La victoria demócrata en los EE. UU., ¿un triunfo también para Ucrania?
El Congreso puede presionar a Trump para mantener el apoyo a Kiev, pero sin la posibilidad de resolver a corto plazo la escasez militar ucraniana
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BarcelonaSi las elecciones de medio mandato eran una oportunidad para frenar las "malas ideas" de Donald Trump –en palabras del diplomático estadounidense Daniel Fried–, la victoria demócrata se podría leer como un contrapeso a los vaivenes del presidente estadounidense en el posicionamiento respecto a Ucrania. Y lo será, en parte, pero posiblemente no tanto como querrían los ucranianos porque el magnate neoyorquino seguirá teniendo la última palabra en materia exterior. Ahora bien, paradójicamente, un Trump debilitado internamente también podría utilizar la política exterior para proyectar poder y buscar victorias que le puedan reforzar también internamente.
El triunfo demócrata en las midterm deja un Congreso favorable a Ucrania, pero la escasa capacidad de las dos cámaras para transformar el apoyo a Kiev en acciones palpables ya se ha evidenciado en los dos primeros años de la segunda administración de Trump. El Congreso puede influir en la asistencia militar a Ucrania, la financiación de la OTAN y las sanciones contra Rusia, pero estos dos años desde el retorno de Trump a la Casa Blanca han demostrado que la simpatía de las cámaras hacia Ucrania –a pesar de la mayoría republicana– es inútil ante un Trump que no ha solicitado desde su retorno a la Casa Blanca la aprobación del Congreso de más financiación de asistencia militar a Ucrania. Durante el mandato de Joe Biden, el Congreso –con mayoría demócrata– aprobó cinco proyectos de ley para ayudar a Ucrania, con los cuales se destinaron 164.000 millones de dólares (unos 146.000 millones de euros) al país en guerra.
Uno de los efectos más inmediatos del cambio de color en el Congreso de los EE. UU. puede ser que la ayuda a Ucrania vuelva a estar sobre la mesa, pero solo esto no resolverá a corto plazo la escasez de equipamiento que sufre Kiev para defenderse de los drones y misiles rusos. La ayuda a Ucrania llega al Congreso en forma de leyes de gasto extraordinario que se deben votar en la Cámara de Representantes y en el Senado, y que después firma el presidente. Así, están sujetas a la voluntad de la Casa Blanca, que es también quien decide qué armas se envían y a qué ritmo. Además, la retención de equipamiento militar tampoco sería una novedad: ha sido una medida utilizada por Trump estos dos años como medida de presión al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Este distanciamiento con Kiev contrasta con el acercamiento desvergonzado con el presidente ruso, Vladímir Putin, a quien el magnate neoyorquino se ha acercado todavía más en las últimas semanas por necesidad electoral para intentar aplacar el incremento del precio del diésel.
Si Trump no ha consensuado su política exterior con el Congreso cuando había mayoría republicana, gobernando a golpe de decreto, nada hace pensar que ahora, con mayoría demócrata, esto cambie, y es improbable que un Congreso demócrata limite la política exterior de Trump. Los demócratas no tienen suficiente mayoría para poder vetar leyes y, de hecho, quien ya ha dicho que vetará las iniciativas legislativas que salgan del Congreso es el mismo Trump.
¿Un activo para la paz?
Un Congreso demócrata tampoco implicará que Trump actúe con más cautela. De hecho, en política exterior podría traducirse en todo lo contrario, avisa Majda Ruge, experta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés). Con debilidad interna por el freno a su agenda política y económica que suponen ahora unas cámaras demócratas, el republicano podría redoblar sus esfuerzos en política exterior. Esto puede implicar, advierte Ruge, que sus dos últimos años de mandato sean todavía más imprevisibles. En el caso de Ucrania, el republicano podría tener interés en proyectarse como pacificador, intentar sacar rédito de un posible acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania, celebrar las victorias que no pueda tener en los EE. UU. y garantizarse un legado en política exterior.
Rusia y Ucrania reanudarán la semana que viene las negociaciones, después de nueve meses y de un nuevo impulso de Trump, que hasta ahora ha defendido una paz que implica concesiones territoriales del país invadido. En Moscú hay sentido de urgencia por alcanzar un acuerdo de paz que le sea beneficioso, en el que el Kremlin pueda capitalizar la proximidad con Washington. A parecer de la prensa rusa, la ventana de oportunidad para alcanzarlo es de unos dos meses porque calculan que a partir de enero la cooperación entre los EE. UU. y Rusia quedará muy tocada y volverá la unidad atlántica en el apoyo a Ucrania.
La urgencia rusa también se demuestra en la rápida respuesta del Kremlin a la derrota de los republicanos. Mientras Zelenski ha guardado silencio después de la derrota de los republicanos, Rusia se ha apresurado a dejar claro que el triunfo demócrata en las midterm no debe cambiar nada. "El presidente Trump continúa en el poder y esperamos, sinceramente, que persista en los esfuerzos pacificadores", dijo el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.
Más allá de Trump, el impulso a los demócratas que han dado las elecciones de medio mandato también debe ayudar a determinar el rumbo del partido en política exterior y dibujar cuál podría ser la agenda para Ucrania de una futura administración demócrata.