Del equilibrio a la tensión: el nuevo dilema del Golfo con Irán

Los gobiernos del golfo Pérsico se enfrentan al dilema de hasta dónde implicarse en una confrontación que amenaza con redefinir el equilibrio regional

15/07/2026

BeirutLa escalada entre Estados Unidos y Irán entra en una nueva fase. Los ataques continúan sobre territorio iraní mientras Teherán mantiene su respuesta contra objetivos vinculados a Washington en varios países del Golfo. El cambio más importante de esta nueva etapa no se está produciendo en el estrecho de Ormuz, sino en las capitales de la región, donde los gobiernos que durante años intentaron mantener una distancia prudente con la rivalidad entre Washington y Teherán se enfrentan ahora a una elección difícil.

Lo que comenzó como una confrontación entre Estados Unidos e Irán amenaza con convertirse en un conflicto regional limitado, pero con una geografía mucho más amplia que los campos de batalla iniciales. La guerra ya no se mide únicamente por los ataques sobre territorio iraní y los contraataques de Teherán a sus vecinos, sino también por el impacto sobre las rutas comerciales, las infraestructuras energéticas, las bases militares norteamericanas y el espacio aéreo de Oriente Medio.

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Teherán vuelve a endurecer su discurso y ha advertido que cualquier apoyo logístico prestado por los países del Golfo a las fuerzas estadounidenses será considerado un acto de guerra. Washington también redobla la presión sobre Irán, aunque lo hace con una estrategia errática sobre Ormuz, que vuelve a estar en el centro de la disputa. Y el enfrentamiento actual va más allá de la navegación.

El lunes, Trump aseguraba que Estados Unidos cobraría una tarifa por cruzar el estrecho. Es decir, una especie de peaje como el que quiere imponer Irán, que es uno de los principales motivos de desacuerdo entre Washington y Teherán y que la Casa Blanca ha criticado ampliamente. Pero horas después, tal como ha hecho en múltiples ocasiones, el presidente estadounidense se echaba atrás y optaba por acuerdos comerciales con los países del Golfo que permitan a Estados Unidos recuperar parte de los gastos ocasionados por las actuaciones en la región en un conflicto enquistado.

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La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) amplió este martes su advertencia a las aerolíneas y recomendó evitar el espacio aéreo de Baréin, Kuwait, Catar, los Emiratos Árabes Unidos y el golfo de Omán hasta finales de julio. La decisión refleja hasta qué punto la crisis ha dejado de afectar únicamente a las zonas directamente atacadas y comienza a alterar la actividad civil de toda la región.

Adiós a la neutralidad

Mientras tanto, los países del Golfo se encuentran en una posición cada vez más complicada. Durante los últimos años, Arabia Saudí, los Emiratos, Qatar, Omán o Bahréin habían intentado mantener una política de equilibrio: aliados estratégicos de los Estados Unidos, pero también interesados en reducir las tensiones con Irán. La reconciliación entre Riad y Teherán en 2023 era una muestra de esta nueva etapa de diálogo.

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Pero esta estrategia se ha visto golpeada por la expansión del conflicto. Los ataques iraníes contra instalaciones y posiciones vinculadas a los Estados Unidos en el Golfo han obligado a estos gobiernos a replantearse su posición. Las bases norteamericanas desplegadas en la región –como Al-Udeid en Qatar o Al-Dhafra en los Emiratos– han servido durante años como centros de operaciones y apoyo para las fuerzas de Washington en Oriente Medio y ahora se han convertido también en objetivos de Teherán.

En este contexto, el diario israelí Israel Hayom publicó una información exclusiva que apunta a un posible giro en la posición de los países del Golfo. Según el medio, que cita a dos diplomáticos del Golfo, varios estados de la región habrían transmitido a Washington su apoyo a la reanudación de los ataques contra Irán, y algunos habrían participado de forma limitada en operaciones ofensivas durante los dos últimos días. El artículo señala que Qatar habría cambiado de posición tras los ataques iraníes contra su territorio y sus instalaciones energéticas. Doha, que hasta ahora había mantenido un papel central como mediador entre Washington y Teherán, habría dejado de oponerse a una respuesta conjunta del Golfo y habría abandonado también sus gestiones para facilitar la liberación de fondos iraníes congelados.

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Si esta información se confirma, supondría un cambio importante en la dinámica regional, donde países que durante años intentaron mantener una relación de equilibrio con Irán estarían asumiendo un papel más activo junto a los Estados Unidos en la confrontación. Un giro que modificaría las alianzas de Oriente Medio y que algunos analistas comparan con la reconfiguración regional impulsada por los Acuerdos de Abraham de Donald Trump, que buscan la normalización de relaciones entre Israel y los países árabes.

Se rompe la tregua en Yemen

Arabia Saudita también ofrece una muestra de cómo la confrontación con Irán está extendiendo sus efectos más allá del Golfo. Tras la tregua alcanzada en mayo de 2025 entre Estados Unidos y los hutíes, que había frenado la campaña militar estadounidense en Yemen, Riad había evitado reabrir un frente que llevaba años desangrando la región. Pero la nueva escalada está cambiando los cálculos. El lunes, un ataque contra el aeropuerto de Saná, controlado por los hutíes, volvió a enfrentar a Arabia Saudita con el movimiento aliado de Teherán. Los hutíes respondieron con misiles contra territorio saudita, y rompieron la relativa calma que se mantenía desde la tregua.

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El episodio ilustra cómo la guerra entre Estados Unidos e Irán está reactivando también la batalla contra sus aliados regionales. La posible coordinación previa del ataque entre Riad y Washington, que reveló el medio Axios, reforzaría esta lectura.

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El resultado es un escenario más complejo que un simple conflicto bilateral. Estados Unidos y el Irán continúan siendo los protagonistas principales, si bien el conflicto empieza a arrastrar una red de actores que durante años intentaron mantenerse al margen.

La paradoja es que la guerra que debía obligar a Teherán a volver a la mesa de negociación puede estar provocando el efecto contrario: la creación de una nueva dinámica regional en la cual los países del Golfo se ven empujados a abandonar su ambigüedad y a alinearse más claramente con Washington. Entre la necesidad de proteger sus territorios, sus intereses económicos y sus alianzas estratégicas, los gobiernos del Golfo deben decidir hasta dónde implicarse en una confrontación que amenaza con redefinir el equilibrio regional.