Ortega consuma el pucherazo con la oposición en la prisión o en el exilio

El régimen se atribuye un apoyo del 74,99%, con una participación del 65%, en las elecciones del domingo

BarcelonaEl guion previsto se ha consumado y Daniel Ortega encara el cuarto mandato consecutivo como presidente de Nicaragua. A base de detenciones masivas y habiendo enviado a toda la oposición a la prisión o al exilio, en unas elecciones sin observadores internacionales ni ninguna garantía, la Junta Electoral ha difundido este mediodía unos resultados que nadie fuera del régimen se cree: un apoyo del 74,99% y una participación del 65%, que contrasta con la escasa afluencia que se vio en los colegios, en una cita en la que la única manera de protestar era quedarse en casa. Según la organización Urnas Abiertas, que desplegó 1.500 observadores en todo el país, la abstención real habría superado el 80%.

Los únicos que pudieron concurrir a las urnas fueron los partidos que el régimen ha autorizado para dar una apariencia de pluralismo, pero el engaño quedaba al descubierto: si a los votos obtenidos por el partido sandinista se suman los del segundo partido más votado, los liberales, el apoyo al gobierno se elevaría al 90%. "No han sido unas elecciones, ha sido una farsa", sentencia Erika Rodríguez, analista de América Latina de la Fundación Alternativas. "Pero el dato de abstención es interesante: Ortega ha hecho todas las trampas que ha podido, pero aún así los nicaragüenses han demostrado que no entran en su juego. El control era férreo y muchos trabajadores hoy serán controlados para ver si tienen el dedo marcado de tinta. Así de terrible es la situación de Nicaragua: incluso por abstenerte puedes tener problemas". De hecho, la represión de las masivas protestas de 2018, que causó al menos 400 muertos, no se ha acabado.

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Más interesante que el resultado oficial, pues, es la pregunta que se abre después de los comicios: ¿y ahora qué? "Desde el punto de vista interno del régimen es inevitable que en algún momento se abrirá el debate sucesorio, porque Ortega ya tiene 75 años y [su mujer y vicepresidenta] Rosario Murillo tiene 70", apunta Sergio Maydeu, investigador asociado del Cidob. Rodríguez destaca que Murillo, a quien considera un tipo de Evita Perón ultracatólica, se querrá quedar en el poder, como si fuera una "monarquía hereditaria".

Respuesta internacional

Los comicios del domingo han representado la destrucción total de la democracia en Nicaragua y ahora la pelota está en ele tejado de la respuesta internacional. Después de la condena unánime de la Unión Europea (incluida España: la Moncloa se ha apresurado a emitir un comunicado calificando de "inaceptables" las elecciones y exigiendo la liberación de los "presos políticos y manifestantes detenidos arbitrariamente"), la Organización de Estados Americanos y la administración Biden, habrá que ver si se endurecen las sanciones. Pero hasta ahora Ortega ha reaccionado siempre encarcelando a más opositores.

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"Veremos qué posición adoptarán finalmente los Estados Unidos, que ya han dicho que quieren aplicar nuevas sanciones a Ortega. Pero en el contexto actual de crisis de suministros es muy fácil que se pasen de frenazo y acabe pagando el precio la población, todavía más ahora que Venezuela, que es el único aliado que le queda a Ortega, no está en condiciones de ofrecer ayuda. Es muy fácil acabar ahogando el país y que esto el régimen lo utilice para reforzarse, por eso ha hecho un discurso prácticamente de guerra". No en vano, la vecina Costa Rica, donde se han refugiado decenas de miles de nicaragüenses, ha pedido una acción internacional para evitar un nuevo éxodo.

Maydeu explica que los cuatro pilares de la oposición en el país son la Iglesia (que hasta 2018 apoyó al régimen), sectores del empresariado (algunos de los cuales siguen apoyando a Ortega), los partidos opositores con los líderes encarcelados o en el exilio (la más popular de los cuales es Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Violeta Chamorro) y la sociedad civil, donde destacan los medios de comunicación y los defensores de los derechos humanos.

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El Frente Sandinista de Ortega-Murillo y sus aliados controlan todas las instituciones del país. La policía detuvo antes de las elecciones a siete candidatos a la presidencia que siguen entre rejas y todos los candidatos del domingo eran poco conocidos y afines al régimen.