Putin acepta no atacar Kiev durante tres días por la visita de los emisarios estadounidenses
Trump intenta revivir las negociaciones de paz en Ucrania con el presidente ruso enrocado
MoscúDespués de más de medio año con las conversaciones de paz detenidas por el conflicto en Oriente Medio, Donald Trump busca reimpulsar las negociaciones para llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra de Ucrania. Sus emisarios, Steve Witkoff y Jared Kushner, han aterrizado este sábado en Moscú, donde a esta hora se reúnen con Vladímir Putin, y al día siguiente estarán por primera vez en Kiev para encontrarse con Volodímir Zelenski. La visita tiene lugar en plena escalada de bombardeos cruzados de largo alcance y con el presidente ruso menos dispuesto que nunca a hacer concesiones. Pese a ello, ambos bandos han acabado aceptando un alto el fuego de tres días sobre las dos capitales para garantizar la seguridad de los diplomáticos estadounidenses.
La tregua, que suele considerarse una prueba de buena voluntad, ha estado marcada por la resistencia de Putin. El viernes, Zelenski anunció que detendría inmediatamente los ataques tanto en el frente como en la retaguardia, pero Rusia no estuvo de acuerdo y quiso marcar los tiempos y las condiciones. Durante la madrugada del sábado, el ejército ruso ha continuado los bombardeos y ha matado a cuatro personas en la región de Dnipropetrovsk.
Además, también ha atacado los aeropuertos de los alrededores de Kiev, en un intento de dejar claro que no era seguro para los enviados de la Casa Blanca volar hasta la capital ucraniana. Zelenski los ha calificado de actos “demostrativos” y “deliberados”. “Claramente, estos ataques rusos a los aeropuertos son una reacción a las discusiones y preparaciones para la posibilidad de que la parte estadounidense utilice una aeronave para viajar a Ucrania. Shaheds ruso-iraníes en respuesta a la diplomacia americana”, ha escrito.
No ha sido hasta la tarde que el Kremlin ha acatado el alto el fuego, pero lo ha circunscrito a Kiev y Moscú, y se ha negado a detener la ofensiva en la primera línea. De esta manera, el gobierno ruso pretende dar a entender a los negociadores que son ellos quienes tienen la sartén por el mango y que es Ucrania quien intenta desesperadamente conseguir una pausa en los combates. Además de apuntar a los aeropuertos de Kiev, que hacía tiempo que no eran objetivo de los drones rusos, la víspera, el ejército ruso también atacó el despacho del jefe de la inteligencia ucraniana en el centro histórico de la ciudad, culminando más de una semana de ataques incesantes contra la capital.
Expectativas bajas
Putin, como en las siete visitas anteriores de Witkoff, ha vuelto a hacer esperar a sus invitados. Los emisarios de Trump han aterrizado al mediodía en Moscú y el presidente ruso ha llenado su agenda de actos hasta reunirse con ellos a las ocho de la tarde. El asesor presidencial Kirill Dmítriev, quien mejor relación tiene con ellos, los ha recibido en el aeropuerto y se los ha llevado a comer a un restaurante del centro de la ciudad donde en los cristales se podía leer “¡Todo por la victoria!”. El local es propiedad de un rapero pro-Putin que también se quedó con el negocio de la estadounidense Starbucks cuando la compañía abandonó Rusia en 2022.
Las expectativas de esta doble visita son muy bajas y los escollos que han encallado hasta ahora cualquier acuerdo de paz no se han desvanecido. El presidente ruso está convencido de que sus tropas podrán conquistar pronto el Donbás, a pesar de la evidencia de que sus avances son muy lentos. El Kremlin no quiere negociar nada mientras Zelenski no ordene a sus hombres que abandonen los últimos bastiones de esta región. Y, si bien ya no confía en que Washington pueda forzarle a dar este paso, la diplomacia rusa insiste en que la administración estadounidense “debe tener en cuenta las realidades sobre el terreno, donde la situación está cambiando en detrimento de Kiev”. Si no, ya ha expresado en diversas ocasiones que está decidido a obtener su meta por las armas.
Según diversas informaciones, el viaje del director de la CIA, John Ratcliffe, a Rusia para convencer al entorno de Putin de que lo más sensato era encontrar una salida a la crisis antes de que la situación militar y económica empeorase no gustó en Moscú.
En cambio, el presidente ucraniano mantiene que la entrega del Donbás es un punto de partida intolerable e insiste en la exigencia de un alto el fuego previo a toda discusión. Zelenski lleva muchos meses bregando para que se reactiven los esfuerzos diplomáticos, truncados por el ataque estadounidense a Irán, y para que los enviados de los Estados Unidos puedan ver de cerca los estragos de la guerra. No obstante, aunque públicamente se muestra esperanzado por los resultados de esta visita, en Ucrania no confían en que allane el camino hacia la resolución del conflicto.
Trump aseguraba antes del viaje que Witkoff y Kushner llevarían a Moscú y a Kiev una “idea para la paz”. Ahora bien, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha matizado este sábado que no se trataba de una nueva propuesta. Las fórmulas planteadas hasta ahora no han funcionado y cada vez que la Casa Blanca ha intentado espolear la mediación con nuevos planes, ha topado con la inflexibilidad de un Putin para quien esta guerra es su legado y de un Zelenski que no quiere pasar a la historia como el presidente que rindió Ucrania.