El estrecho de Ormuz, la batalla decisiva

Irán quiere mantener el control del paso estratégico que le ha permitido compensar su inferioridad militar

Buques y petroleros en el estrecho de Ormuz frente a la costa de Musandam, Omán.
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Londres / BarcelonaLa tregua de los ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán esta semana ha dejado el alto el fuego firmado el 15 de junio no muerto, pero sí con respiración asistida. En el centro de la reanudación de las hostilidades se encuentra, de nuevo, el estratégico estrecho de Ormuz, el paso clave para el gas y el petróleo y otras mercancías estratégicas que Irán ha puesto bajo su control. Un arma de destrucción económica masiva que le ha servido, hasta ahora, para sobrevivir a un ataque que le superaba militarmente.

Irán ha controlado el estrecho con una arquitectura militar de radares y lanzadores de misiles en diversas coronas, lanchas rápidas y minas submarinas y ha comenzado a negociar con Omán, con quien comparte el estrecho, un sistema para cobrar una especie de peaje. De hecho, este sábado, el ministro de Exteriores de Teherán, Abbas Araghchi, ha viajado hasta el sultanato para intentar encontrar una salida al actual compás de espera entre ataque y ataque. La clave es que Teherán quiere decidir qué barcos circulan por este paso, del cual dependen en buena parte sus vecinos para suministrar gas y petróleo a medio planeta. Y ni los países del Golfo ni los Estados Unidos están dispuestos a permitirlo.

La última escalada se inició cuando Irán disparó contra tres buques a los que acusó de atravesar el estrecho sin su permiso. Estados Unidos respondieron con una oleada de bombardeos, primer contra ciudades costeras y martes por la mañana con ataques también sobre Teherán. Irán contraatacó con misiles y drones contra varios países vecinos. Todo ello mientras se celebraban los funerales del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, muerto el 28 de febrero, en el primer día de la guerra conjunta de los Estados Unidos e Israel contra el país persa. Trump ha dado por acabada la tregua, pero las negociaciones continúan. 

¿Poco más que papel mojado?

El texto del alto el fuego, el memorándum de entendimiento de 14 puntos, se redactó para satisfacer a ambas partes, de manera que se dieran tiempo para negociar los temas más espinosos: en principio, 60 días. Y lo que está pasando es que ahora cada uno lo interpreta según sus intereses. Para los Estados Unidos, los buques comerciales deben volver a circular libremente por Ormuz igual que antes de la guerra. Irán, en cambio, quiere que pasen solo los buques a los que dé permiso. Teherán no quiere renunciar a su arma más preciada y, mientras crecen dentro del régimen las voces contrarias a cualquier concesión a los Estados Unidos, el estrecho se ha convertido en un test sobre la credibilidad del alto el fuego. 

Antes del ataque conjunto de los Estados Unidos e Israel contra Irán, cada día circulaban por el estrecho unos 20 millones de barriles de gas y petróleo (el 20% del consumo global total), que transportaban poco más de unos ciento treinta buques. Con unos cuantos ataques a algunas embarcaciones, Irán consiguió que la mayoría de las navieras detuvieran el tránsito por miedo a sufrir daños que las aseguradoras no cubrían. Los Estados Unidos e Israel no pudieron destruir las capacidades militares de Irán para mantener el control del estrecho, Washington intentó un bloqueo naval de los buques iraníes que tampoco le sirvió para doblegar Teherán, y el desgaste económico global acabó forzando a Donald Trump a aceptar la tregua. 

¿Cuántos buques han cruzado Ormuz?

Pero el alto el fuego no supuso, como prometía Trump, que "el petróleo volviera a fluir a banda y banda de la región y al mundo". Los datos de AIS –sistemas de identificación automática de buques– recopilados por firmas comoLSEG Shipping yKpler muestran que, en las primeras 72 horas después del acuerdo del 15 de junio, un solo buque –el metanero indio Disha, según confirmó Reuters– se atrevió a surcar las aguas del estrecho. En los días siguientes, el flujo aumentó tímidamente, pero siempre en volúmenes muy inferiores a los habituales de antes de la guerra. Según Kpler, entre el 15 y el 22 de junio solo se detectaron una docena larga de movimientos, la mayoría petroleros iraníes que intentaban reanudar exportaciones puntuales tras el fin del bloqueo estadounidense. El resto del tráfico internacional continuaba parado en puertos del Golfo o fondeado en zonas de espera.

