Irán cierra Ormuz y golpea el Golfo tras ser atacado por EE. UU.

Mientras Teherán reivindica el control del estrecho, Washington interpreta que debe estar abierto a la navegación

Un hombre camina al lado de una maqueta simbólica de un misil iraní en la plaza del Imán Husein en Teherán.
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BeirutLas sirenas han vuelto a sonar este domingo en varios países del Golfo mientras Estados Unidos e Irán daban un nuevo paso en una escalada que amenaza con dilapidar el frágil Memorándum de Entendimiento firmado hace apenas unas semanas entre Washington y Teherán. Después de una tercera oleada de bombardeos estadounidenses contra más de 140 objetivos militares iraníes en las últimas horas, Teherán ha respondido con una ofensiva coordinada contra instalaciones militares estadounidenses en el Golfo. Ha golpeado con misiles y drones Qatar, Bahréin, Kuwait, Omán y Jordania, al tiempo que ha anunciado el cierre del estrecho de Ormuz, la arteria por donde transita alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo.

Los intercambios han comenzado cuando Washington ha lanzado una oleada de ataques contra territorio iraní que el Comando Central de los Estados Unidos (Centcom) ha justificado como una medida para "degradar la capacidad" de Irán, después de que Teherán bombardeara un portacontenedores con bandera de Chipre que navegaba por una ruta no autorizada del estrecho de Ormuz. Medios iraníes han informado de explosiones en varios puntos del país, entre los que se encuentran ciudades de la provincia de Bushehr (suroeste), que alberga una central nuclear, y también varias localidades cercanas a Ormuz.

Irán no ha tardado en responder y ha cargado contra la red regional de bases e infraestructuras que sostiene la presencia militar de Washington en el Golfo. Teherán ha reivindicado ataques contra centros logísticos y plataformas de apoyo militar en Omán, sistemas de defensa y radares estadounidenses en Kuwait y Bahréin, y la base aérea Príncipe Hasán en Jordania. En Qatar, los misiles han tenido como objetivo la base de Al Udeid, una de las instalaciones militares estadounidenses más grandes de la región. Doha dice haber interceptado los proyectiles, aunque tres personas han resultado heridas por fragmentos.

Teherán ha anunciado el cierre del estrecho de Ormuz, clave para el comercio mundial, hasta "el fin de la interferencia de EE. UU. en esta región". Pero Washington asegura que el estrecho permanece abierto y que sus fuerzas están preparadas para garantizar la libertad de navegación. El Centro Conjunto de Información Marítima ha confirmado que el corredor marítimo del sur continúa operativo, aunque ha elevado el nivel de amenaza a "severo" por el riesgo para los buques.

Un memorándum de malentendidos

El detonante inmediato de esta nueva escalada han sido los ataques iraníes contra varios buques comerciales que navegaban por el estrecho de Ormuz y la posterior respuesta militar de los Estados Unidos. Pero el origen de la crisis viene de más lejos. Se remonta al Memorándum de Entendimiento firmado el pasado junio, un documento que debía abrir una negociación de sesenta días para poner fin a la guerra, limitar el programa nuclear iraní y rebajar la tensión en todos los frentes de la región.

La posición iraní la ha resumido este domingo el presidente del Parlamento y uno de los principales negociadores del acuerdo, Mohammad Bagher Ghalibaf. "La era de los acuerdos unilaterales se ha acabado. Les dijimos que cumplieran su palabra o pagarían el precio", ha escrito junto con una imagen del artículo 5 del Memorándum con la frase "la República Islámica de Irán tomará las medidas necesarias". No era una referencia casual. Era una manera de señalar el punto concreto sobre el cual, según Teherán, descansa toda la crisis actual.

El artículo 5 establecía la reapertura del estrecho de Ormuz y comprometía a Irán a garantizar la seguridad de la navegación durante el período de negociación. Para los Estados Unidos, este compromiso significaba restablecer la libertad de navegación y evitar cualquier interferencia sobre una ruta por donde transita una quinta parte de la energía mundial. Irán, en cambio, entendió que el texto reconocía su papel central en la gestión del estrecho y que, una vez concluido el período transitorio, cualquier mecanismo de navegación debía negociarse con Omán, el otro estado ribereño.

La importancia que Irán concede a este corredor quedó también resumida por Mohsen Rezaei, asesor militar del líder supremo, al asegurar que "el estrecho de Ormuz es más importante que decenas de bombas atómicas". La afirmación va más allá de la retórica. Refleja una idea que ha ido ganando peso dentro de la estrategia iraní después de meses de guerra: si la República Islámica no puede garantizar su propia seguridad, tampoco permitirá que el resto de la región disfrute de estabilidad como si el conflicto no existiera.

Más que una disputa sobre la navegación, lo que emerge es un pulso para decidir quién establece las reglas del juego en el Golfo. Los Estados Unidos insisten en que la libertad de navegación no puede estar sometida a condiciones ni restricciones. Irán sostiene que la seguridad del estrecho no se puede gestionar al margen de sus intereses y reclama un papel determinante junto con Omán. Son dos visiones difíciles de reconciliar y que el Memorándum de Entendimiento nunca llegó a resolver.

Sobre el papel, el alto el fuego continúa vigente. Ninguna de las dos partes ha anunciado oficialmente su ruptura y el plazo para negociar un acuerdo definitivo continúa abierto. Pero los ataques de los últimos días han puesto al descubierto las contradicciones. Las aguas de Ormuz se han vuelto a abrir al tráfico comercial, pero el estrecho continúa cerrado políticamente. Lo que permanece bloqueado no es solo una ruta marítima, sino el entendimiento entre Washington y Teherán sobre las reglas que deben regir uno de los pasos más estratégicos del mundo.

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