Un tercio de la población mundial no se puede permitir una dieta saludable
El coste de una alimentación saludable ha aumentado un 25% en cuatro años
BarcelonaEl encarecimiento del coste de la vida continúa haciendo estragos en las economías domésticas y tiene un impacto dramático en el acceso de la población a la alimentación. Una de cada tres personas en el mundo no puede permitirse mantener una dieta saludable después de cubrir gastos básicos como la vivienda o el transporte. En concreto, 2.692 millones de personas –el 32,7% de la población global– se ven condenadas a una alimentación deficiente por motivos económicos.
Esta es la principal advertencia del informe anual de la Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que se ha publicado este martes. "Para la mayoría de las personas, la pregunta ya no es si hay comida, sino si se la pueden permitir", resumía el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola durante la presentación en Roma.
El coste de mantener una dieta saludable se ha disparado en los últimos años, sobre todo por el impacto que ha tenido la inflación en la cesta de la compra. Si en el año 2017 se calculaba que una alimentación equilibrada costaba 2,94 dólares (2,58 euros) por persona y día, en 2025 esta cifra se había disparado hasta los 4,28 dólares (3,75 euros). Se trata de un incremento de casi el 25% en solo cuatro años, un encarecimiento que se sitúa un 40% por encima del umbral de la pobreza extrema (fijado en 3 dólares al día).
"Esta es una de las grandes novedades", dice a el ARA el portavoz de Acción contra el Hambre, Pedro Javaloyes, que insiste en que "si no puedes alimentarte de manera sana, no puedes desarrollarte correctamente". Este problema no es exclusivo de los países empobrecidos. Hasta 750 millones de personas que viven en países de ingresos medios o altos tampoco tienen suficiente dinero para adquirir los alimentos de una dieta sana. En España el 12% de los hogares tienen dificultades para acceder a productos frescos, según datos de Acción contra el Hambre. "Cuando tienes un problema económico puedes prescindir de comprarte ropa o un elemento de consumo, pero no deberías prescindir de comer un alimento", asegura Javaloyes.
Pero, ¿por qué se ha vuelto tan cara la cesta de la compra? El estudio analiza el coste de la llamada Cesta de Dieta Saludable –diseñada para aportar 2.330 kilocalorías diarias basadas en principios de adecuación, equilibrio, diversidad y moderación– y concluye que la mayor parte del precio no proviene del productor. Hasta un 75% del coste final que paga el consumidor en el supermercado responde a los procesos posteriores a la producción agrícola, como el transporte, el procesamiento y la logística. Además, hay un desequilibrio notorio entre el valor nutricional y el económico: los productos de origen animal, las frutas y las verduras representan casi el 70% del precio total de la dieta, aunque no aportan la mayoría de las calorías.
El hambre, una cuestión de voluntad política
Con todo, la tendencia es positiva. El número total de personas que no pueden pagar una dieta saludable ha bajado ligeramente en los últimos años en todas las regiones del mundo excepto en África. El informe estima que el 7,8% de la población mundial sufrió hambre en 2025 (645 millones de personas), una cifra inferior al 8,1% de 2024, cuando eran 659 millones. Todo ello confirma una mejora sostenida que demuestra que es posible reducir el hambre. "Acabar con el hambre es una cuestión de voluntad política", defiende Javaloyes.
África es la región donde la situación es más dramática. Ha superado a Asia como el continente donde hay más personas que pasan hambre (309 millones respecto a 292 millones), y dos de cada tres personas (el 66,6% de la población) no tienen suficientes recursos para tener una dieta sana.
Ante este escenario, el director general de la FAO ha exhortado a los políticos a reaccionar para proteger a las personas más vulnerables. "Estas cifras son importantes porque demuestran que el hambre no es inevitable –ha defendido QU Dongyu–. Con políticas económicas sólidas, protección social e inversiones sostenidas en sistemas agroalimentarios más eficientes, más inclusivos, más resilientes y más sostenibles, podemos doblegar la curva del hambre". Para conseguirlo, la FAO reivindica la necesidad de mantener los mercados de alimentos y de energía abiertos y de facilitar a los agricultores el acceso a los fertilizantes, las semillas, el agua y también a créditos.
Crisis en Oriente Medio
En paralelo a los datos, los autores del informe han hecho un llamamiento a prepararnos para futuros shocks alimentarios, como el que hemos vivido los últimos meses derivado del conflicto en Oriente Medio. La guerra en Irán –que ha hecho subir el precio de la energía y los fertilizantes– ha tenido un impacto tan grande en la alimentación que la FAO ha tenido que revisar sus previsiones: si se preveía que 503 millones de personas aún sufrirían hambre en 2030, ahora esta línea se sitúa entre los 510 y los 520 millones, dependiendo de la duración de la crisis inflacionaria. Este escenario, señalan, podría agravarse aún más si se confirman los efectos de fenómenos meteorológicos extremos o si se mantienen los recortes en la financiación de la ayuda humanitaria –impulsada por Estados Unidos–, cuyo presupuesto ha disminuido un 36% desde 2022.
Finalmente, el informe documenta de manera detallada cómo los conflictos armados están provocando situaciones de hambre extrema y destruyendo el derecho a la alimentación. Señala que en 2025 se confirmó oficialmente la situación de hambre en partes de la Franja de Gaza y en Sudán, un hecho inédito desde que se empezó a utilizar el sistema de informes IPC, y también destaca que el 100% de la población analizada en Gaza sufrió niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda en 2025. "El grado máximo de hambre declarado en Gaza y en Sudán es muy poco habitual, se declara una vez cada 10 o 15 años", dice el portavoz de Acción contra el Hambre. Así, los autores aportan datos que demuestran que los conflictos actuales utilizan la privación de alimentos como una consecuencia directa de las operaciones militares y concluyen que la profundización de las crisis humanitarias "amenaza el derecho a una alimentación adecuada en muchos lugares del mundo".