Evolució del trànsit de vaixells per l’estret d'Ormuz

Para los datos más recientes hay estimaciones variables, según las fuentes. Kpler yOil Brokerage sitúan la cifra entre 155 y 215 buques inmovilizados en el Golfo, y prevén que hay entre 2.500 y 4.000 marineros a bordo, esperando instrucciones que no llegan. La Organización Marítima Internacional habla de 6.000 marineros atrapados. Y el viernes el número de buques que navegaron por el estrecho fue inferior a 20.

La nueva ruta iraní

Los pocos buques que circulan por Ormuz evitan la ruta tradicional, en el centro del estrecho, por temor a las minas que se cree que ha depositado Irán. Pasan por dos corredores, uno al norte, cerca de la costa iraní, y el otro al sur, más cerca de Omán. La Guardia Revolucionaria iraní insiste en que los buques deben pasar por los corredores designados por Teherán, y amenaza a los buques que no la obedezcan. Después de los últimos ataques, el tránsito por la vía omaní se ha detenido completamente: ningún buque la ha utilizado.

La situació a l’estret d’Ormuz

Todo esto tiene consecuencias directas sobre el precio del crudo, como se ha visto esta misma semana. Los flujos de petróleo y de gas natural licuado (GNL) han caído también entre el 95% y el 99% respecto a los niveles previos a la guerra. Esto no es solo impacto directo del bloqueo marítimo, sino también del hecho de que muchas instalaciones de exportación han quedado parcialmente inutilizadas por bombardeos y sabotajes.

Una crisis sin precedentes

Terminales como las de Bandar Abbas (costa sur de Irán) o Ras al-Khair (Arabia Saudí) o algunos puntos de la costa emiratí han sufrido daños estructurales que impiden operar con normalidad. Aunque el estrecho fuera completamente seguro, la capacidad exportadora del Golfo tardaría semanas o meses en recuperarse. "El acuerdo de paz provisional entre Estados Unidos e Irán ha abierto la puerta a la reanudación del tránsito de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz. Sin embargo, es una incógnita en qué momento estos flujos recuperarán los volúmenes y los patrones previos al cierre, o incluso si los recuperarán. Más allá de la fragilidad del alto el fuego, no hay ningún precedente que permita anticipar cómo puede normalizarse una alteración del mercado de esta magnitud: una interrupción del suministro superior a los 10 millones de barriles diarios de petróleo y a unos 300 millones de metros cúbicos diarios de gas natural licuado (GNL) durante más de cien días", constata Clara Gillispie, experta en estrategias de seguridad energética del Council on Foreign Relations.

Un campo de minas

El estrecho, un verdadero embudo del mundo, no es nada seguro por otras razones. Según fuentes consultadas porAl-Monitor, web de referencia para la geopolítica del Próximo Oriente, yJane’s Defence Weekly, medio británico también de referencia para la información militar, la zona continúa sembrada de minas navales de diversos tipos. Durante el conflicto, tanto Irán como actores paramilitares vinculados a la Guardia Revolucionaria iraní, milicias chiíes iraquíes y los hutíes habrían contribuido al minado masivo de Ormuz.

Los ingenios desplegados serían minas de contacto clásicas –similares a las utilizadas en la guerra Irán-Irak de los años ochenta– y minas de influencia, que se activan por cambios en el campo magnético, acústico o de presión. Estas últimas son especialmente problemáticas, porque pueden estar activas durante meses y son difíciles de detectar con un sonar convencional. Además, hay indicios de que se han utilizado minas de fondo, diseñadas para quedarse en el lecho marino y activarse solo en presencia de grandes barcos, como los de los VLCC (buques petroleros de grandes dimensiones). La combinación de todos estos sistemas convierte el estrecho en un espacio altamente peligroso, incluso en ausencia de combates.

Desminar Ormuz no es una operación rápida. Las marinas que han participado en operaciones similares –la de los Estados Unidos, la marina real británica o la francesa– recuerdan que, en la Guerra del Golfo de 1991, este tipo de operaciones en las aguas kuwaitíes requirieron semanas de trabajo continuado, en una zona mucho más pequeña y menos transitada que Ormuz.

En el caso actual, los expertos estiman que harían falta entre cuatro y ocho semanas para garantizar un corredor mínimo seguro, siempre que haya cooperación internacional y que las minas no sean de nueva generación. El proceso implica el uso de drones submarinos, sonares de alta resolución, barcos especializados y equipos de neutralización que a menudo deben trabajar manualmente. Además, cada mina detectada requiere una operación individual de desactivación o detonación controlada, lo que multiplica el tiempo necesario para deshacerse de ellas.

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