El hermetismo del Kremlin alimenta la inquietud sobre el posible brote de peste en Siberia
La OMS ofrece ayuda técnica a Rusia y los Estados Unidos exigen más información
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MoscúSea cual sea la verdad de lo que ocurre en Siberia con el posible caso de peste neumónica, el Kremlin ha optado por gestionar la información con cuentagotas. La autoridad sanitaria rusa asegura que la situación epidemiológica en Irkutsk es “tranquila”, tras la muerte, el pasado viernes, de Daria Shipilova, investigadora del Instituto de Investigación contra la Peste, a causa de una enfermedad respiratoria fulminante. La Organización Mundial de la Salud considera “muy bajo” el riesgo para Europa, pero, al igual que los Estados Unidos, está molesta por la opacidad de Moscú, que continúa sin aclarar de qué murió la trabajadora del laboratorio.
La versión de Rospotrebnadzor, el órgano ruso de salud pública, es que el 90% de las personas que habían estado en contacto con la víctima ya no están bajo vigilancia médica ni han presentado síntomas de ninguna infección peligrosa. También sostiene que Shipilova estaba vacunada contra la peste y que se siguieron todos los protocolos de seguridad correspondientes. Y, finalmente, deja claro que se ha informado a la OMS de la situación.
Ahora bien, estas explicaciones no parecen convencer del todo a la agencia de salud de las Naciones Unidas. Su director general, Tedros Adhanom, ha lamentado que "todavía no dispone de una imagen completa" de los hechos ni de qué motivó las cuarentenas y los confinamientos en los hospitales de la zona, y ha explicado que están tratando de verificar los rumores sobre un segundo positivo de peste. Esta noticia, difundida en algunos medios extranjeros, no está recogida en ninguno de los diarios locales rusos que siguen de cerca el caso y el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, la ha calificado de “falsa”. A pesar de ello, la OMS recuerda que el intercambio de información “completa, transparente y a tiempo” es una obligación del reglamento sanitario internacional, clave para evitar malentendidos y posibles riesgos para la salud.
Washington también ha enviado una petición formal al gobierno ruso para que disipe todas las dudas sobre el episodio, a la espera de que conversen por teléfono Vladímir Putin y Donald Trump, probablemente este miércoles. La embajada norteamericana en Moscú ha emitido una alerta a sus ciudadanos en Rusia que ha generado cierta alarma: la misión diplomática afirma haber tenido conocimiento del caso sospechoso de peste por la prensa y recomienda a los estadounidenses que se encuentren en Irkutsk que sigan las indicaciones de las autoridades sanitarias locales, eviten los hospitales y vayan al médico inmediatamente si tienen fiebre o problemas respiratorios. Asimismo, aconseja a todos los norteamericanos que abandonen el país, aunque se trata de una recomendación general vigente desde hace años debido al riesgo de “detención arbitraria” y “preocupación por la seguridad”. También la vecina Mongolia ha ordenado “vigilar” la frontera por precaución.
Incertidumbre en Irkutsk
Mientras tanto, en Irkutsk, la ausencia de explicaciones obliga a los habitantes a establecer conjeturas. Vecinos del bloque donde vivía Shipilova han explicado al medio local Liudi Baikala que, el día de su muerte, personal de Rospotrebnadzor con monos naranjas de protección biológica desinfectó el edificio, y volvió a desinfectarlo dos veces en los días posteriores. La escolta de los servicios secretos a las ambulancias que transportaban a los contactos de la víctima también sugiere que se trata de un caso potencialmente grave.
En la ciudad se ha extendido el pánico. Los médicos hablan de manera no oficial de un caso de peste neumónica, mientras los residentes corren a las farmacias a acumular antibióticos e incluso provocan peleas en algunas tiendas. Una fuente sanitaria apunta al diario que no es creíble que no haya habido un brote, dada la reacción de las autoridades. Admite que podría no tratarse de este patógeno, pero sí de alguna otra bacteria peligrosa. Los expertos también cuestionan la afirmación de Rospotrebnadzor de que la enfermedad de Shipilova no está relacionada con su trabajo. A pesar de todo, los compañeros de la joven ven improbable la teoría según la cual se contaminó cuando se le rompió un tubo de ensayo. Argumentan que las medidas de seguridad y los protocolos en el laboratorio son extremos.