Urnas contra migrantes: un idílico pueblecito de Inglaterra hace un referéndum para independizarse del Reino Unido

Piddington, de 370 habitantes, protesta contra la acogida de 1.250 solicitantes de asilo y atiza el gran debate político británico

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Residentes de Piddington, después de conocer el resultado del referéndum de independencia del Reino Unido, la semana pasada.
25/09/2026 - 12:31 h
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LondresEn la película Pasaporte a Pimlico (1949), la explosión de una bomba de la Segunda Guerra Mundial deja al descubierto una antigua carta real que demuestra que una parte de este barrio del sur de Londres pertenece legalmente al ducado de Borgoña. El descubrimiento desencadena un debate delirante sobre la soberanía y la identidad de sus habitantes, que intentan aprovechar el vacío legal para escapar de las restricciones de la posguerra. Una absurdidad administrativa acaba convirtiéndose en una cuestión de estado.

En Piddington, un pueblo de unos 370 habitantes situado en el condado de Oxfordshire, a cien kilómetros al noroeste de Londres, la absurdidad y la bomba es de otro tipo. La semana pasada, sus residentes aprobaron en un referéndum simbólico la secesión del Reino Unido. La consulta, obviamente, no tiene ninguna validez jurídica, pero sí una carga política y mediática considerable: el 92% de los participantes, 286 vecinos frente a 26, se pronunciaron a favor de romper con Westminster. Y para reafirmar la voluntad, la villa ha decidido autodenominarse Principality, equivalente a principado.

El origen de la protesta es la decisión del gobierno británico de instalar en una antigua base de la Royal Air Force (RAF), situada a un kilómetro y medio del pueblo, un centro de acogida para al menos 1.250 migrantes, ampliable hasta más de 3.000.

Contexto explosivo

La iniciativa se inscribe en un contexto político explosivo. La inmigración se ha convertido en una de las grandes cuestiones del debate público británico desde el referéndum del Brexit, y es también uno de los principales caballos de batalla de la derecha populista.

La repercusión de la votación de Piddington ha sido suficiente para que otra localidad, Barnham, en el condado de Suffolk, a 140 kilómetros al noreste de Londres, haya manifestado la intención de seguir el mismo camino como forma de oposición a un centro similar. Y el líder del Partido Reformista, Nigel Farage, incluso ha pronosticado que se producirán muchas más consultas similares. La ultraderecha local y global –Elon Musk ha apoyado a Piddington a través de X– se frota las manos.

El componente simbólico de la protesta se acentuó por el hecho de que la votación tuvo lugar el 15 de septiembre, 86º aniversario del Battle of Britain Day, la jornada que conmemora la gran ofensiva de la Luftwaffe sobre Londres en 1940 y la respuesta de la RAF. No es casualidad que Tim McNally, presidente del consejo parroquial de Piddington, definiera la fecha como el día de la "batalla por la Gran Bretaña" y un ejemplo de "democracia en acción".

McNally ha explicado a la prensa británica que, acostumbrados a gestionar cuestiones cotidianas como el estado de las carreteras, los baches o el mobiliario urbano, el aviso recibido el 26 de julio de la instalación del centro les hizo entender que no podían quedarse de brazos cruzados. Según el dirigente municipal, el pueblo quedó "deprimido" y "conmocionado psicológicamente".

Entre los residentes, la inquietud se centra sobre todo en la seguridad y en el futuro de la comunidad. Victoria Hubbobs, que vive en el pueblo desde hace casi una década, asegura que había elegido Piddington porque representaba "un lugar seguro" donde sus hijos podían disfrutar de la misma libertad y sentido de comunidad que ella había experimentado durante la infancia. Ahora, en cambio, considera que la situación "priva a mis hijos de su infancia".

Otro vecino, Mario Terzino, se mostraba pesimista sobre las perspectivas de futuro del pueblo. Y afirmaba que no se veía viviendo allí a largo plazo por la seguridad de su hija de 18 años. Teme que las propiedades pierdan todo su valor. "No podremos vender nuestras casas. No creo que ni siquiera las podamos regalar", aseguraba.

El dique seco de Inchgreen, en Greenock, estuvo casi una década sin recibir grandes trabajos de reparación, hasta que en marzo de 2013 se utilizó para realizar reparaciones urgentes en el ferry Finnarrow, de la compañía de transbordadores Stena Line. Las grúas fueron retiradas posteriormente, en julio de 2017.

Piddington y Barnham comparten algunas características que pueden ayudar a entender la naturaleza de la protesta. Ambas son pequeñas comunidades rurales y demográficamente poco diversas. En Piddington, el 95,5% de los residentes son blancos y el 43,8% tienen más de 65 años. Barnham, con 584 habitantes, presenta una estructura de edad algo más equilibrada, con un 58,8% de población en edad laboral y un 17,7% de mayores de 65 años. El 97,1% de los residentes son blancos. En los distritos electorales de ambas localidades ganó la opción de salir de la Unión Europea en el referéndum de 2016.

Más allá de la anécdota del primer referéndum y de la posibilidad de que se convoquen más, el caso de Piddington vuelve a demostrar hasta qué punto la inmigración sigue siendo una cuestión explosiva en la política británica.

Y eso a pesar de que las llegadas de migrantes a través del canal de la Mancha han disminuido notablemente respecto a años anteriores: en 2025 llegaron 41.472 personas y hasta el 15 de septiembre de este año, solo han cruzado 17.729.

La otra cara de la moneda

La cruz de la moneda es Greenock, una ciudad industrial del oeste de Escocia, que afronta una grave crisis demográfica: desde 1981 ha perdido 22.000 habitantes y se prevé que pierda el 16% más de los actuales 78.000 en las próximas dos décadas. En este contexto, la llegada de migrantes africanos, refugiados y otros extranjeros ha contribuido a estabilizar la población. Por esta razón el consistorio quiere atraer a más y ayudarles a arraigar. La presencia de nuevos comercios africanos y nuevos trabajadores del sector sanitario son muestra de ello.

Hay un problema grave, sin embargo. La falta de trabajo: en cuatro años se han perdido 1.500 puestos de trabajo y antiguos motores económicos como IBM o los astilleros han desaparecido del paisaje. En testimonios recogidos por la prensa local y nacional, muchos vecinos describen Greenock como una ciudad "vacía" o "fantasma", y cuestionan que se pueda repoblar sin crear trabajo que atraiga a más gente. En este contexto, los refugiados tienen aún más dificultades para encontrar ocupación, a pesar de que la mayoría querrían integrarse y ser independientes.

El consistorio ofrece clases de inglés y apoyo para acceder a trabajos cualificados. La inmigración, que se ha triplicado hasta unas 750 llegadas anuales, ha frenado la caída, pero también ha generado tensiones y protestas. La gran incógnita es saber si Greenock podrá convertir esta repoblación en una recuperación económica sostenible.

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