Coronavirus

Italia, dividida, empieza a usar el pasaporte sanitario

El certificado se pide ya en bares, museos y cines, y el gobierno lo ha ampliado a trenes, buses, aviones y barcos

AlguerUn cartel con un enorme código QR escondido bajo una estrella de David y una frase que es más que una declaración de intenciones da la bienvenida al Bar Passerò: 'Ayer, hoy y mañana entrarán todos siempre'. La protesta de Gianfranco, propietario del histórico establecimiento en la ciudad sarda de Alguer, no ha pasado inadvertida. “En su momento, prohibieron a los judíos entrar en locales publicos porque se les consideraba un peligro para la pureza de la raza, ahora estamos de nuevo frente a una imposición fundada en razones que no están científicamente demostradas”, comenta indignado. No es el único. 

La introducción desde este viernes del pasaporte sanitario para acceder al interior de bares, restaurantes, gimnasios, piscinas, teatros, cines o museos divide a los italianos. La mayoría de empresarios y propietarios de locales de restauración confía en que servirá para evitar nuevos cierres, aunque lamentan haber sido “olvidados” por las instituciones. “Desde el inicio de la pandemia, nuestro sector no ha sido considerado como una industria que genera empleo, sino como algo prescindible. Y esto ha creado un clima de fuerte tensión porque mucha gente se ha sentido poco valorada”, explica al teléfono Oscar Fusini, presidente de Confcommercio, la Confederación italiana de Comerciantes. 

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Frente a la división de los empresarios del sector, dos de cada tres italianos se muestra a favor del 'certificado verde', según un reciente estudio. Para conseguir el pasaporte sanitario --o green pass, como se conoce en Italia-- los ciudadanos mayores de 12 años deberán acreditar estar vacunados con al menos una dosis, haber superado recientemente la enfermedad o presentar un test negativo realizado en las últimas 48 horas. El Gobierno ha puesto a disposición de los titulares de los establecimientos afectados una aplicación con la que podrán escanear el código que aparece en el documento digital y obtener una respuesta en tiempo real sobre la validez del certificado. Y esta es otra de las críticas de los profesionales de la restauración.

“Al principio, el pasaporte sanitario tuvo una respuesta positiva porque fue visto como un instrumento que evitaría el cierre de nuestros establecimientos en verano si los datos empeoraban, pero creemos que no corresponde al propietario de un bar o un restaurante controlar a su propio cliente”, denuncia Fusini. 

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En Alguer la primera jornada con las nuevas reglas no ha traído muchos problemas. El tiempo acompaña y la mayoría de los turistas prefieren almozar en las terrazas, donde el certificado no es necesario. Alberto, un sardo residente en Génova que ha vuelto a Cerdeña para disfrutar de las vacaciones, prefiere disfrutar del aire acondicionado y muestra “por primera vez” su pasaporte sanitario a la camarera de uno de los restaurantes cercanos al puerto. “Estoy completamente a favor. Por un lado, da mayor tranquilidad a los clientes ya que tendrán menos probabilidad de contagiarse y, por el otro, no limita mi libertad porque me permite hacer e ir donde quiera”, defiende. 

En el resto de Italia, el primer día de la nueva normalidad transcurrió sin incidentes. De Milán a Nápoles, volvieron a verse colas en las puertas de los monumentos y museos casi como antes de la pandemia, a causa del tiempo empleado en comprobar la certificación de cada visitante, que debe ir acompañada por un documento de identidad.  

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Con la aprobación de esta suerte de salvoconducto para la vida social, el Gobierno esperaba incentivar la vacunación de los indecisos, que entre los mayores de 60 años roza los 2,5 millones de no vacunados. Y la respuesta no pudo ser mejor. Apenas unas horas después de su aprobación hace dos semanas, algunas regiones recibieron un 200% más de solicitudes para recibir el pinchazo que el día anterior. La burbuja, sin embargo, se ha ido desinflando desde entonces y el Ejecutivo decidió esta semana extender el uso del pasaporte sanitario para viajar en los trenes de larga distancia, autobuses interregionales, aviones y barcos. De momento, los transportes públicos locales quedan exentos, aunque no se descarta que a la vuelta del verano sea necesario validar el certificado junto con el billete para moverse en la ciudad.

Septiembre será la prueba de fuego para las escuelas después de más de un año de educación a distancia. A partir del próximo curso, los profesores de todos los ciclos educativos y los estudiantes universitarios deberán contar con el certificado sanitario para acceder al aula. Los docentes que rechacen vacunarse quedarán suspendidos de empleo y sueldo. “La elección del Gobierno es apostar por el certificado para evitar cierres y proteger la libertad”, defendió el ministro de Sanidad, Roberto Speranza. La discusión de la medida provocó algunas grietas en la heterogénea coalición que apoya al Gobierno encabezado por Mario Draghi, dividida entre los partidarios de incrementar las normas anti-covid, y quienes abogan por una mayor apertura, como la Liga de Matteo Salvini. El decreto, sin embargo, fue aprobado por unanimidad.