Oriente Próximo

Un asedio medieval estrangula la ciudad kurda de Kobane

No hay agua, ni electricidad y los hospitales están a punto de colapsar

25/01/2026

Qamishlo (Kurdistán sirio)Kobane, la ciudad kurda que en el 2014 se convirtió en símbolo mundial de resistencia contra el Estado Islámico, vive ahora otra tragedia: la supervivencia diaria bajo el asedio y el frío extremo. Su población lleva seis días desconectada del mundo. Rodeada por Turquía por el norte, y por las fuerzas del gobierno sirio por el sur, este y oeste. En la ciudad no hay agua ni electricidad, porque la presa que garantiza el suministro a la ciudad está bajo control del gobierno de Damasco. Los hospitales están al borde del colapso, y las escuelas y plazas de la ciudad se han reconvertido en refugios improvisados. Medio millón de civiles están en riesgo de morir de hambre, enfermedad o frío si no se hace nada.

En cada minuto que pasa, la situación se complica más y el asedio es más duro. La nieve cubre las calles llenas de desplazados que lo han perdido absolutamente todo. La mayoría funden la nieve para tener agua. Kobane lucha contra el invierno, cada vez más gélido, pero también contra el tiempo y contra la indiferencia internacional para sobrevivir. Mientras, los combates continúan a sólo 20 kilómetros de la ciudad y rompen el frágil alto el fuego entre las fuerzas kurdas y el ejército sirio.

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Rolin Haci, que es estudiante, explica que la situación es dramática. "La vida está suspendida como si estuviéramos esperando una muerte lenta. No sabemos qué va a pasar, no sabemos si seguiremos vivos, nos van a matar o vender en mercados como esclavas sexuales", explica la chica por teléfono desde la ciudad. "Kobane no aguantará mucho tiempo el asedio. Ninguna ONG internacional opera en la ciudad. Todo es demasiado caótico", añade.

Desplazados y refugios improvisados

Miles de desplazados provenientes de Tabqa, Raqqa, Afrin y otras localidades cercanas que ya están bajo el control del gobierno sirio han buscado refugio en Kobane. Escuelas, edificios a medio construir, comercios cerrados y plazas públicas se han convertido en refugios improvisados, donde la gente vive hacinada sin condiciones mínimas de higiene o aislamiento térmico.

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La ciudad, con unas infraestructuras muy limitadas por la guerra contra el Estado Islámico de los años 2014 y 2015, ahora tiene que hacer frente a la presión adicional de acoger a familias que lo han perdido aunque llegan con lo mínimo: con algunos documentos, ropa, algo de comida y mantas. La nieve agrava aún más la situación.

Mohamed Ali, de 65 años, huyó con su familia de Tabqa y llegó a Kobane sin nada. Ahora está en una escuela con las pocas cosas que le han ofrecido algunos vecinos de la ciudad y las pocas ONG locales que trabajan en ella. "Es la cuarta vez que me convierto en desplazado durante estos años de la guerra a Siria. Huí de Afrin en el 2018 cuando Turquía ocupó mi ciudad. Luego me fui a un barrio de mayoría kurda en Alepo. Hace dos semanas empezaron los combates entre las fuerzas kurdas y las del Gobierno, y volvimos a huir ahora. en Kobane porque la ciudad ya está controlada por el gobierno y sus mercenarios –explica–. Prefiero morir que vivir esa situación tan dramática”, añade.

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Samira Nuri, de 35 años, es una maestra que vivía en Raqqa. Llegó a Kobane después de que el gobierno sirio anunciara que atacaría la zona. "Tengo dos hijas. Mi pareja trabajaba con las fuerzas kurdas. Vine a Kobane porque tenía miedo de que nos mataran y secuestraran a mis hijas. Tiemblo cuando veo los vídeos de los crímenes de los mercenarios sirios: matan a las combatientes kurdas y pisan sus cadáveres. Ahora, en Kobane, estamos rodeados por todos lados. No sabía que la situación aquí sería así".

La ciudad de Kobane no es atacada directamente. Los combates están a unos 20 kilómetros, pero su proximidad hace que haya minas, patrullas armadas y enfrentamientos intermitentes. Nisreen Abdullah, comandante de las Unidades de Protección de las Mujeres, asegura que sus fuerzas están preparadas y que defenderán la ciudad al igual que en el 2014 ante el ataque del Estado Islámico. "Miles de mujeres y hombres de Kobane lucharemos contra esta barbarie y no dejaremos que la ciudad caiga en manos de estos monstruos –asegura–. Se puede producir un nuevo genocidio en Kobane. Somos atacados con armas del estado turco". Asegura que, entre los mercenarios que luchan, se encuentran miembros del Estado Islámico. "En sus chalecos llevan banderas del Estado Islámico. Tienen odio contra las combatientes kurdas, quieren vengarse. Cometen decapitaciones, y todo tipo de atrocidades y salvajadas".

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Colapso del sistema sanitario

El sistema sanitario de la ciudad ha colapsado a causa de la falta de electricidad. La mayoría de los centros médicos dependen ahora de generadores inestables que operan sin garantías y ponen en riesgo a los pacientes más críticos. El doctor Suleiman Faisal explica que la escasez de personal médico, unido al aumento de desplazados, hace que sea un reto poder ofrecer atención sanitaria.

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"Si el asedio sigue, habrá una auténtica catástrofe humanitaria. Los medicamentos se están agotando y los hospitales están saturados. Tenemos heridos y gente enferma que necesita ser trasladada fuera de la ciudad para recibir tratamiento, pero el cerco lo hace imposible –lamenta–. Tenemos pacientes en la UCI. en minutos".

La Media Luna Roja Kurda ha informado de la muerte de cinco niños en una escuela a causa del frío extremo. "Las organizaciones internacionales deben entrar en la ciudad para salvar a la gente. Esta tragedia no es sólo un hecho pasajero, sino también un grito de socorro desde el corazón del asedio. Estos niños, que ni siquiera tenían dos años, tuvieron que hacer frente al crudo invierno sin demasiada ropa y el estómago vacío", alertó la ONG a través de Kobane necesita un corredor humanitario de forma inmediata.