciones con Bruselas y el resultado se habría tenido que someter a un segundo referéndum. El triunfo del no, en cambio, es más definitivo, porque, políticamente, los proeuropeos tendrán ahora que esperar unos años a recuperarse de la derrota. El país, de poco menos de 400.000 habitantes, solicitó la adhesión a la UE a raíz de la crisis financiera del 2009, que devastó la economía, condujo a un movimiento de revuelta popular y culminó con la llegada de las izquierdas al poder. Las negociaciones de adhesión se suspendieron en 2013, con el cambio de color del gobierno. Ni el inicio de las negociaciones ni su suspensión se sometieron a referéndum, y esta vez Frostadóttir ha querido consultarlo primero a la ciudadanía.

El resultado no es una buena noticia para la Unión Europea, que desde 1995 no ha incorporado ningún país rico que pueda contribuir al presupuesto comunitario. Héctor Sánchez Margalef, investigador del Cidob, apunta a el ARA que "la UE tiene que pensar por qué, ni siquiera en las circunstancias actuales, la UE es capaz de atraer un país pequeño con el argumento de la seguridad". Admite que "es una lástima que un país que sería contribuyente neto al club comunitario no entre y que no arrastre a otros países a hacer lo mismo, como Noruega". Pero recuerda que "Islandia ya disfruta de muchas ventajas por el hecho de formar parte del mercado europeo y que ya tiene relaciones muy amplias con Europa, un espacio suficientemente atractivo como para que el país acepte las normas sin participar en la toma de decisiones". En todo caso, Sánchez constata que el resultado "es una victoria para los Estados Unidos", aunque la prioridad de las instituciones europeas es continuar con el calendario previsto de incorporar Montenegro, Albania y, más tarde, Ucrania.

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