Israel amenaza con invadir el sur del Líbano pero Hezbollah no cede
Al menos ocho fallecidos en un doble ataque en la playa de Beirut donde se habían refugiado familias desplazadas
BeirutLa intensidad de los bombardeos israelíes sobre gran parte del Líbano y los combates en el sur del país plantean un nuevo interrogante sobre el rumbo de la guerra. Israel ha ordenado ampliar sus operaciones tras el lanzamiento de una serie de cohetes por parte de Hezbollah, según ha confirmado este jueves su ministro de Defensa, Israel Katz. En pocas horas, ataques aéreos masivos han golpeado a Beirut y al sur del país, con un balance hasta ahora de al menos 53 muertos desde ayer.
En la playa de Ramlet Al-Bayda, en el frente marítimo de Beirut, donde se refugiaban familias desplazadas, un doble ataque ha causado al menos muertos y 31 heridos. Katz ha amenazado en un comunicado al gobierno libanés: "Si no puede impedir que Hezbollah ataque Israel, lo haremos por nuestra cuenta".
El número de víctimas por los ataques israelíes en Líbano, iniciados el 2 de marzo, ha subido hasta los 687 muertos y 1.774 heridos, según el último balance de las autoridades libanesas, emitido antes de que Israel haya anunciado, por la tarde, que había puesto en marcha una nueva. Lo hizo poco después de haber emitido una orden de evacuación para el centro de Beirut. Es la primera vez que lo hace, aunque ya ha bombardeado el corazón de la capital libanesa en otras ocasiones, sin previo aviso.
En sólo unos días, la escalada ha obligado a más de 750.000 personas a abandonar su casa en todo el país. Mientras continúan los ataques y respuestas de Hezbollah con tandas de cohetes y drones, la pregunta que surge es hasta dónde pretende llegar Israel en ese frente. Los movimientos del ejército israelí sobre el terreno sugieren que la ofensiva podría ir más allá de una campaña contra el grupo chií. Israel ha atacado cientos de objetivos y mantiene posiciones dentro de territorio libanés. El objetivo declarado es proteger a las comunidades del norte de Israel, evacuadas en diferentes fases del conflicto, pero la operación parece seguir también una lógica territorial.
En el sur del país, las tropas israelíes avanzan de manera gradual ocupando colinas y posiciones elevadas que dominan carreteras y valles. Desde estas alturas se pueden vigilar movimientos y controlar rutas estratégicas. Para algunos militares, estos desplazamientos apuntan a crear una zona tampón dentro del territorio libanés destinada a mantener alejados de la frontera a los combatientes de Hezbollah. "Quien controla las colinas controla el terreno", explica el coronel retirado Michel Al Khory, analista militar libanés. "Desde estas posiciones se pueden observar las carreteras y limitar mucho la capacidad de moverse del adversario".
El río Litani
En ese contexto vuelve a aparecer una referencia habitual en los debates militares israelíes: el río Litani. Desde finales de los años setenta, se han sucedido los planes de Israel para empujar a Hezbollah hacia el norte de este río y alejar sus posiciones de la frontera israelí. Los movimientos actuales sugieren más bien un avance paulatino: consolidar primero una franja de varios kilómetros dentro del sur del país antes de cualquier operación de mayor envergadura.
Pero la ofensiva no se limita al terreno militar. Los ataques y las evacuaciones masivas afectan también al entorno social donde Hezbollah mantiene gran parte de su influencia. El movimiento no es sólo una milicia armada; es también un partido político y una red social arraigada en amplios sectores de la comunidad chií de Líbano. Vaciar pueblos y barrios donde el grupo tiene presencia puede debilitar ese entorno que sostiene su poder político y logístico.
Sin embargo, Hezbollah sigue activo sobre el terreno. Combatientes del movimiento siguen operando en el sur y han utilizado misiles antitanques contra posiciones israelíes. También se han arrojado cohetes y drones desde zonas situadas más al norte.
La idea de una franja de seguridad en el sur del Líbano no es nueva. Israel ocupó parte de esta región durante casi dos décadas, hasta su retirada en 2000, una presencia que reforzó la legitimidad de Hezbollah como movimiento de resistencia. Aquella experiencia pesa aún en los cálculos militares. La estrategia actual parece distinta: en lugar de un empleo prolongado, Israel busca controlar posiciones estratégicas y despejar ciertas áreas de población para crear un espacio difícil de utilizar por el grupo chií.
Las guerras posteriores también han mostrado las dificultades de combatir en este terreno. En 2006, a pesar de los intensos bombardeos, Hezbollah mantuvo su capacidad de combate durante semanas. Las escaladas más recientes, incluido el conflicto regional de 2023 y la guerra actual, han vuelto a demostrar que el movimiento conserva capacidad para operar y responder desde el sur del país.
Éste es uno de los riesgos que más preocupan a los observadores. "Las guerras en Líbano suelen empezar con objetivos limitados y acaban ampliándose", señala una fuente militar libanesa que sigue la evolución del conflicto. Si Hezbollah sigue respondiendo con cohetes y drones, Israel podría verse empujado a avanzar más profundamente de lo previsto.
Un terreno hostil para los ejércitos convencionales
El terreno dificulta los avances de un ejército convencional. Hezbollah ha adaptado su estrategia precisamente a ese entorno. "Son colinas, carreteras estrechas y localidades muy cercanas. Un pequeño grupo puede atacar a un convoy militar y desaparecer en minutos", explica Al Khoury. En este pulso, el sur de Líbano vuelve a convertirse en un territorio clave. Y si el frente regional con Irán termina antes, muchos temen que el conflicto en esa frontera continúe.