¿Qué representa el acuerdo EE.UU.-Irán para Israel? Nada positivo

Israel se encuentra en un momento muy complicado, quizás el más difícil de la historia del país, fundado en 1948. Al frente tenemos a Benjamin Netanyahu, un primer ministro controvertido no solo por la situación derivada de la guerra con Irán y sus consecuencias inciertas, sino también por la profunda división religiosa, social y política que sacude Israel.

Con un presidente tan imprevisible como Donald Trump no es fácil pronosticar la evolución de la situación, pero el acuerdo con Teherán crea un montón de incertidumbres considerables en Oriente Próximo. En cuanto a Israel en concreto, las incertidumbres son de grandes dimensiones, y no hay garantías de que se resuelvan en las elecciones previstas para el mes de octubre.

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El acuerdo de Trump con Irán no ha satisfecho ninguno de los cuatro objetivos declarados por Netanyahu que impulsaron la guerra: la caída del régimen islamista de Teherán, la destrucción de su programa nuclear, la destrucción de su programa balístico y la destrucción del eje chií, que incluye Hezbollah.

Ninguno de estos cuatro objetivos se ha alcanzado, y ahora Netanyahu no puede enfrentarse abiertamente a Donald Trump como hizo algunos años atrás cuando se enfrentó a Barack Obama y se autoinvitó al Congreso de los EE. UU. a pronunciar un discurso muy agresivo contra el entonces presidente demócrata. Es difícil imaginar que Netanyahu repita la misma función contra Trump.

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El acuerdo con Teherán prevé la apertura de un período de negociación sobre las cuestiones nucleares de 60 días, pero este período podría alargarse incluso indefinidamente. Analistas israelíes consideran que 60 días es un período demasiado corto para todos los temas que se deben abordar. Barack Obama necesitó un año y medio para llegar a un acuerdo nuclear con Teherán, y nada hace pensar que Trump lo resolverá en solo dos meses.

Israel está perdiendo el apoyo de una parte importante de la población de los Estados Unidos, especialmente de los votantes demócratas. Pero también una parte de los votantes republicanos cuestionan el estado judío. Es una tendencia sin precedentes de la que Israel es consciente. Netanyahu sencillamente no se puede permitir abrir una guerra frontal con los Estados Unidos ni con Trump.

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Más violencia en Gaza y Cisjordania

Por otra parte, las encuestas de los últimos días indican por primera vez una pérdida considerable del apoyo que tiene Netanyahu entre la población, y el acuerdo con Irán solo incrementará esta tendencia. La frustración de los israelíes es evidente y es posible que se traduzca en las urnas próximamente, es decir, que los votantes busquen una alternativa a Netanyahu.

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En la recta final de la campaña electoral, Netanyahu deberá buscar nuevas fórmulas para aumentar su popularidad. En Israel, la que más triunfa es la violencia contra los palestinos, de manera que durante la campaña electoral que ya ha comenzado será fácil que se incremente sustancialmente la violencia en Cisjordania y sobre todo en la Franja de Gaza, que ya está en marcha. La violencia del ejército y de los colonos tiene lugar diariamente, y la comunidad internacional no reacciona. Sin duda, Netanyahu jugará desesperadamente esta carta, que acostumbra a movilizar a una parte considerable de su electorado.

Con el acuerdo con Irán, la atención de la comunidad internacional pasa de nuevo a Gaza y Cisjordania, una situación que no será cómoda para Netanyahu, ni —si pierde las elecciones— para su sucesor. El contexto no puede ser más complicado después de una guerra larga durante la cual el primer ministro no ha conseguido ninguno de sus objetivos.