La bomba atómica, excusa de Trump y Netanyahu para atacar a Irán
Washington y Tel-Aviv han insistido en que Teherán enriquecía uranio con objetivos no civiles, pero el régimen lo negaba
BarcelonaWashington lanzó la invasión de Irak del 2003 repitiendo la mentira de que el régimen de Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva, unas armas que nunca se encontraron. En enero del 2026, una guerrilla de fuerzas especiales estadounidenses capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro alegando que era el líder de un cártel de narcotráfico, un argumento que ahora se ha esfumado. Estados Unidos e Israel han justificado este sábado el ataque conjunto contra Irán con el argumento de que Teherán puede desarrollar la bomba atómica, herramienta que algunos consideran de engaño global para justificar un ataque sin aval legal contra un tercer país incómodo.
En realidad, Irán ya había puesto su programa nuclear bajo control internacional en un acuerdo que firmó en el 2015 con Estados Unidos de Barack Obama, el resto de potencias nucleares del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia, China, Francia y Reino Unido) además de Alemania y la Unión Europea. Un acuerdo del que Donald Trump se descolgó unilateralmente en su primera legislatura, a instancias de Israel, con la aplicación de nuevas sanciones en Irán y en las empresas de todo el mundo que tuvieran emprendedurías.
El pacto nuclear con Irán de 2015, oficialmente conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), tenía el objetivo de garantizar que el programa nuclear iraní fuera exclusivamente pacífico: supuestamente, Teherán se comprometió a reducir sus reservas de uranio enriquecido a disminuirlo, disminuirlo de permitir inspecciones rigurosas de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), ya cambio recibió el paulatino levantamiento de sanciones internacionales.
Trump se descolgó porque Netanyahu siempre estuvo en contra y durante unos años la Unión Europea siguió sola con esos principios, junto con la AIEA. Con Joe Biden se reanudaron las conversaciones, pero con el apoyo iraní a la invasión rusa de Ucrania en febrero del 2022, el pacto, ya tocado de muerte, quedó definitivamente aparcado.
Negociaciones inútiles
¿Cómo de cerca era Irán tener armas atómicas? AIEA considera que Irán llegó a producir 400 kg de uranio enriquecido hasta el 60%, muy por encima del uso civil de los combustibles nucleares que se utilizan para alimentar centrales de energía o en aplicaciones médicas, pero todavía muy lejos para llegar al 90% de enriquecimiento necesario para hacer bombas nucleares. El régimen iraní seguía negociando para que se aliviaran las sanciones internacionales que estropean su economía y generan conflictividad social, y tenía un plan para construir centrales nucleares con la ayuda de sus aliados, Rusia e Irán, asegurando que sólo tenía fines civiles y ofreciéndose a dar las garantías. En las sucesivas negociaciones incluso planteó compartir su programa de enriquecimiento con dos aliados estadounidenses: Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.
Alejandro Zurita, ex jefe de cooperación internacional de investigación nuclear de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom), explica al ARA que "el interés iraní por eliminar las sanciones económicas por reducir la contestación social y asegurar la continuidad de su régimen chocó frontalmente con el objetivo primordial". Y asevera que "Irán pudo llegar al 90% de enriquecimiento de uranio en los más de siete años que han pasado desde que Trump rompió el acuerdo, pero su prioridad era aliviar las sanciones". También alerta de que esta nueva crisis puede favorecer a los sectores del régimen iraní favorables a quemar las naves y retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear, como hizo Corea del Norte. Israel, en cambio, tampoco es firmante de este acuerdo y, según el prestigioso centro internacional de investigación militar SIPRI, tiene al menos 90 cabezas nucleares fuera de ningún control internacional.
Luego vino la Guerra de los 12 días de junio del año pasado en la que Israel, con el apoyo de Estados Unidos, atacó buena parte de las infraestructuras nucleares iraníes. El alcance del daño no puede establecerse de forma independiente, pues el régimen no permitió a los inspectores de la agencia que visitaran sus instalaciones. Los expertos creen estar inoperativas. Los ataques estadounidenses de junio de 2025 dañaron gravemente las principales instalaciones de enriquecimiento de uranio de Irán, pero no su determinación de mantener un programa nuclear ni sus conocimientos técnicos en este ámbito. Tampoco la operación eliminó ni contribuyó a localizar el uranio enriquecido almacenado. En su lugar, la operación militar descarriló las conversaciones diplomáticas y la cooperación iraní con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Como resultado, la AIEA no ha podido acceder a ninguno de los emplazamientos bombardeados ni verificar el material nuclear, lo que constituye una vulneración de las obligaciones de salvaguardia de Irán.
La asociación estadounidense Arms Control constata también que en Irán necesitarían años para reconstruir completamente sus plantas de enriquecimiento y meses para enriquecer pequeñas cantidades de uranio hasta grado militar y transformarlo en metal apto para un arma: "No hay ninguna amenaza inminente al" material que el de inminente; justifique otro ataque de Estados Unidos".
En las últimas negociaciones con la Casa Blanca de Trump, que a la luz del ataque de este sábado parecen más cosméticas que una apuesta real de Trump por la diplomacia, Teherán se mostró dispuesto también a diluir ese uranio que había enriquecido.