La "guerra de ciudades" en Rusia y Ucrania presagia un año sangriento para los civiles

El Kremlin amenaza a Kiev con ataques sistemáticos, pero los expertos no creen que sea capaz

MoscúDel desgaste a la extenuación. El conflicto en Ucrania ha entrado en una fase de estancamiento militar y diplomático que ha abocado a ambos ejércitos a los ataques de larga distancia. Mientras las líneas se mueven a cuentagotas, cada vez más y mejores drones y misiles vuelan hasta las profundidades del país enemigo. Algunos analistas lo comparan con la “guerra de ciudades” que se vivió en los años ochenta entre Irak e Irán, cuando Saddam Hussein ordenó una serie de ataques masivos contra ciudades iraníes con la esperanza de cambiar el rumbo de la invasión. El resultado de esta escalada es una cifra de muertos entre la población no combatiente que este año va camino de batir todos los registros.

Oficialmente ninguno de los dos ejércitos bombardea objetivos civiles. Ucrania lleva meses golpeando con éxito las industrias, las refinerías y los puertos rusos, pero desde principios de año estos ataques han provocado más víctimas que antescomo pretexto el bombardeo ucraniano que mató a 21 jóvenes en la región ocupada de Luhansk.Pero el miedo se ha colado entre las defensas antiaéreas de las ciudades rusas bajo el enunciado de Volodímir Zelenski de “devolver la guerra al lugar de donde vino”. Y, si bien las autoridades se esfuerzan en ocultar la realidad prohibiendo la difusión de imágenes de ataques con drones, a los vecinos no les queda más remedio que adaptarse a este nuevo peligro. Ante esta vulnerabilidad, el Kremlin ha elevado el tono de las amenazas utilizando como pretexto el bombardeo ucraniano que mató a 21 jóvenes en la región ocupada de Luhansk. “El vaso de la paciencia se ha agotado”, afirmaba esta semana el ministerio de Exteriores ruso en un comunicado, donde prometía el inicio de una oleada de ataques sistemáticos contra centros de toma de decisiones de Kiev.

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Y si los expertos militares ucranianos rechazan el concepto de la “guerra de ciudades”, los analistas rusos la abrazan, al menos retóricamente, y asumen como aceptables las muertes de civiles. “Hay una demanda dentro de Rusia de fuertes ataques de represalia”, declara Vasili Kaixin en el Kommersant. En este mismo diario, el observador militar Andrei Ilnitski describe “la escalada gestionada” como “una consecuencia inevitable de la escalada ucraniana”, y el politólogo Dmitri Suslov alerta: “El siguiente peldaño son los ataques directos contra objetivos dentro de los países de la UE y la OTAN”. Más contundentes aún son los comentaristas del diario gubernamental Rossiyskaya Gazeta, en el que Yuri Knutov califica la amenaza rusa de “decisión muy sabia, esperada desde hace tiempo y necesaria” y hace un llamamiento a defenderse con “ataques preventivos” contra Kiev “noche y día”. Finalmente, Viktor Litovkin se refiere a los líderes ucranianos: “Estos señores no deben sentirse seguros en ningún sótano o búnker donde se escondan, y también debemos atacar la estación de tren de Kiev para evitar que lleguen bufones europeos”.

Los riesgos de una escalada sin fin

Stupak considera que estamos ante una sobreactuación. “Rusia no es capaz de aumentar significativamente el número de ataques aéreos sobre la capital ucraniana”, apunta, y añade: “No espero que nos sorprendan con nada especial”. Pero algunos analistas ucranianos sí que están preocupados por esta nueva dinámica. En el diario Ukraínskaia Pravda, Mikhail Dubinianski lamenta que en la \u201guerra de ciudades”, Kiev es capaz de “complicar seriamente la vida del enemigo, pero no de facilitar la vida de su población civil”. “Una espada devastadora es más fácil de forjar que un escudo fiable. Es imposible proteger a tus ciudadanos, pero les puedes ofrecer la satisfacción moral de saber que el enemigo también lo está pasando mal. Al mismo tiempo, siempre existe la tentación de sobreestimar la propia resistencia y subestimar la de los demás”, escribe.

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Las Naciones Unidas denuncian que solo durante los primeros cuatro meses del año murieron en Ucrania y en los territorios ocupados por Rusia 815 civiles víctimas del conflicto. A pesar de que las cifras de mayo aún no están disponibles, se prevé que se superen los 200 muertos y que en total se eleven por encima de los 1.000. Esto es un 21% más que en el mismo periodo de 2025 y un 93% más que en 2024. En las regiones rusas del 1 de enero al 11 de mayo habían muerto 180 personas, según un recuento de Nóvaia Gazeta Evropa, un 64% más de media que el año anterior.