El papa condena el trato de los migrantes en Europa

El Papa vuelve a la isla de Lesbos, símbolo del drama migratorio

MilàCinco años después de su visita histórica, el papa Francisco vuelve a Lesbos, la isla convertida en epicentro del drama migratorio en Europa. "Aturemos este naufragio de la civilización. Y no dejemos que el mare nostrum se convierta en un desolador mare mortuum", ha dicho en un contundente mensaje ante refugiados y cooperantes en la isla, en presencia también de la presidenta griega, Katerina Sakelaroupulu. El pontífice ha destacado que las migraciones son "una crisis humanitaria que nos concierne a todos", pero de la que ningún gobierno se quiere ocupar, a pesar de que "estan en juego vidas humanas". Francisco ha dicho que las imágenes de criaturas ahogadas en las playas "nos tendrían que avergonzar a todos" y ha denunciado "la parálisis del miedo, la indiferencia que mata, el cínico desinterés que con guantes de seda condena a la muerte a quienes están en los márgenes". También ha criticado "el uso de fondos comunitarios para construir muros", porque "aunque los temores pueden ser comprensibles", "no es levantando barreras como se resuelven los problemas y se mejora la convivencia".

En plena emergencia migratoria, en el campo de refugiados de Moria vivían más de 10.000 personas, una inmensa cárcel a cielo abierto en el corazón de una pequeña isla. En septiembre, un incendio lo destruyó y los inmigrantes fueron trasladados a otras estructuras. El pontífice visitará ahora el nuevo campo de Mavrovouni, donde actualmente viven unas 2.500 personas, víctimas de una política de asilo europea incapaz de ofrecer una alternativa digna a miles de familias, menores incluidos.

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Lesbos se ha convertido en uno de los símbolos del pontificado de Francisco. El líder de la Iglesia católica que se presentó ante los fieles aquel 13 de marzo de 2013 como “un Papa venido del fin del mundo”, se erige una vez más como altavoz contra las políticas migratorias, un mensaje que no siempre ha encontrado consenso en los gobiernos, como es el caso de Grecia, que ultima la construcción de un muro para frenar la llegada de refugiados.

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Hacia la periferia

Desde su elección, Jorge Mario Bergoglio ha reinterpretado su papel en el seno de la Iglesia católica visitando regiones del mundo donde no siempre es recibido con los brazos abiertos. Francisco ha revolucionado la diplomacia de la Santa Sede e impulsado una nueva geopolítica orientada hacia las periferias del mundo. Para algunos analistas se trata del pontífice más político de los últimos años, una etiqueta que también es utilizada en su contra para alimentar las sospechas de su cercanía con los regímenes autoritarios latinoamericanos, especialmente en Cuba y Venezuela.

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El papa Francisco trata de acercarse a las periferias geográficas del mundo y prioriza países donde los católicos son minoría para consolidar las relaciones entre las distintas confesiones religiosas. El primer destino fuera de la diócesis de Roma fue Lampedusa, donde acuñó la expresión “globalización de la indiferencia”. Después llegaron Filipinas, Sri Lanka, Turquía, Myanmar o Emiratos Árabes Unidos, donde bendijo el diálogo entre cristianos y musulmanes junto al Gran Imán de Al-Azhar en un histórico documento.

La pandemia hizo que el pontífice, que este mes cumplirá 85 años, tuviera que permanecer encerrado, pero apenas pudo volver a volar, viajó hasta un Irak aún herido de guerra, uno de los destinos más complicados a los que se ha enfrentado. Según Andrea Monda, director del 'Osservatore Romano', diario oficial de la Santa Sede, tres verbos resumen su pontificado: tocar, deshacer y curar. Tres claves que definen también la geopolítica de la Santa Sede inaugurada por el ex arzobispo de Buenos Aires. “El Papa no es un político, es un pastor, pero está llevando a cabo una contranarrativa sistemática respecto a la narrativa del miedo extendida en el mundo”, explica el jesuita Antonio Spadaro, director de la revista Civiltà Cattolica. “Francisco aplica la misericordia a la diplomacia. Su actitud consiste en reunirse con los mayores jugadores en el campo y asumir la responsabilidad de tomar decisiones valientes, a veces incluso arriesgadas”.

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Uno de sus grandes hitos fue convertirse en el gran mediador que facilitó el deshielo entre Cuba y Estados Unidos en 2014. Unos meses antes, Francisco puso en marcha la compleja diplomacia vaticana para lograr un histórico encuentro en el Vaticano entre los presidentes de Israel y Palestina, Simon Peres y Mahmoud Abbas. Pero la gran partida se juega ahora en China. El acuerdo firmado en 2018 entre Pekín y la Santa Sede, con el que el Vaticano reconocía a los obispos nombrados por el régimen en las últimas décadas, a cambio de aceptar la autoridad del Papa como jefe de la Iglesia católica, fue un punto de inflexión en las relaciones diplomáticas entre ambos Estados, rotas desde 1951. “La cuestión de China no es fácil, pero estoy convencido que no se debe renunciar al diálogo”, confesó en una reciente entrevista. Según los analistas, el sueño de Francisco de convertirse en el primer Papa en poner un pie en el país asiático podría estar más cerca que nunca.