"El hombre más peligroso de Alemania" quiere hacer historia
Ulrich Siegmund, candidato de la extrema derecha de la AfD en Sajonia-Anhalt, llega como gran favorito a los comicios del domingo
BarcelonaUn carismático hombre de 35 años recorre los pueblos de un estado federado alemán a bordo de una Simson azul de 1975, la mítica moto de la antigua Alemania Oriental. En cada parada, miles de seguidores con su cara estampada en la camiseta gritan su nombre y hacen cola para conseguir una fotografía o un autógrafo antes de que vuelva a subir a la moto y retome el viaje. Lo que podría parecer la gira de una estrella del rock es, en realidad, la campaña electoral de Ulrich Siegmund, el político que aspira a convertir Sajonia-Anhalt en el primer estado alemán gobernado por la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD).
Con la vista puesta en las elecciones regionales del 7 de septiembre, Siegmund, nacido en Tangermünde solo tres semanas después de la reunificación, recorre la Alemania Oriental apelando a un pasado idealizado. Visita fábricas, habla con trabajadores y sirve cervezas de grifo. El candidato de la AfD no responde al patrón del político tradicional. Casi nunca hace discursos largos, sino que prefiere la conversación, el nombre propio y la sonrisa. Su capacidad de persuasión es innegable: sabe cómo captar la atención de alguien y cómo conseguir que escuche su mantra.
Quizás tenga algo que ver haber estudiado psicología del consumidor y haber sido vendedor de fragancias. Como declaraba el mismo Siegmund al podcaster Ben Berndt comparando la política con su etapa en la venta de perfumes, "allí donde huele bien, estadísticamente la gente se queda más tiempo e interactúa más con el producto". Su estrategia comunicativa parece llevar esta lógica al terreno electoral. Elegantemente vestido, con barba bien recortada y un corte de pelo moderno, Siegmund convierte los mítines en afables encuentros informales.
Una imagen amable para un discurso radical
Pese a esta apariencia inofensiva, el diario alemán Der Spiegel lo llegó a definir como “el hombre más peligroso de Alemania”. Una etiqueta que, lejos de intimidarlo o restarle votos, Siegmund ha sabido aprovechar para incorporarla a su campaña. "Un especial agradecimiento a Der Spiegel", dijo. El candidato se fotografía sonriente con ejemplares de la revista y sus seguidores no han tardado en personalizar sus camisetas con el lema.
Siegmund mantiene un discurso radical incluso dentro de la misma AfD. La rama regional del partido en Sajonia-Anhalt está calificada como organización de extrema derecha por la Oficina Regional para la Protección de la Constitución. El exvendedor de perfumes considera la inmigración "uno de los grandes problemas de la sociedad" y defiende la “reemigración”, un concepto que plantea la expulsión de miles de migrantes, incluidos ciudadanos alemanes "no asimilados".
Antes de llegar al partido de extrema derecha, Siegmund pasó brevemente por la CDU de Angela Merkel, partido al cual se afilió en 2008, con solo 18 años. Decepcionado con las políticas de la excanciller, en 2014 Siegmund dio el salto a la AfD, solo un año después de la fundación del partido. En 2016 consiguió un escaño en el Parlamento regional de Sajonia-Anhalt, donde al principio pasaba desapercibido, hasta que descubrió el potencial de un discurso más radical.
Fue durante la pandemia de covid-19 que su figura política se empezó a consolidar. A través de las redes sociales, principalmente TikTok, Siegmund cuestionó la gestión de la crisis y señaló a las instituciones y a los medios de comunicación. Ahora tiene más de medio millón de seguidores en Instagram y cerca de 750.000 en TikTok, unas cifras que rivalizan directamente con las del canciller alemán, Friedrich Merz.
Un equipo con raíces neonazis
Lo que genera más preocupación es su entorno más estrecho, especialmente relevante porque el candidato asegura tener preparado "el 95% de su futuro equipo de gobierno", formado principalmente por personas de confianza. Figuras clave como Patrick Harr, portavoz parlamentario; Laurens Nothdurft, asesor jurídico, o Felix Willer, diputado, tienen un pasado común como exmiembros de la Heimattreue Deutsche Jugend (HDJ), una organización abiertamente neonazi, prohibida en 2009 por el gobierno federal.
El grupo, de carácter ultranacionalista, organizaba campamentos infantiles inspirados en las Juventudes Hitlerianas, donde se impartían clases sobre “el estudio de la raza” y se hacían talleres para pintar esvásticas en la cara. La presencia de antiguos miembros de la HDJ en el círculo de confianza de Siegmund refuerza las dudas sobre hasta qué punto la imagen moderada del candidato corresponde al proyecto político que pretende desplegar si llega al gobierno.
De hecho, Siegmund defiende una educación que refuerce una visión nacional de la historia alemana. Ha cuestionado cómo las escuelas gestionan la enseñanza del nazismo y ha defendido que hay que abordar “todos los aspectos, tanto los negativos como los positivos”, para mantener “una relación positiva con nuestra cultura y con nosotros mismos”.
La prueba de fuego en el 'Brandmauer'
Bajo el lema "Todo es posible", las encuestas le esbozan un apoyo masivo, con intenciones de voto que rondan el 43% para la AfD frente a un 23% para la CDU del primer ministro Sven Schulze. Una victoria que sería a la vez abrumadora e insuficiente: Si Siegmund no obtiene más del 46%, no podrá gobernar en solitario, y es consciente de que difícilmente podrá pactar con otras formaciones a causa del cordón sanitario a la extrema derecha, conocido en Alemania como Brandmauer (cortafuegos).
Como señala en conversación con el ARA el analista de asuntos internacionales del Cidob Héctor Sánchez Margalef, Siegmund puede ser quien ponga esta barrera ante su primera gran prueba. Según el politólogo, el mismo cordón sanitario puede haber contribuido a reforzar a la AfD. Desde 2017, explica, la exclusión del partido ha alimentado su imagen como “la única alternativa real” al resto de fuerzas políticas.
Esto sitúa a Siegmund en una posición paradójica: no tener suficientes votos para gobernar puede acabar siendo el mejor resultado para el partido a largo plazo, ya que obligaría al resto de partidos a entenderse y reforzaría a la AfD como la única alternativa al sistema. Aun así, ningún escenario se puede descartar. Sánchez Margalef apunta que dentro de la CDU hay voces que asumen que la AfD acabará siendo una alternativa de gobierno y que consideran pactar con ellos, o incluso entrar en un gobierno con ellos, para intentar “modular y moderar” sus puntos de vista.
Sea como sea, la decisión de los ciudadanos de Sajonia-Anhalt tendrá consecuencias más allá de Alemania. Una entrada de la AfD en un gobierno regional coincidiendo con el avance de fuerzas de extrema derecha en otros países europeos podría contribuir a romper los tabúes sobre su entrada en los ejecutivos nacionales de todo el continente.