Putin declara la guerra a Telegram e indigna a sus soldados
El bloqueo parcial de la plataforma deja incomunicadas a varias unidades del ejército ruso
MoscúVladimir Putin hacía tiempo que tenía Telegram entre ceja y cejapero no ha sido hasta esta semana que le ha declarado formalmente la guerra. Las autoridades rusas han ralentizado tanto la aplicación que apenas funciona para los más de 60 millones de usuarios que tiene en el país. El Kremlin acusa a su fundador, Pavel Dúrov, de saltarse la ley, pero él asegura que el verdadero objetivo del gobierno ruso es empujar a los ciudadanos hacia un servicio de mensajería nacional de nueva creación y supervisado por los servicios secretos. La jugada no sólo ha generado malestar en la calle, sino también en el ejército, donde muchos soldados se han quejado de que la plataforma es vital para las comunicaciones en el frente y para la defensa antidrones.
El caos comenzó sin preaviso entre el lunes y el martes, y obligó al órgano que tiene la potestad de bloquear internet, el Roskomnadzor, a pronunciarse. En un comunicado lamenta que Telegram incumpla de forma "sistemática" la legislación rusa, no proteja los datos de los usuarios, no combata el fraude y permita que se utilice con fines "delictivos y terroristas". Es decir, le reprocha que no coopere lo suficiente con los cuerpos de seguridad y no limite los contenidos críticos con el régimen. En paralelo, la justicia rusa se sumó a la campaña de presión anunciando varias multas contra la compañía por valor de cientos de miles de euros.
Dúrov respondió en una publicación en las redes sociales acusando al Kremlin de intentar "forzar a los ciudadanos a trasladarse a una aplicación controlada por el estado, diseñada para la vigilancia y la censura política", en referencia a Max, el nuevo servicio de mensajería impulsado por el gobierno ruso. El dueño de Telegram recordó a Putin que Irán había seguido la misma estrategia en el 2018 y no había salido adelante porque muchos iraníes habían continuado utilizando la plataforma sorteando el bloqueo. Y le advertía: "Restringir la libertad de los ciudadanos nunca es la respuesta correcta".
También ese año las autoridades rusas trataron de capar Telegram, en vísperas de unas elecciones presidenciales que parecía que podían contar con la candidatura de Aleksei Navalni, el principal opositor de Putin. La aplicación logró burlar el veto y, dos años después, el Roskomnadzor le levantó la prohibición sin dar mucho más explicaciones que el hecho de que Dúrov se había avenido a colaborar en el "combate contra el terrorismo y el extremismo". Esto desató el rumor de que Telegram había optado por compartir datos de sus clientes con los servicios secretos rusos; unos temores que nunca se han desvanecido.
Sea como fuere, todo indica que la tregua ha terminado y que ahora el Kremlin dispone de más y mejores herramientas para imponer la mano de hierro digital. Actualmente, los rusos sólo se pueden conectar a Telegram y WhatsApp, bloqueado definitivamente esta semana, a través de una VPN, una red generalmente de pago que ayuda a esquivar el firewall. Pero el impacto social del bloqueo de Telegram ha sido muy superior al de su competidor. Para los rusos es mucho más que un servicio de chat; actúa también como un gran vehículo de información. Todos los medios tienen sus canales, incluidos el Kremlin, los funcionarios públicos o el propio Roskomnadzor.
Los soldados, a oscuras
Además, Telegram ha sido la plataforma que ha encaramado a los blogueros probélicos durante los últimos cuatro años de invasión. La decisión del gobierno ruso les ha puesto, también a ellos, en pie de guerra por los graves perjuicios que, a su juicio, pueden provocar a las tropas. Muchos de ellos han compartido vídeos de soldados quejándose. Los militares lamentan, por ejemplo, que esta aplicación permite transmitir vídeo a tiempo real y designar objetivos a abatir. "¿Alguien del Roskomnadzor nos preguntó si esto sería útil?", se cuestiona un soldado. Otro afirma que toda la comunicación de los sistemas de ambulancia se hace por Telegram: "Mi comandante ha dicho que quien bloquee la aplicación va a quemar en el infierno".
También en la retaguardia, en las unidades que combaten los drones, están sufriendo por culpa de la cruzada contra la plataforma. Para los analistas es habitual que estos escuadrones carezcan de equipos de comunicación militares porque se reservan para el frente. "Estamos luchando contra drones enemigos para evitar que lleguen a nuestra patria y Telegram es nuestro único canal de comunicación. No nos lo tome", suplica uno de los miembros de estas unidades. Sin embargo, Kremlin hace como si sintiera llover y niega el problema. Su portavoz, Dmitri Peskov, considera "imposible imaginar comunicaciones por Telegram en la primera línea".
En la frente rusa, sin embargo, llueve sobre mojado. La semana pasada Elon Musk ya los desconectó de la red satélite Starlink, que el Kremlin llevaba años pirateando. La comunidad militar puso el grito en el cielo porque muchos batallones de asalto quedaron a oscuras. Según la OTAN, Ucrania ya lo ha aprovechado para avanzar en la región de Zaporíjia. El pánico ha sido tal que Rusia incluso se ha dirigido a la ONU para pedir que se desactive toda la red de satélites de SpaceX porque viola el derecho internacional y la utilizan terroristas.