Reino Unido

Keir Starmer se escuda en la "ignorancia" para intentar salvar el pellejo por el caso Mandelson

El 'premier' dice a los Comunes que los funcionarios del ministerio de Exteriores le ocultaron que el exembajador en Washington no superó el veto de las agencias de seguridad

20/04/2026

LondresLa sombra de Peter Mandelson continúa amenazando a Keir Starmer. El primer ministro británico ha comparecido esta tarde en la Cámara de los Comunes para justificar lo que no tiene justificación posible. Hasta el punto de que el mismo premier ha calificado una de sus explicaciones de "increíble". Poniéndose la venda antes de la herida, Starmer ha aceptado, de entrada, que muchos de los diputados presentes encontrarían así –del todo "increíble"– que el más alto funcionario del ministerio de Exteriores no le comunicara que Mandelson no había superado el veto de las agencias de seguridad para ser nombrado embajador en Washington a finales de diciembre del 2024.

La esencia de su mensaje ha venido a decir que había sido honesto, pero que ignoraba el resultado de las evaluaciones de las agencias de inteligencia, cosa que no fue culpa suya, sino de los funcionarios que no le dijeron nada. En resumen, Starmer ha preferido pasar por un primer ministro que no sabe qué pasa a su alrededor antes que admitir que ignoró deliberadamente las advertencias del funcionariado. O, incluso, que asumió un riesgo político muy alto conscientemente porque creía que Mandelson –el príncipe de las tinieblas de la política británica durante más de tres décadas– era la persona ideal para lidiar con la nueva administración Trump.

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Starmer ha comenzado su alocución admitiendo, por enésima vez, que "no debería haber nombrado a Peter Mandelson", y que hacerlo fue un "error de juicio". Una equivocación que erosiona enormemente su credibilidad –y ya hace meses– y que ahora vuelve a los grandes titulares a menos de veinte días de unas elecciones clave en Inglaterra, Gales y Escocia. Elecciones que, según todas las encuestas, serán catastróficas para el laborismo y cuyo resultado podría acabar definitivamente con su liderazgo menos de dos años después de haber logrado una mayoría abrumadora en las generales de julio del 2024.

Mandelson, de 72 años, fue destituido del cargo en septiembre pasado después de que nuevas informaciones en relación con el caso Epstein revelaran que continuó manteniendo relaciones con el pederasta después de que fuera condenado en 2008 por prostitución de menores.

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El nuevo capítulo del culebrón –que había tenido otros muy graves, como cuando se conoció que filtró información confidencial del gobierno Brown al financiero estadounidense cuando era ministro– estalló la semana pasada.

El diario The Guardian reveló el jueves que el funcionariado del ministerio de Asuntos Exteriores ignoró deliberadamente el mencionado veto de las agencias de seguridad sobre la idoneidad de Mandelson. Esta falta de confianza no se basaba solo en sus muy conocidos vínculos con Epstein, sino también en los intereses y relaciones de algunas de las empresas en las que actuaba como consejero con la Rusia de Putin y la China de Xi Jinping. Unas conexiones que la inteligencia del Reino Unido consideraron incompatibles con el cargo ante la Casa Blanca.

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Un plato que se sirve frío

La versión oficial que Downing Street se ha esforzado en difundir es que, ante el dilema que suponía el hecho de que Starmer ya hubiera anunciado el nombramiento, el ministerio utilizó una potestad excepcional para anular la recomendación negativa de los servicios de inteligencia. La oficina del primer ministro descarga así toda la responsabilidad en el más alto funcionario del Foreign Office, Olly Robbins. El mismo jueves, Starmer y la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, le pidieron la dimisión. Este martes este alto funcionario comparece ante el Comité de Inteligencia y Seguridad de los Comunes. Su versión será clave para conocer si el primer ministro ha dicho o no la verdad. Esta tarde, sin embargo, ha tenido que oír cómo le decían "mentiroso" en la cámara.

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El debate en los Comunes ha sido muy áspero y ha recordado algunos de los que tuvieron lugar durante el período de Boris Johnson como primer ministro, cuando también prefirió hacerse el desentendido y pasar por un tonto que no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, que no por un mentiroso, en relación con las famosas fiestas durante la pandemia.

Tanto la líder de los conservadores como el de los liberaldemócratas, Kemi Badenoch y Ed Davis, respectivamente, han pedido la dimisión del premier. Pero quien más ha castigado a Starmer han sido sus propios diputados. Y es que el nombramiento de Mandelson fue visto como la última maniobra del aparato blairista del laborismo, que desde 2015 socavó tanto como pudo la autoridad de Jeremy Corbyn. Desde este punto de vista, Starmer solo ha sido el actor instrumental para purgar a la izquierda. Este lunes han pasado cuentas. Y en función de lo que diga mañana Olly Robbins y del dictamen de las urnas el 7 de mayo, irán a por todas. La venganza es un plato que se sirve frío.