Putin avanza en el Donbás y sus soldados no tardarán en conquistar la ciudad clave de Kostiantínivka
Los sectores más radicales piden al presidente ruso una nueva movilización para acelerar el curso de la guerra
MoscúA Vladímir Putin le ha molestado que en las últimas semanas se haya generado un relato según el cual Ucrania está a punto de cambiar el curso de la guerra. “Los europeos tienen la impresión categóricamente incorrecta de que la situación en el campo de batalla está cambiando a favor de las fuerzas ucranianas”, dicen desde el Kremlin. El motivo es el esfuerzo parcialmente exitoso de las tropas de Kiev por ahogar la logística rusa en el frente sudeste, lo que abre una ventana de oportunidad a Volodímir Zelenski. Ahora bien, en el este, en el Donbás, Rusia continúa avanzando y no tardará en conquistar Kostiantínivka, una de las últimas grandes poblaciones de la región. El problema es que avanza tan lentamente que cada vez crece más la presión de los sectores belicistas para que el presidente ruso decrete una nueva movilización, una medida enormemente impopular y que podría resultar del todo ineficaz.
Kostiantínivka es uno de los últimos bastiones defensivos ucranianos de Donetsk y, al igual que ocurrió en otoño en Pokrovsk, los soldados rusos han logrado burlar con gran dificultad el muro de drones hasta infiltrarse en la zona urbana. Actualmente, el número de efectivos rusos es tan alto que el ejército ucraniano no tiene capacidad de expulsarlos. “Si Ucrania no envía nuevas unidades, en las próximas semanas Rusia la ocupará”, vaticina a l’ARA el analista militar Nikolai Mitrokhin. Las tropas del Kremlin están arrasando la ciudad y exhibiendo banderas rusas a las cámaras aéreas para demostrar sus progresos, que se cuentan por decenas de metros y centenares de muertos cada día.
“El problema de Kostiantínivka es el resultado de que Ucrania haya concentrado efectivos en otras áreas”, explica Mitrokhin. El experto no descarta que Putin abra nuevos frentes al norte de Ucrania, en regiones como Sumi, Khàrkiv o Txerníhiv, aprovechando la protección del follaje de los bosques, con el fin de obligar a Zelenski a redistribuir fuerzas y no acumular soldados en Donetsk. El control de Kostiantínivka allanaría el camino desde el sur hacia Kramatorsk y Sloviansk, verdaderas fortalezas del Donbás. Mitrokhin calcula que Rusia estaría en condiciones de empezar a asediarlas en otoño, pero cree que la batalla por cada uno de estos municipios podría durar aproximadamente un año. Además, las tropas rusas llevan nueve meses intentando sin éxito someter Liman, una población que les permitiría progresar desde el norte en dirección a Sloviansk, porque es un territorio orográficamente muy difícil de atacar.
Sea como sea, si Ucrania no consigue interrumpir del todo los suministros a la primera línea, los observadores creen que el conflicto continuará la misma lenta dinámica de desgaste. “La guerra durará al menos dos años más si la economía rusa no colapsa”, apunta Mitrokhin. Tampoco creen que el Kremlin tenga un problema de reclutamiento, tal como hacían pensar las cifras del primer trimestre, cuando los nuevos voluntarios habían caído un 20% respecto al año anterior. “Rusia puede necesitar 600.000 soldados para conquistar todo el territorio del Donbás –señala el analista–. ¿Estará dispuesta? No tengo ni idea, pero la tendencia es estable: dedica tiempo, equipamiento y muchas vidas humanas”.
El dilema de la movilizaciónFrente a este estancamiento, sin embargo, se multiplican los rumores de una movilización forzosa que dé la opción de saturar las líneas ucranianas y decantar definitivamente el equilibrio. “Los que saben dicen que ya se ha tomado una decisión fundamental sobre este asunto y que tendrá lugar este otoño”, escribía hace poco el diputado Andrei Guruliov en Telegram, en un mensaje que después atribuyó a un pirateo de su cuenta, si bien continúa publicado. El filósofo Aleksandr Duguin, una de las voces más radicales de Rusia, apuesta por transformar “la operación militar especial” en una “guerra popular”, como la Segunda Guerra Mundial. “Una parte del pueblo ya está muriendo, ayuda y participa en esta guerra, y la otra parte no lo hace”, se quejaba recientemente.
Que hable del otoño no es aleatorio, sino que sería justo después de las elecciones legislativas, que el partido de Putin afronta con muy malos números en las encuestas. De todos modos, si más no públicamente, los dirigentes rusos descartan este escenario. Los analistas sostienen también que la movilización parcial de 2022 ya fue una decisión muy polémica y que ahora, además, no tienen necesidad de repetirla ni garantías de que sirva de mucho. “Una nueva movilización no da una gran perspectiva al ejército ruso, no cambiará nada –dice Mitrokhin–. El problema no es que no tengan suficientes soldados, sino que no tengan suficientes armas y vehículos para estos soldados”.
Desde su punto de vista, lo más probable es que el Kremlin recurra a una “movilización encubierta”, un sistema que ya se está llevando a cabo lejos de las grandes aglomeraciones urbanas. Se trata, por ejemplo, de coaccionar a los empresarios locales para que envíen una cuota de trabajadores al frente o de presionar a los migrantes pobres que intentan establecerse legalmente en Rusia para que se alisten si no quieren ser deportados o encarcelados. En los últimos días también se ha producido una imagen poco habitual en Rusia, en Penza: hombres uniformados subiendo a la fuerza a furgonetas a reclutas que habían intentado evadir el servicio militar, conscientes de que es un billete casi seguro hacia Ucrania.