El manual de Putin: así ha conseguido que Trump sirva a los intereses de Rusia
El Kremlin aplica estrategias propias de gánsteres para enfrentar a Washington y Kiev y que los Estados Unidos abandonen a Zelenski
MoscúLos dos peores momentos en la relación entre Donald Trump y Volodímir Zelenski han tenido un denominador común: han llegado precedidos de una conversación telefónica del presidente de los Estados Unidos con Vladímir Putin, en la que el líder del Kremlin le ha prometido grandes negocios conjuntos. Sucedió en febrero de 2025, antes de la pelea pública entre el líder estadounidense y el líder ucraniano en el Despacho Oval de la Casa Blanca, y ha vuelto a pasar ahora, a raíz del acuerdo para que Moscú venda gasóleo con el permiso de Washington, que ha pillado a Kiev con el paso cambiado. El presidente ruso ha sabido en todo momento ofrecer a Trump lo que deseaba, persuadirlo con sus razones, atraerlo a sus posiciones y enfrentarlo a Zelenski.
Según Roman Anin, uno de los mejores periodistas de investigación de Rusia, que ha estado quince años indagando en los servicios secretos y el crimen organizado ruso, Putin está aplicando a Trump el manual de los gánsteres y de los silovikis –los agentes de los servicios de seguridad– para conseguir que haga lo que más conviene al Kremlin. Según este manual, Trump es un bariga, una palabra que en argot delincuencial ruso describe a un hombre de negocios avaricioso y sin escrúpulos, que pone el propio beneficio por encima de todo principio y norma. Y el objetivo del presidente ruso es convertirlo en un lokh, un forastero que ignora los códigos de este submundo y que es engañado para que acabe sirviendo a los intereses del clan.
Justo antes de la discusión en la Casa Blanca, Putin había propuesto a Trump explotar conjuntamente las tierras raras rusas de los territorios ucranianos ocupados. Esta y otras oportunidades de cooperación económica aparecían como un horizonte muy provechoso para los Estados Unidos, que también estaban a punto de firmar un acuerdo para extraer minerales raros de Ucrania. El presidente estadounidense interpretó aquella predisposición rusa como una señal de la voluntad del Kremlin de llegar a un acuerdo de paz. Así, imaginó una resolución fácil del conflicto, un primer éxito para su mandato y el fin del gasto millonario en armamento para Ucrania. Zelenski, sin embargo, advirtió a Trump y al vicepresidente, J.D. Vance, que Putin había violado pactos anteriores y que no tendría ninguna intención de detener los combates, un aviso que se recibió como una negativa ucraniana a explorar la vía diplomática.
Con el acuerdo del diésel, el líder del Kremlin ha convencido a Trump de que la situación vuelve a ser la misma: un Zelenski recalcitrante, que no está dispuesto a dejar de bombardear refinerías y que, por tanto, se convierte en un obstáculo para la política doméstica de los Estados Unidos. Putin, en cambio, se presenta como un líder mundial constructivo, abierto al diálogo, y con quien se pueden cerrar tratos. De hecho, según diversos medios estadounidenses, los enviados de la Casa Blanca prevén que este pacto sobre el gasóleo será un primer paso para que el presidente ruso vuelva a sentarse en la mesa de negociación. De momento, Moscú ya ha hecho saber que la obstinación de Zelenski en escalar los bombardeos impide retomar las conversaciones.
Mientras tanto, igual que en la primavera de 2025, Putin rechaza cualquier propuesta de tregua y consigue que Trump no solo no se enfade, sino que también pueda proclamar que existe realmente un alto el fuego sobre las infraestructuras energéticas, a pesar de que las evidencias lo desmientan. Si en aquel momento Rusia aceptó formalmente las diversas treguas que se discutieron para después enterrarlas bajo condiciones imposibles, ahora los diplomáticos rusos ni siquiera buscan coartadas para maquillar la negativa. “No creo que Zelenski se haya ganado un alto el fuego, no creo que volvamos a caer en sus garantías y promesas”, se limitó a decir el lunes el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.
Trump y Putin quieren elecciones en Ucrania
Tampoco es casual que, tanto ahora como en febrero del año pasado, Trump haya cargado contra Zelenski acusándolo de perpetuarse en el poder sin pasar por las urnas. Entonces lo calificó de “dictador sin elecciones” y ahora ha ido más allá afirmando que “es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente” y sugiriendo que debería ser alguien capaz de llegar a un acuerdo. Este planteamiento ha recibido enseguida el aplauso del Kremlin porque es lo que Putin defiende desde hace años. Es más, uno de los objetivos principales de la invasión que lanzó Rusia en 2022 era y sigue siendo un cambio de régimen en Kiev, que incluye la destitución de Zelenski.
Putin no espera que Trump le facilite una paz en sus términos porque cree que eso no depende de él. No confía en ello, y menos ahora que ve posible que pierda las elecciones de mitad de mandato y que cualquier documento firmado por él pueda quedar en papel mojado. Lo que ha pretendido siempre Moscú es explotar la prisa de Trump por lavarse las manos del conflicto, conseguir que abandone Kiev definitivamente y allanarle el camino para ganar la guerra. Una de las consecuencias del choque en el Despacho Oval fue la amenaza estadounidense de dejar de compartir inteligencia con el ejército ucraniano si no se avenía a negociar la paz. También ahora se repite la historia, con el Pentágono presionando a Zelenski con esta herramienta esencial para la defensa de las ciudades ucranianas y para los ataques contra el interior de Rusia.