Lluvia negra, polución y agua contaminada: el desastre ecológico de la guerra en Oriente Medio

Los bombardeos a instalaciones petrolíferas en la capital de Irán condenan la salud de los habitantes y los ecosistemas de la zona

Todavía no hace un mes que el conflicto en Oriente Medio estalló y en este tiempo se han tenido que lamentar miles de muertos, pérdidas de patrimonio cultural e histórico y el temor creciente de un enquistamiento del conflicto, con potencial –ya demostrado– para desequilibrar el orden mundial. Pero mientras la preocupación por la crisis humanitaria aumenta, el conflicto ya se ha consolidado como uno de los desastres ambientales más grandes de la historia, con implicaciones que durarán décadas.Organizaciones internacionales observan con especial preocupación la zona de Teherán después del bombardeo israelí cuádruple de la noche del 7 de marzo –tres en zonas de almacenamiento de petróleo y uno en una refinería–. De las cuatro instalaciones atacadas, la que está más lejos de la capital iraní está a escasos 20 kilómetros del centro de la ciudad. A estas alturas aún es complicado dimensionar las consecuencias de estos ataques porque no hay datos del terreno afectado y la información de los satélites es difícil de interpretar. Pero las características demográficas y físicas de Teherán la hacen especialmente vulnerable: un área urbana de más de 10 millones de habitantes y la muralla natural de la cordillera de Elburz, que dificulta la entrada de corrientes de aire limpio.Diferentes expertos coinciden en señalar que los impactos para la salud y el medio son difícilmente equiparables a anteriores catástrofes de este tipo. “Es especialmente preocupante por los contaminantes que han emitido y continúan emitiendo los centros de almacenamiento bombardeados. Es muy diferente de los ataques a refinerías o centros de exportación. En los depósitos de petróleo aún no tratado hay concentraciones muy elevadas de aceites, metales pesados, compuestos energéticos e hidrocarburo aromático policíclico (HAP)”, explica el divulgador científico y profesor de química ambiental en la Universidad de Barcelona Xavier Giménez. El gobierno de Irán, conocedor de la amenaza que supone el bombardeo a estas instalaciones, también ha seguido una estrategia similar atacando este tipo de bases de extracción y almacenamiento en Oriente Medio.La Organización Mundial de la Salud (OMS) se apresuró a alertar que los ataques a las instalaciones petroleras representaban un problema grave para los habitantes. Pero aislarse del humo es prácticamente imposible. La ciudad de Teherán quedó inmersa en una nube oscura, densa y opaca los días posteriores a los bombardeos. Aun así, según señala Giménez, las partículas más nocivas son las que no se ven: “Como las partículas de 2,5 micras o inferiores no se ven, no hay percepción de peligro, pero, en cambio, tienen entrada directa a los alvéolos, al sistema sanguíneo e incluso al cerebro”. La inhalación de partículas de benceno y de HAP están directamente relacionadas con el riesgo de enfermedades graves como el cáncer y la leucemia.Este tipo de contaminación es completamente diferente de la que se registra habitualmente en ciudades como Delhi o Pekín, tanto por la composición de las partículas como por sus efectos sobre la salud y los ecosistemas, asegura el doctor en química. También lo es por su escala. Según el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente la nube de humo llegó a Afganistán, y a algunas regiones de China y Rusia, debido a las corrientes de aire que desplazaron la contaminación en dirección este. Más allá de la dispersión de la contaminación por todo el mundo, el humo transportado por el viento ha comprobado que aumenta la acumulación de hollín a grandes altitudes y acelera el deshielo de los glaciares. Giménez no descarta que parte de estas partículas también hayan llegado a Europa, si bien son casi imperceptibles.El agua, el talón de Aquiles de Irán

La gran cantidad de partículas en suspensión se condensó y acabó precipitándose en forma de lluvia negra poco tiempo después del bombardeo, una combinación de lluvia ácida y otros elementos de la combustión del petróleo. Los tejados se ennegrecieron, el alcantarillado se saturó y se teme que el suministro de agua potable también haya quedado contaminado, tal como aseguran fuentes no oficiales iraníes a través de los tests de acidez del PH del agua corriente. Este hecho es especialmente grave teniendo en cuenta que Irán sufre una sequía desde 2020, agravada por la crisis climática. 

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“No es descabellado pensar que las fuentes de agua y los cultivos han quedado contaminados entre el humo y la lluvia negra. No es lo mismo que haya una fuga en una instalación de petróleo que una explosión, que genera una capacidad de expansión de los contaminantes mucho más alta”, explica el profesor de química ambiental. Martínez no duda en asegurar que se trata de un atentado ambiental, teniendo en cuenta el territorio afectado, el impacto en la cadena trófica y la persistencia en el tiempo que puede tener este ataque múltiple. “Los efectos sobre los ecosistemas son más lentos: tardan más en llegar y también en irse. Pueden pasar décadas antes de que desaparezcan los restos de contaminantes”, señala Giménez.Las principales vías para garantizar la potabilidad del agua en Irán, en este punto son, principalmente, dos: o bien el filtrado y tratamiento intensivo del suministro del agua, o bien la desalinización de toda el agua que llega a las casas. Ambas opciones son complicadas y a día de hoy no se tiene constancia de que el gobierno haya optado por ninguna de ellas. El proceso de tratar y filtrar el agua corriente requiere mucha energía. Según la International Energy Agency, la fuente de energía de Irán proviene principalmente del gas natural, en un 58%, y del petróleo, en un 29%, dos recursos que se han visto mermados por los ataques continuados por parte de los Estados Unidos e Israel. Por otro lado, las plantas desalinizadoras también han sido un blanco en la operación de las fuerzas norteamericanas e israelíesen diferentes zonas de Irán, como la de la isla de Qeshm. Esta estrategia de guerra también la ha adoptado Irán, el cual en las últimas semanas ha sido acusado de atacar diferentes instalaciones similares en países del Golfo.