¿De dónde saca Putin la carne de cañón que envía a Ucrania?
El Kremlin aleja el dolor del conflicto de las grandes ciudades y le hace recaer en las zonas remotas y pobres
MoscúUno de los grandes logros de Vladimir Putin en el cuarto aniversario de la invasión de Ucrania es haber alejado el dolor de la guerra de las grandes ciudades. ¿Cómo no implosionar una sociedad que, semana tras semana, envía a miles de hombres a morir en la frente? La respuesta se encuentra preguntando a los moscovitas cuántos de sus familiares, amigos o conocidos han ido a luchar. La tasa de mortalidad en combate de los soldados provenientes de la capital rusa es la más baja del país, uno de cada 5.000, seguida de San Petersburgo y Chechenia. En cambio, en la región de Buriátia (en Extremo Oriente ruso, tocando con Mongolia) el ratio es de un soldado muerto por cada 250 habitantes, y en Tuvá (al sur de Siberia) o en Chukotka (en el extremo noroeste de Rusia), baja hasta uno por cada 200 habitantes. La población de estas áreas tiene veinticinco veces más probabilidades de morir en combate que un vecino de Moscú.
Según un estudio del medio independiente ruso en el exilioThe Bell, las tasas de fatalidad en el frente están directamente correlacionadas con el número de habitantes que viven en cada región por debajo del umbral de pobreza, situado en los 19.000 rublos mensuales (unos 210 euros). Cuanta más miseria, más incentivos para alistarse en las Fuerzas Armadas y cobrar unos sueldos que nunca habrían soñado con ganar. Para muchos residentes de Moscú, el salario de un soldado contratado, cinco millones de rublos anuales (unos 55.000 euros), no es suficientemente atractivo y no pueden entender cómo alguien puede arriesgar su vida por una suma así. Este estudio también alerta de que el deterioro de la economía rusa puede provocar que aún más personas acaben decidiendo enrolarse.
Sin embargo, Maria Viushkova cree que no se trata sólo de dinero. Esta científica de etnia buriata fue la primera en analizar las raíces de las desigualdades en las tasas de muerte en combate. En declaraciones al ARA, asegura que detrás se esconde la voluntad del Kremlin de "minimizar los riesgos políticos de esta guerra". Desde su punto de vista, Putin quiere evitar que los fallecidos recaigan en las grandes ciudades "políticamente activas" o en zonas consideradas "políticamente peligrosas" como el Cáucaso del Norte. Viushkova afirma que el gobierno ruso "ha aprendido la lección de las guerras chechenas" y quiere evitar estallidos violentos en la región o que, una vez haya un alto el fuego, devuelvan hombres con armas a escondidas. No es casual, pues, que a pesar de tratarse de unos territorios bastante pobres, las tasas de mortalidad de sus voluntarios sean muy bajas.
La Rusia invisible
La estudiosa señala que el Kremlin ha desplazado "la carga de las muertes" a Rusia "invisible". Es decir, a los presos, a los migrantes, a las personas sin hogar, a las personas pobres de regiones remotas ya las minorías étnicas, grupos sociales que "no importan a nadie" y que se ven arrastrados a luchar "por desesperación". Viushkova denuncia que el Estado ejerce una presión enorme contra todos ellos para que se unan al ejército. Pone como ejemplo a las personas que cometen un delito menor y son amenazadas con penas desproporcionadas si no se alistan, o los migrantes retenidos en centros para extranjeros, que no son deportados ni liberados a la espera de que firmen un contrato con el ministerio de Defensa.
En cuanto a las minorías étnicas, niega que exista una política oficial de reclutamiento de sus miembros, pero sí denuncia que están "muy desfavorecidas" y que son "muy vulnerables". La criminalización de su modo de vida tradicional –los encarcelamientos por cazar o pescar furtivamente–, la pobreza extrema, el paro o el alcoholismo son factores que conducen a estas comunidades hacia la elección a menudo forzada de ir al frente. En estas áreas deprimidas y alejadas del centro político, el malestar se hace más evidente. "A veces, en los obituarios de los soldados de Buriatia publicados en las redes sociales se puede observar una tendencia muy interesante: la gente expresa más a menudo que antes de estar contenta con el liderazgo militar ruso", destaca Viushkova.
Amenaza de extinción
Asimismo, se sienten amenazados por la extinción. "Estamos preocupados por nuestra supervivencia como nación", asegura la científica, que cifra en 450.000 los miembros de la etnia buriata. Más límite aún es la situación de las comunidades indígenas del norte de Rusia, que constan de unos pocos miles de individuos y tienen unos ratios alarmantes de mortalidad. "Cada persona cuenta [en estas tribus] y los hombres en edad laboral se supone que deberían estar teniendo hijos y preocupándose de sus familias, pero en vez de eso, les matan", reivindica.
"En Rusia, uno de los efectos secundarios de ser una persona indígena y no blanca es que tienes más probabilidades de morir en esta guerra", concluye Viushkova. Una guerra con sesgo de clase, de territorio y de etnia, sufrida por unos e ignorada por otros muchos, que ha dejado cientos de miles de muertos en este país (cerca de 180.000 confirmados, según laBBCyMediazona, con proyecciones de hasta 325.000) y cuyo final aún no se divisa después de 1.460 días.