Entre el miedo y la esperanza: los iraníes explican cómo están viviendo el ataque
La Guardia Revolucionaria advierte que disparará a matar a quien se manifieste a favor de los bombardeos
Aryan se mostró eufórico cuando Israel y Estados Unidos empezaron a bombardear Teherán, su ciudad natal. Estaba convencido de que estaba presenciando el fin de casi cinco décadas del régimen de los ayatolás. Una semana después del inicio de la guerra, sin embargo, vio cómo el cielo se iluminaba a medianoche a causa de un bombardeo feroz y el amanecer se oscurecía por el humo negro que ahogaba la capital iraní. "Han bombardeado por todas partes. La noche se convirtió en mañana, y la mañana en noche", dice el hombre de 33 años que como todos los entrevistados por el New York Times, ha pedido no ser identificado por su nombre completo por miedo a represalias. "La gente ha perdido la confianza", confiesa.
Los más de 90 millones de habitantes que viven en Irán están atrapados entre dos realidades terroríficas. Por un lado, los líderes estadounidenses e israelíes, cuyas bombas están arrasando cada vez más la infraestructura del país persa, les piden que aprovechen esta oportunidad para salir a manifestarse en la calle para derribar el régimen de los ayatolás. Y por otro, los gobernantes iraníes, decididos a aferrarse al poder, han amenazado con más derramamiento de sangre si la gente se atreve a responder a esta llamada.
Contradicciones
Cuando las fuerzas estadounidenses e israelíes empezaron a bombardear Teherán el 28 de febrero, el presidente Donald Trump aseguró a los iraníes que la libertad estaba "cerca". Sin embargo, una semana después Trump anunció su deseo de participar en la elección del nuevo líder supremo de Irán, que formaría parte del mismo sistema autoritario contra el que había instado a los iraníes a levantarse. Paralelamente, el pasado jueves, en televisión estatal, un mandatario de la Guardia Revolucionaria advirtió de que los posibles manifestantes serían considerados agentes de Israel. "Se ha emitido la orden de disparar a matar", aseguró.
A raíz de la guerra, Asoo, una editorial en persa, ha invitado a los residentes de Teherán a publicar notas anónimas sobre sus sentimientos. A menudo, las notas son una mezcla de esperanza que el caos pueda servir para derrocar al régimen de los ayatolás, y de desesperación por la destrucción que los bombardeos provocan. "Vivimos entre el miedo y la esperanza, pero mis miedos son mayores que mis esperanzas ahora mismo", admitía uno de los que escribieron una nota.
Durante días los bombardeos estadounidenses e israelíes impactaron contra instalaciones militares, policiales y de inteligencia en todo el país. Sin embargo, no hay ningún indicio claro de un colapso de las fuerzas de seguridad del régimen, profundamente arraigadas y motivadas ideológicamente. Muchos residentes describen haber visto a Basij –miembros de la milicia vinculada a la Guardia Revolucionaria que va vestida de paisano– vagando por las calles en motocicletas y gritando consignas religiosas a su paso.
Los servicios de inteligencia también siguen vigilando cualquier intento de disidencia. Por ejemplo, el Farzad, que vive en un edificio especialmente alto en Teherán, explica que muchos de sus vecinos celebraron ruidosamente desde los balcones la muerte del ayatolá Jamenei. Días más tarde, el administrador del edificio les advirtió de que los servicios de seguridad registrarían sus apartamentos si volvían a celebrar nada más.
Mensajes amenazadores
Asimismo, los puntos de control han proliferado por toda la ciudad, y los teléfonos móviles de muchos iraníes se han inundado con mensajes del régimen que les instan a unirse a manifestaciones progubernamentales ya denunciar a cualquier persona que tome fotografías. Otros mensajes son directamente amenazas: "Cualquier movimiento que perturbe la seguridad se considerará cooperación directa con el enemigo".
La mayoría de los iraníes no tienen conexión a internet, y algunos confiesan que es una auténtica locura no tener ninguna noticia de lo que está pasando realmente. Amir Hossein Bagheri, un ingeniero iraní, ha escrito en su Facebook que desconfía tanto de los medios de comunicación estatales como de los extranjeros, porque rara vez informan cómo de mortal y de terrorífica es la guerra para los civiles.
Los recientes ataques han agravado aún más esa desconfianza. Durante los últimos días, los bombardeos han explotado almacenes de combustible, y un humo aceitoso y una lluvia negra han cubierto Teherán. Los ataques también han destruido una planta desalinizadora y los iraníes tendrán que hacer frente en breve a la escasez de agua. El Mando Central de Estados Unidos instó el domingo a los vecinos de la capital a quedarse en casa por su seguridad, y advirtió de que atacaría a las fuerzas iraníes aunque estuvieran en zonas civiles.
Kazem, que tiene una tienda en el bazar de Teherán, cuenta que vio con sus propios ojos cómo decenas de conductores giraban cola en una autopista y empezaban a conducir contra dirección cuando vieron que había un atasco. La retención la causaba un punto de control, no un ataque, pero "la gente estaba aterrada, pensaba que las bombas estaban a punto de caer".
Un precio demasiado alto
Algunos iraníes todavía tienen esperanzas de que la guerra provoque el hundimiento del régimen de los ayatolás, sobre todo en el Kurdistán iraní, donde los kurdos llevan mucho tiempo discriminados y donde algunos grupos militares se han mostrado dispuestos a iniciar una insurrección. Omid, de 28 años, que es artista y vive en Kurdistán, admite que está "contento" por los ataques contra las infraestructuras del gobierno, siempre que no afecten a los civiles. "La libertad tiene un precio, y es un precio que debe pagarse", añade.
Para Peyman, sin embargo, un emprendedor digital que vive en Teherán, considera que ya están pagando un precio demasiado alto. Se pregunta cómo van a poder continuar la vida si todo es destruido. "Necesitamos policía. Necesitamos servicios de inteligencia. Necesitamos universidades. Si tenemos que vivir en Irán en el futuro, independientemente del gobierno que tengamos, necesitaremos instituciones". Cuando empezó la guerra, Peyman pensó que habría una colaboración entre los ejércitos de Estados Unidos e Israel y los manifestantes iraníes sobre el terreno, al igual que Moscú y Washington colaboraron contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. "Pero no ha sido así. Estados Unidos e Israel no están colaborando con nosotros. Solo están dejando a Irán en escombros", lamenta.
Coypyright New York Times