Reino Unido

Starmer y Burnham se reúnen para facilitar una transición ordenada

El 'premier' en funciones autoriza a los funcionarios de Whitehall a establecer contactos con el equipo del candidato 'de facto' a ocupar Downing Street

23/06/2026

Londres¿Quién es Andy Burnham más allá del tópico sobre Mánchester y el manchesterismo? El Reino Unido se hace la pregunta, ya que puede convertirse en cuestión de tres semanas en nuevo primer ministro, después del anuncio de dimisión de Keir Starmer. En un gesto de aceptación de la brutalidad de la política, el premier en funciones se ha reunido este martes con su sucesor de facto fuera de Downing Street, según ha revelado The Times.

Starmer, por otra parte, ha autorizado conversaciones de acceso a información vital de la maquinaria de gobierno entre funcionarios de Whitehall y sus posibles sucesores. Por el momento, sin embargo, solo Burnham ha confirmado sus aspiraciones. Con todo, dos nombres más, Darren Jones y Al Carns, podrían acabar formando parte de los extras de una función que, en cualquier caso, ya tiene un final decidido.

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La pregunta de quién es Burnham también se la hace el grupo parlamentario laborista. Si bien este lunes más de doscientos de los cuatrocientos y pico diputados que lo forman se hicieron un selfie con él para darle la bienvenida, como se haría con un viejo conocido, lo cierto es que sus correligionarios tienen muy poco que ver con los que se sentaban en los Comunes cuando Burnham abandonó la cámara, en 2017. Solo el 10% tienen memoria política directa sobre el exalcalde de Mánchester durante su etapa anterior en Westminster. Y son estos datos los que pesan en el calendario de los próximos días para cerrar la crisis.

El Partido Laborista se debate entre la coronación y un proceso de primarias. No para poner en riesgo la elección de Burnham, sino para testar sus políticas y sus capacidades. Sobre todo porque los últimos días, durante la victoriosa campaña de Makerfield, ha hecho algunas reculadas y cambios de parecer que esbozan la tensión entre la aspiración política y la praxis sobre el terreno.

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La necesidad de someter a Burnham a este examen político, al menos a juicio de algunos diputados y lores laboristas, ha adquirido aún más relevancia después de que trascendiera que el contenido del primer gran discurso programático que pronunciará la semana próxima está dedicado a la economía. Burnham aprovechará su intervención para intentar disipar una de las principales incógnitas que rodean su candidatura: hasta qué punto está dispuesto a desafiar la ortodoxia fiscal heredada de Starmer.

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Según filtraciones de su equipo, el futuro jefe de gobierno se comprometerá a respetar las reglas fiscales laboristas y a mantener la disciplina presupuestaria, un mensaje dirigido tanto a la City como a los diputados preocupados por su credibilidad económica. Al mismo tiempo, defenderá una agenda de crecimiento basada en la inversión pública, la construcción de viviendas, la reforma de los servicios públicos y, sobre todo, una transferencia mucho mayor de poder hacia las regiones inglesas. En otras palabras, intentará combinar prudencia presupuestaria con una estrategia de transformación económica inspirada en el modelo de descentralización que ha defendido durante años desde Manchester.

Su intervención será observada con especial atención porque constituirá, en cierto modo, la primera respuesta a la pregunta que muchos diputados laboristas se formulan estos días: ¿qué hará exactamente Andy Burnham cuando llegue a Downing Street? Sus aliados sostienen que es posible impulsar una política económica más activa sin entrar en colisión con los mercados. Los escépticos, en cambio, dudan que se pueda construir una agenda genuinamente progresista manteniendo intactos los límites fiscales actuales.

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En este sentido, diversos analistas han destacado una combinación entre coherencia ideológica general y una cierta flexibilidad en la manera de expresar o ajustar sus posiciones según el contexto político. Justamente en el ámbito económico, ha hecho declaraciones críticas con la dependencia de los mercados financieros y con el mencionado marco de disciplina presupuestaria autoimpuesto por el gobierno. Pero durante la campaña de Makerfield ha reiterado que cualquier política bajo su liderazgo respetaría estas reglas fiscales. Dicho de otra manera, no piensa desafiar la lógica de la City.

Uno de los diputados que sí estaban en los Comunes durante la primera etapa de Burnham como parlamentario, Jon Trickett, apuesta porque el aspirante a premier "exponga sus políticas, cómo las conseguirá y que esto se dispute en unas elecciones dentro del partido". "Creo que esto reforzaría la posición de Andy", ha declarado a la BBC. Trickett lo conoce lo bastante bien porque coincidieron en el gobierno de Gordon Brown. "Es un tipo genial, gusta a la gente, es muy agradable, tiene una mente aguda, pero no sé exactamente cómo sería su gobierno si fuera el primer ministro, y este periodo debe servir para establecer cuáles son tus ideas", ha dicho.

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¿Pragmatismo o flexibilidad?

¿Qué piensa Burnham, por ejemplo, sobre la Unión Europea? El año pasado, durante el congreso del Partido Laborista, expresó abiertamente que su opinión personal es favorable a un posible retorno del Reino Unido a la UE. Pero también señaló hace unas semanas que no forma parte de su agenda política inmediata "reabrir el debate del Brexit" y que hay que respetar el resultado del referéndum, del cual este martes se cumple una década.

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Una reapertura de la herida que, de hecho, le ha pedido hoy mismo el alcalde de Londres, Sadiq Khan, partidario sin ambages del retorno a la UE. En Bruselas, por otro lado, han cancelado la cumbre prevista con el Reino Unido para el 22 de julio, en la que Starmer pensaba profundizar en el reinicio de las relaciones. Sea como sea, si Burnham no está dispuesto a romper las líneas rojas del referéndum, difícilmente podrá ir más allá de lo que ha hecho su predecesor.

Sus partidarios sostienen que esta aparente capacidad para defender posiciones diferentes según las circunstancias es una muestra de pragmatismo político. Los críticos, en cambio, ven en ello una flexibilidad excesiva. La discrepancia recuerda la célebre observación atribuida a Paddy Ashdown, líder liberaldemócrata, sobre Tony Blair: "El problema de Tony es que siempre se cree lo que dice en el momento en que lo dice", una indiscreción que recogió en su autobiografía Ken Clarke, ministro del Tesoro de John Major.

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Quizás para probar al candidato, 81 diputados laboristas aún firmarán la papeleta para dar apoyo a uno de los dos aspirantes a "premier": Al Carns o Darren Jones. Con todo, es muy difícil que se llegue a evitar la coronación del rey del norte de Inglaterra. Lo que es seguro es que Burnham tendrá poco tiempo para contentar a los británicos. Desde el Brexit, el país se ha acostumbrado a quemar primeros ministros prácticamente cada Sant Joan.