Voces que claman en el desierto
Es habitual que, una vez jubilados, altos funcionarios israelíes critiquen el gobierno y denuncien la ocupación de los territorios palestinos, y a veces incluso la limpieza étnica sistemática de la población palestina o la persecución y desposesión no menos sistemáticas en general. Hacen comentarios en este sentido, que en algunos casos son públicos.
Poco antes de sus críticas contra la ocupación, han tenido cargos de gran responsabilidad dentro del terrible sistema israelí y han actuado con una dureza extrema contra los palestinos, a veces desde dentro del ejército o de los servicios secretos, obedeciendo las órdenes que recibían de las autoridades, es decir, del gobierno, de los ministros o incluso directamente del primer ministro, como piezas de una maquinaria de precisión que actúa con una rutina preparada para la muerte y la desposesión.
Este mes de agosto han firmado una carta de esta índole 102 exdiplomáticos franceses y británicos que antes de jubilarse tuvieron cargos en Israel, en Palestina o en otros lugares del Próximo Oriente. Es gente, pues, que conoce la zona, y los destinatarios de la carta son el presidente francés, Emmanuel Macron, y el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham.
Los firmantes reclaman una intervención inmediata y decisiva de las potencias europeas. El motivo de la carta es el proyecto para la construcción de asentamientos en la llamada Zona E1, un espacio de Cisjordania que está situado entre Jerusalén y la colonia judía de Maale Adumim, al este de la Ciudad Santa. La construcción prevista cortará completamente la conexión entre el norte y el sur de Cisjordania y tendrá consecuencias terribles para el futuro de los palestinos y de Palestina.
La carta de los exfuncionarios europeos no es del todo comparable con las llamadas que hacen los exfuncionarios israelíes, aunque en ambos casos el objetivo sea frenar la expansión y la “limpieza étnica”, una expresión que significativamente recoge la carta de los diplomáticos franceses y británicos.
La diferencia entre los dos grupos es que los exdiplomáticos europeos han denunciado a menudo los excesos que cometen las autoridades israelíes confidencialmente desde sus destinos, cuando aún eran funcionarios, a pesar de que habitualmente sus comentarios no tengan ninguna repercusión sobre el terreno.
La parálisis de los gobiernos europeos
Un diplomático europeo me dijo una vez que estaban hartos de hacer informes que llegaban puntualmente a las capitales europeas pero que después no tenían ninguna trascendencia, porque los mandatarios impedían un debate en el que se considerara criticar al estado judío al más alto nivel y adoptar las sanciones correspondientes. Los líderes europeos no permitían que se incluyera ningún tema similar en el orden del día en la agenda de los mandatarios.
El impulso constructor en E1 llega pocas semanas antes de las elecciones israelíes previstas para el 27 de octubre. Todavía faltan dos meses para que se abran las urnas, y es fácil que durante este tiempo se multipliquen las provocaciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, unas provocaciones cada vez más cínicas ante la parálisis de los mandatarios europeos.
Las voces de los exdiplomáticos europeos y de los exfuncionarios israelíes claman en el desierto y no tienen ninguna posibilidad de prosperar. Los exdiplomáticos saben por experiencia que la protesta no tendrá repercusiones, porque los mandatarios sencillamente no están interesados en resolver el conflicto. Es posible que haya alguna condena más o menos grandilocuente, pero es obvio que París, Londres o Berlín no tomarán ninguna medida decisiva destinada a resolver la cuestión.