Reino Unido

Una fontanero de 34 años hunde aún más el liderazgo de Keir Starmer

El Partido Verde triunfa en una elección parcial en el sur de Manchester, en un nuevo síntoma de la impopularidad del 'premier'

Act. hace 13 min

LondresEl primer ministro, Keir Starmer, ha despertado este viernes por la mañana con un nuevo quebradero de cabeza. Otro, que pondrá más presión sobre un liderazgo ya debilitado. Superado por el Partido Verde, el laborismo ha obtenido un resultado catastrófico en la elección parcial celebrada este jueves en el distrito de Gorton and Denton, un tradicional feudo laborista en el sur de Manchester. Hace dos años, en las elecciones de julio de 2024, el Labour logró el 50,8% de los votos. Ayer, se desplomó justo a la mitad: el 25,4%, quedando relegado a la tercera posición, por detrás incluso del Partido Reformista de Nigel Farage.

Hannah Spencer, una fontanera de 34 años, prácticamente recién llegada en política, ha obtenido una confortable victoria con más de 4.400 votos de diferencia en relación a los populistas de Farage. Los resultados para los conservadores han sido aún más demoledores que para el gobierno, que sólo han obtenido poco más de 700 sufragios.

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En un distrito prácticamente dividido en dos grandes áreas, una de mayoría musulmana (Gorton) y otra de mayoría blanca y trabajadora (Denton), las urnas han puesto al descubierto lo que ya apuntaban todas las encuestas: la doble hemorragia que sufre el gobierno. Por la izquierda, a favor de los Verdes, que hacen suyas las políticas más progresistas socialmente que antes eran bandera del laborismo, denunciando las enormes desigualdades del país. Por la derecha, a favor de los reformistas, que hacen de la inmigración la cabeza de turco de todos los males.

Tras hacerse oficiales los resultados, la ya nueva diputada Hannah Spencer –que además de fontanero, hace dos semanas logró la calificación de yesero– ha querido combatir el mensaje racista que espeta el Partido Reformista: "La vida ha cambiado. Trabajamos para llenar los bolsillos de los multimilion. pongan unos contra otros."

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En general, las elecciones parciales –que tienen lugar cuando un diputado es baja por el motivo que sea– son siempre difíciles para el partido en el gobierno. Pero la celebrada ayer en el sur de Manchester es, además, especialmente significativa del estado de la política británica: ambos partidos tradicionales, laboristas y conservadores, sólo han logrado el 27,3% de los sufragios; los otros dos, Verd y Reformista, se llevaron el 69,4%. La pregunta clave, que por el momento no tiene respuesta, es saber si el bipartidismo puede estar erosionándose de forma estable o sólo es la flor de un día.

¿El 7 de mayo como fecha final?

Si hace unas semanas, a raíz de el escándalo Epstein y su relación con el ex embajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, el jefe del premier, Keir Starmer, estuvo a punto de caer, la situación es ahora más grave. Porque sus decisiones, tanto las tácticas como las estratégicas, han favorecido aún más el derrumbe en la elección parcial. Todos los dedos ya lo señalan y sólo esperan el momento oportuno, y el candidato idóneo y de consenso para derribarlo.

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La Decisión de Starmer de vetar al popular alcalde en Manchester, Andy Burnham –le llaman The King of the North–, de presentarse a la contienda electoral, se puede revelar ahora como un disparo en el pie. La excusa para prohibirle fue que dejaría vacante a la alcaldía y desataría un innecesario proceso electoral. Pero la realidad es que Burnham, más a la izquierda que Starmer, es visto como una posible alternativa a su liderazgo. Pero para serlo, debe tener un escaño en los Comunes. En otras palabras, Starmer eliminó a un posible rival en caso de que las elecciones locales de Inglaterra y las nacionales de Gales y Escocia, del 7 de mayo, vayan muy mal datos para el laborismo, como indican todas las encuestas.

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Las decisiones estratégicas tampoco han ayudado en nada a Starmer. Aunque llegó por delante del partido suscribiendo los postulados de izquierda de su antecesor, Jeremy Corbyn, ya en el liderato los eliminó sistemáticamente. Y purgó toda la izquierda, acercándose a posiciones de centro y de derecha. En especial en lo que se refiere al tema clave de la inmigración, hasta el punto de abrazar los argumentos del extremista Nigel Farage. Aspectos más coyunturales, como su inicialmente tímida posición sobre el genocidio en Gaza, le ha penalizado mucho entre la población musulmana de Gorton and Denton.

Lo más preocupante para el laborismo es que este viernes, la ministra de Transportes Heidi Alexander, encargada de parar los golpes en los medios de comunicación, se ha dedicado a profundizar en el discurso tecnocrático, defendiendo las decisiones tomadas, rechazando ninguna autocrítica e insistiendo en que el gobierno está aplicando las políticas correctas. La narrativa es clara: "Estamos arreglando lo que heredamos, hace falta tiempo". Pero en el contexto de crisis del coste de vida, precariedad y servicios públicos tensionados, el relato macroeconómico –inflación a la baja, tope energético reducido– no sustituye a la percepción cotidiana de dificultad. Y el Partido Reformista, con la lucha contra la inmigración por bandera, ya va por vía.

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Farage ofrece indignación, los Verdes ofrecen idealismo y el laborismo ofrece prudencia. La prueba real para Starmer llegará el 7 de mayo, con las citadas elecciones locales y nacionales en Escocia y Gales. Si el partido confirma las pérdidas que avanzan las encuestas, y especialmente pierde Gales, se intensificará la tensión interna y el debate sobre la estrategia y el líder estallará de forma abierta. Quien más se frota las manos, por ahora, es Nigel Farage. Porque los conservadores están en caída libre, su partido en ascenso meteórico y los Verdes, pese a la victoria en Gorton and Denton, todavía no parecen una alternativa sólida dentro de la izquierda.