Josep Pla en Ormuz y el golfo Pérsico: su mirada al "embudo" del mundo

Las crónicas del viaje del escritor entre 1958 y 1959 son una lección de periodismo pausado en época de 'breaking news' y mensajes de Trump

Un petrolero parado en el golfo pérsico, esperando pasar el estrecho de Ormuz.
19/04/2026
5 min

LondresEl semanario Destino publicaba el 17 de enero de 1959 una nota editorial que hoy resuena con fuerza. Decía: "Tal como anunciábamos a nuestros lectores, Josep Pla se ha embarcado en El Ferrol a bordo de un petrolero para realizar en exclusiva para los lectores de Destino una serie de grandes reportajes. La información que hemos encargado a nuestro amigo es la del petróleo. Europa vive pendiente de este combustible y se hace necesario que un periodista como Pla nos explique, con su inigualable agudeza, todos los problemas políticos y económicos que comportan la extracción y explotación del petróleo". Han pasado casi setenta años, y no solo Europa, sino todo el mundo está pendiente de ello.

Repasar aquellos textos supone hacer un viaje atrás en el tiempo y una clase de historia. Obviamente, a través de una mirada colonialista, europeísta, central en el mundo de hace siete décadas. Solo desde aquella visión de finales de los años cincuenta se entienden comentarios como este: "Sobre nuestra ruta hay una procesión de petroleros, que van y vienen, cargados o en lastre. Los oficiales tienen calculado que el número de petroleros permanente en el golfo Pérsico es de unos doscientos diarios, entre los que cargan en los puertos, los que vienen y los que se van. A una media de cuarenta tripulantes cada barco, hacen ocho mil hombres –generalmente europeos– que trabajan con todos sus sentidos para proveer de gasolina el paseo de Gracia, los bulevares de París, el Mayfair de Londres y la Quinta Avenida. Dentro del caos de este mundo hay dos cosas que funcionan: el petróleo y la aviación".

Más allá del posible choque con los hechos y la visión del lector del siglo XXI, la calidad de los textos es siempre admirable. Y su pausa y reflexión a la hora de adjetivar supone un magisterio exquisito para un periodismo que, a estas alturas, se ve forzado a generar un titular nuevo cada vez que Donald Trump abre la boca. Y nunca calla.

Por sí misma, además, la lectura de las páginas que surgieron de este viaje es placentera como la navegación que describe Pla por el mar Rojo, el canal de Suez, el golfo de Omán, el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico, "un acuario de aguas turbias, que según las luces del día cogen un color aceitoso y oliváceo o un color verde más claro".

Los nueve artículos originales

Entre enero y abril de aquel 1959, Josep Pla publicó en la revista de Josep Vergés nueve reportajes en la mejor tradición de la literatura de viajes que él mismo había contribuido a forjar y fortalecer. Los textos originales se titularon: Del Ferrol del Caudillo a Port-Said. Notas de viaje; El canal de Suez; El Guirigay árabe; De Suez a Mena El-Ahmadi, Kuwait (Golfo Pérsico). Notas de viaje; El Golfo Pérsico; Leyendo El Corán; Un país petrolífero: Kuwait; Egipto: El Cairo y Vida en un petrolero.

Josep Pla en Llofriu en los años cincuenta.

Posteriormente, estos escritos aparecerían en catalán, con intervenciones estilísticas y añadidos de contenido, dentro del volumen XVIII de la Obra Completa, En mar, publicadopor primera vez en 1971. La parte que incluye los artículos que nos ocupan lleva por título Un largo viaje entre Kuwait, en el golfo Pérsico, y Valparaíso, en Chile (1959-1960), y se encuentran, aproximadamente, y en función de la edición que se maneje, entre las páginas 305 y 420. Son el fruto de las notas tomadas entre el momento que Pla zarpa desde El Ferrol, a bordo de un petrolero, el Baltimore, el 26 de diciembre de 1958, y que llega a Ceuta el 30 de enero de 1959, después de un periplo que define como "un viaje fascinante". Aún escribiría otros textos a raíz de aquellas mismas jornadas, y que se publicarían en Destino también, pero que no tuvieron cabida en En mar. En cualquier caso, aquella travesía, como tantas otras de las que hizo durante cuarenta años escribiendo para Destino, le dio tiempo suficiente para hacer mucho trabajo. Lo decía él mismo en otro de los volúmenes de la Obra Completa (39): "No hablamos de las largas travesías en los buques petroleros, solo días y días, escuchando el viento y el embate del mar. La literatura es siempre una huida del tedio, y yo he combatido el aburrimiento llenando papel."

Pla llega al estrecho de Ormuz entre el 10 y el 11 de enero de 1959. Lo hace con la mirada de un hombre de mar y con el escepticismo de un europeo acostumbrado a paisajes más templados. Lo que encuentra no es tanto un exotismo fascinante, que también, como una realidad dura, casi mineral, que se repite implacable. Su retrato del golfo de Omán, del golfo Pérsico y de Kuwait no es romántico: es físico, económico y, sobre todo, desmitificador. El estrecho de Ormuz lo ve como una puerta de entrada a un sistema en plena efervescencia.

La centralidad del petróleo transforma completamente su percepción de la región. El golfo Pérsico es, para Pla, un espacio funcional, casi industrial: un "embudo" donde confluyen barcos, intereses y flujos energéticos. La geografía queda subordinada a la economía. Incluso cuando describe el paisaje con detalle –las montañas ferruginosas de Omán, los desiertos infinitos, las aguas turbias llenas de vida–, todo acaba remitiendo a una idea de fondo: este es un territorio inhóspito que solo adquiere sentido por aquello que se extrae o se transporta.

Las costas que ve desde el agua le parecen también "de una seca, horrible dureza"; los desiertos, intercambiables. La percepción se extiende también a la dimensión humana y social. Cuando habla del litoral de la costa de los Piratas –la futura costa de la Tregua–, lo describe como un espacio casi inaccesible, hecho para la piratería y solo dominable por una potencia marítima como la británica, a la que admira acríticamente. La suya es una visión marcada por una lógica imperial: el desorden natural y humano solo puede ser corregido por la disciplina de un pueblo como el inglés.

La misma mirada se traslada a Kuwait, donde el contraste entre desierto y modernidad petrolera se hace aún más evidente. Por un lado, el país le es presentado como de una simplicidad extrema: una capital, un puerto, unos cuantos pueblos y los pozos de petróleo; el resto, desierto puro. Kuwait, le dicen, es uno de los pocos países que se puede conocer totalmente. Y lo acepta con ironía, como si fuera una especie de país "completo" precisamente porque es elemental.

Cuando entra a la ciudad, lo que ve es un crecimiento acelerado, caótico, desordenado: avenidas nuevas, bloques en construcción, el viejo núcleo original destruido, un tránsito desbocado, tiendas a granel y una dependencia absoluta de las importaciones. Kuwait pasa en pocos años de ser un "campamento árabe impresentable" a una ciudad en expansión.

Setenta años después, el gran valor de estos textos de Pla es recordar al lector que Ormuz y el golfo Pérsico, bajo miradas cambiantes y con filtros que él mismo quizás no haría suyos, continúa exigiendo aquello que el escritor sí dominaba: la desconfianza de las apariencias.

stats