Ira y desconcierto en Israel por el alto el fuego con el Líbano

La sorpresa dentro del gobierno, la indignación en el norte y el creciente escepticismo en la calle presionan a Netanyahu

Catherine Carey
17/04/2026

La reacción inicial en Israel después de el anuncio del alto el fuego de diez días con el Líbano ha sido marcada por la indignación y una profunda desconfianza, tanto dentro del gobierno como entre la oposición y la población, especialmente en el norte del país. Ahora, todas las miradas se centran en el primer ministro, Benjamin Netanyahu: la presión política y militar recae sobre él.Varios ministros de su gobierno se han quejado de que se enteraron del acuerdo por una publicación en las redes sociales de Donald Trump, o por los medios de comunicación y han cuestionado cómo se ha podido anunciar una tregua sin el aval del gabinete de seguridad. Según la Casa Blanca, Netanyahu ya habría aceptado la tregua el miércoles por la noche durante una conversación con Trump.A pesar de aceptar el alto el fuego, el mandatario ha insistido en que sus exigencias se mantienen: el desarme de Hezbolá y una paz “sostenible basada en la fuerza”. También ha subrayado que las tropas israelíes permanecerán en el sur del Líbano en una “zona de seguridad ampliada” de unos diez kilómetros. Al mismo tiempo, ha afirmado que ha rechazado las condiciones del grupo chií –como la retirada total hasta la frontera internacional o un alto el fuego de “calma por calma”–, dejando abierta la interpretación de que los ataques pueden reactivarse en cualquier momento. Este viernes ha reiterado esta postura: “En una mano llevo un arma y en la otra, una señal de paz”, ha dicho.Avalancha de críticas

El anuncio de la tregua ha desencadenado una avalancha de críticas de la oposición, que acusa al primer ministro de haber cedido a la presión estadounidense y de haber situado a Israel en una posición que podría erosionar su seguridad. El líder de la oposición, Yair Lapid, ha asegurado que el gobierno vuelve a demostrar la fragilidad de sus promesas y ha afirmado que los combates en el Líbano solo pueden acabar eliminando definitivamente la amenaza en el norte, cosa que, según él, no será posible con el actual ejecutivo.

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En la misma línea, el líder del partido nacionalista Yisrael Beiteinu, Avigdor Lieberman, ha advertido que la tregua solo dará tiempo a Hezbollah para recuperarse y que la guerra ha de acabar con su eliminación, y ha alertado que, en caso contrario, “la próxima ronda es solo cuestión de tiempo y se pagará con un precio más alto y en condiciones muy peores”.La respuesta más dura ha llegado desde las comunidades del norte, a tocar de la frontera con el Líbano. Alcaldes y líderes locales han expresado rabia y desesperación ante una decisión que consideran precipitada y peligrosa. David Azoulay, alcalde de Metula, a menos de 200 metros del territorio libanés, ha afirmado que los residentes “se sienten traicionados una vez más” y denuncia la desconexión del gobierno con su población. En una apelación directa a Netanyahu, ha dicho: “Su obligación básica como primer ministro es garantizar la seguridad de los ciudadanos del Estado. En la práctica, fracasa una y otra vez”.En términos similares se ha expresado Avichai Stern, alcalde de Kiryat Shmona, a unos cinco kilómetros de la frontera, que ha calificado el acuerdo de “rendición” y advierte que puede acelerar un escenario similar al del 7 de octubre en el norte, en referencia a los ataques de Hamás del 2023. Moshe Davidovich, jefe del Consejo Regional de Mateh Asher y presidente del Foro de las Comunidades de la Línea de Confrontación, agrupaciones de municipios israelíes de la frontera, ha dicho que el acuerdo alcanzado en Washington tiene un coste muy elevado para estas comunidades, y que se pagará con sangre.Otras autoridades del norte han advertido que una tregua sin el desarme efectivo de Hezbollah y sin una zona de seguridad real los condena a nuevas oleadas de ataques. También han rechazado la idea de que la presencia del ejército israelí en Líbano sea suficiente para garantizar la calma, y han instado a Netanyahu a reunirse con ellos a puerta cerrada. El gobierno no ha respondido públicamente.Este malestar, sin embargo, no se limita al norte del país. Ya días antes diversas encuestas indicaban que una gran parte de la población no apoyaría detener los ataques contra Hezbollah. Channel 12 cifraba esta oposición en el 79%. Mientras tanto, diversos medios israelíes recogen que entre la población ha crecido la percepción de que Netanyahu ha cedido a la presión de Trump y que ni Irán ni el grupo libanés han sido definitivamente debilitados. El jueves, antes del alto el fuego, una encuesta de la Universidad Hebrea de Jerusalén apuntaba a un estado de ánimo marcado por la “desesperanza y el pesimismo”, donde más del 60% de los encuestados aseguran que la realidad actual es peor de lo que esperaban, y menos del 40% habrían apoyado la operación si hubieran sabido cómo irían las cosas.