Seis meses de guerra: Trump no encuentra la salida al laberinto iraní

Las sanciones anunciadas esta semana no tendrán ningún efecto si no tocan los intereses chinos

28/08/2026 - 07:02 h.

LondresDonald Trump continúa atrapado en el laberinto de Irán, una guerra sin salida que debía durar, como mucho, seis semanas, y que ya dura seis meses. Un exceso de confianza en los susurros al oído del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, llevaron al presidente estadounidense a despreciar las advertencias de sus asesores. El conflicto no tiene fin a la vista. Y sobre todo, no tiene ningún final bueno para los intereses de los Estados Unidos.

Según informaciones publicadas el lunes por TheWall Street Journal (WSJ), la entonces directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, advirtió al republicano de cabalgar junto a Netanyahu en una aventura incierta. Haciéndole caso omiso, Trump lanzó el 28 de febrero la operación Furia épica. El resultado es un desastre en términos humanitarios, económicos, militares y políticos.

Cargando
No hay anuncios

Todos los factores que desaconsejaban la acción se han cumplido, siempre según la evaluación de Gabbard recogida por el WSJ. La asesora había advertido que una operación para eliminar al líder supremo de Irán, Ali Jamenei, no provocaría el colapso del régimen, sino que reforzaría los sectores más radicales de la Guardia Revolucionaria y podría acelerar el programa nuclear. Y también alertó del peligro evidente sobre el estrecho de Ormuz y el impacto que la interrupción del tráfico marítimo en el Golfo tendría en los mercados de la energía.

En junio se acordó una tregua de 60 días, pero las negociaciones fracasaron el 17 de agosto. Ahora, Washington ha optado por la operación Parias económico, centrada en sanciones, control marítimo y prohibiciones selectivas para asfixiar la economía iraní sin reanudar, de momento, los bombardeos a gran escala. Es la asunción más o menos explícita del fracaso militar. Pero el éxito del estrangulamiento económico de la República Islámica es igualmente incierto, aún más si no se tocan los intereses de China.

Cargando
No hay anuncios

Teherán tiene suficiente con sobrevivir

A pesar de todo; a pesar de las proclamas victoriosas de Trump, y de sus amenazas, el régimen teocrático de Irán ha obtenido una especie de victoria por el simple hecho de sobrevivir. Medio año después, el conflicto ha dejado de ser una campaña militar convencional para convertirse en una batalla de desgaste con consecuencias regionales y globales que se proyectarán durante años o décadas. Teherán, como un buen yudoca, ha transformado su debilidad en un elemento de fuerza y presión que condiciona los mercados internacionales y que limita la capacidad de escalada de su antagonista.

Cargando
No hay anuncios

Los analistas del Atlantic Council, un think tank de orientación republicana de Washington, discrepan sobre hasta qué punto la estrategia –si es que existe– está funcionando. Pero coinciden en un punto fundamental: Irán no ha capitulado. Andrew L. Peek y Jonathan Panikoff advertían la semana pasada que el régimen, forjado en la experiencia de la guerra Irán-Irak, continúa dispuesto a resistir y que "el tiempo no juega a su favor", pero tampoco está demostrando ser suficiente para obligarlo a rendirse.

La mencionada ofensiva económica de la Casa Blanca confirma la paradoja. Washington pretende cortar las vías comerciales y financieras que aún mantienen con vida la economía iraní. Pero Daniel Fried, antiguo subsecretario de Estado norteamericano, considera que las primeras medidas han sido más bien "un tiro de advertencia" que no un golpe decisivo. Para provocar un daño realmente paralizante, dice, EE. UU. "deberían actuar contra grandes empresas y bancos chinos", una medida que comportaría riesgos considerables para la economía mundial.

Cargando
No hay anuncios

Una opinión que también comparte en un correo electrónico con el ARA el profesor de política internacional de la City St George's, University of London, Inderjeet Parmar: "China compra una parte muy importante del petróleo iraní y ya ha advertido que responderá si las empresas chinas son objeto de sanciones. Aplicarlas de manera plena contra Pekín podría provocar una crisis económica mundial de dimensiones enormes, de manera que Washington tiene un margen de acción limitado".

Con la visita de Xi Jinping a Estados Unidos prevista para el 24 de septiembre, como contrapartida de la de Trump de mayo en Pekín, la presión económica de la Casa Blanca sobre Teherán parece poco más que otro golpe de propaganda. De lo contrario, presionar los intereses chinos podría desencadenar represalias de Pekín y una nueva guerra comercial, justo cuando Washington y Pekín intentan evitar una escalada de sus propios conflictos económicos.

Cargando
No hay anuncios

Desde una perspectiva más cercana al Partido Demócrata, el diagnóstico es aún más grave para Washington. El Center for American Progress, uno de los principales think tanks progresistas de la capital de EE. UU., sostiene que Trump no puede salir fácilmente de la guerra ni conseguir una victoria. Allison McManus lo resume de manera contundente: "Irán tiene la sartén por el mango y la ha utilizado para infligir el máximo dolor posible a Estados Unidos". El diagnóstico no significa que Irán haya ganado militarmente –su aparato militar ha sido profundamente golpeado–, sino que la superioridad militar estadounidense no se ha traducido en los resultados políticos que perseguía.

La diferencia entre victoria militar y victoria estratégica es probablemente la mejor manera de entender los seis meses de guerra. Washington y Tel Aviv pueden haber destruido buena parte de las capacidades convencionales iraníes, pero no han conseguido evitar que Teherán condicione el precio y el tránsito de la energía, ni han obligado al régimen a aceptar las condiciones estadounidenses.

Cargando
No hay anuncios

Reacción regional

La reacción regional ha estado marcada por la prudencia y el cálculo. Los países del Golfo intentan evitar una implicación directa que los convierta en objetivos iraníes. Al mismo tiempo, Washington necesita que cooperen con su estrategia económica. Arabia Saudita, que apuesta por la distensión con Teherán, ya no tiene la misma disposición que en el pasado a liderar una política de aislamiento de Irán. Por lo tanto, sin una cooperación mucho mayor de los países del Golfo y, sobre todo, de China, la estrategia de máxima presión económica difícilmente podrá tener éxito.

Cargando
No hay anuncios

En paralelo, las alianzas se han reequilibrado. Si bien los EE. UU. no han dejado de ser la principal potencia militar externa de la región, en la cuestión iraní han perdido credibilidad como garante único y automático de la seguridad del Golfo. La guerra ha demostrado que depender exclusivamente del paraguas estadounidense tiene riesgos para los países árabes.

Esto explica que Riad haya impulsado el pacto de defensa mutua con Pakistán y Turquía y que otros estados busquen vías propias de reubicarse en el tablero de la zona. Un tablero que se ha vuelto mucho más multipolar, con Omán intentando mantener una vía de mediación con Irán y Pakistán jugando a dos juegos: ejerciendo de actor militar poderoso de la mano de Riad y Ankara, pero también presumiendo como potencia diplomática.

Cargando
No hay anuncios

Finalmente, las bases y fuerzas estadounidenses en el Golfo han quedado expuestas a los ataques iraníes, y Washington está reconsiderando incluso su disposición militar en la zona. Estas instalaciones, especialmente las grandes bases, son muy vulnerables. "Veremos una reorientación de la presencia militar estadounidense fuera del golfo Pérsico", aseguraba Hal Brands, investigador de la Universidad Johns Hopkins. "Se reducirá el peso de las bases que se encuentran en el rango de misiles de corto alcance y drones", comentó el fin de semana pasado en el Financial Times.