Unión Europea

España ya no está sola en la OTAN: crece la oposición de los aliados europeos contra el gasto militar de Trump

Italia y el Reino Unido son dos de los principales países que admiten dificultades para destinar el 5% del PIB a defensa

03/07/2026

BruselasUna de las imágenes que ocupó más portadas de la cumbre de la OTAN de La Haya del año pasado la protagonizó Pedro Sánchez. En la foto de familia de los dirigentes de los aliados se veía al presidente del gobierno español ligeramente desplazado a una esquina, un poco apartado de sus homólogos. Aunque fue un pequeño detalle, fue sintomático y retrató a la perfección la soledad del líder socialista en la Alianza Atlántica, dominada por los Estados Unidos, ahora de Donald Trump.

El gobierno español fue el único que se negó –aunque solo de palabra, porque firmó de todas maneras las conclusiones de la cumbre– a comprometerse a incrementar el gasto militar hasta el objetivo exigido por Donald Trump: el 5% del producto interior bruto (PIB). Pese a la presión de los Estados Unidos y otros socios europeos, Sánchez mantiene que no piensa destinar más del 2,1% a la defensa.

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Ahora, sin embargo, la foto es otra. El presidente del gobierno español ya no es el único que se muestra crítico con este rearme o que acepta dificultades para asumir este gasto militar. Diversos aliados se han sumado al club de Sánchez –aunque con un tono mucho más moderado y disimulado– pocos días antes de la cumbre de la OTAN de este año, que se celebra en Ankara (Turquía) este martes y miércoles que viene.

Quien fue una de las principales aliadas de Trump en Europa, Giorgia Meloni, también ha alzado la voz. Más allá de los múltiples enfrentamientos que han tenido los dos dirigentes por el Papa y por la guerra en Irán, el gobierno italiano ha hecho declaraciones públicas en las que se muestra escéptico sobre su capacidad de alcanzar los porcentajes en gasto militar que exige el Pentágono. El mismo ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, ha asegurado que es "imposible" que Roma llegue al 5% del PIB en gasto militar en 2035 y que, a lo sumo, se puede quedar en el 3,5%.

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Además, Meloni, que lidera un país con una opinión pública pacifista y con la segunda deuda más elevada de la Unión Europea, se ha quejado en reiteradas ocasiones a la Comisión Europea de que aplique medidas excepcionales en fiscalidad para facilitar un gran incremento en gasto militar y, en cambio, ponga trabas a iniciativas similares en otras cuestiones, como la crisis energética provocada por la guerra en Irán. De hecho, a petición de Meloni y Sánchez, Bruselas ha permitido superar el tope del déficit del 3% en un 0,2% para dar ayudas energéticas, mientras que para el gran rearme deja que la tasa se eleve hasta un 1,5% más.

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Italia no es el único aliado con un peso sustancial en la entidad militar que está dando señales de incumplimiento. Otra de las grandes potencias militares europeas, el Reino Unido, está presentando dificultades, que salieron a la luz en plena crisis del gobierno de Keir Starmer. A pesar de que Londres promete que tiene la intención de llegar al 5% del PIB, el anterior ministro de Defensa, John Healey, publicó una carta en la que presentaba su dimisión porque el ejecutivo no tenía una "hoja de ruta" creíble para llegar a la tasa exigida por Trump y criticó que Hacienda le imponía un límite de gasto que imposibilitaba que el Reino Unido alcanzara el compromiso firmado en La Haya el año pasado. Con todo, después de esta polémica, Starmer ha presentado esta semana un nuevo incremento presupuestario para defensa, si bien tampoco garantiza que cumpla con el objetivo de la OTAN.

Los díscolos del este

La gran mayoría de los países del este son los que se han rearmado a un ritmo más acelerado y que presionan al resto de aliados para que sigan el mismo camino. Muchos de estos estados se sienten más amenazados que los del suroeste del continente por el expansionismo de Vladímir Putin, tanto por su pasado en la órbita rusa como por la proximidad geográfica. Ahora bien, también hay unos cuantos pocos socios que mantienen más bien una relación ambigua con Bruselas y Moscú, y se encuentran entre dos aguas. Y precisamente algunos de estos estados, como la República Checa, Hungría e, incluso, Eslovenia son los que ven menos necesario el gran rearme para protegerse de potenciales ataques rusos y rechazan abiertamente alcanzar los objetivos de gasto militar de la OTAN.

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Además, en el caso de Eslovenia, la Alianza Atlántica le ha tocado el bolsillo para incluir en el cálculo de gasto militar inversiones en otros campos, como infraestructuras, controles de fronteras o ciberseguridad. Una práctica que no parece exclusiva del país esloveno y de la que ya hay indicios de que otros estados miembros recurran a la misma estrategia para intentar inflar la tasa. De hecho, el gobierno italiano anunció un recálculo según el cual –teóricamente, ahora sí– se encuentran en la senda correcta de incremento de gasto militar de la OTAN.

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En este sentido, fuentes diplomáticas de la OTAN admiten que varios aliados han pedido revisar los criterios que marcan qué se puede incluir como gasto militar. Entre estos estados se encuentran sobre todo los que son más reticentes al rearme militar de Europa, como España o Italia. Los Estados Unidos, sin embargo, se niegan en redondo a aceptar lo que entienden que, en la práctica, permitiría que los socios europeos se gastaran menos de lo que acordaron en la cumbre de la Alianza Atlántica de La Haya del año pasado.

Además, los aliados están obligados a presentar a la OTAN la senda de incremento de capacidades militares cada cierto tiempo y, en caso de que estas evaluaciones concluyan que hay países que la están incumpliendo, la Casa Blanca ya ha amenazado con hacerlas públicas, hecho que se prevé que sea un nuevo motivo de choque político entre Trump y los líderes europeos. De hecho, los Estados Unidos han redoblado la presión para que los socios europeos incrementen el gasto militar durante los últimos días, y se prevé que el presidente estadounidense se lo recuerde en persona –habrá que ver con qué tono– en la cumbre de la Alianza Atlántica de la semana que viene en Turquía.